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Otra avenida que espera

El acuerdo concretado entre la municipalidad santarroseña y su similar de Toay con el propósito de aunar los criterios de circulación en la avenida que une ambas localidades, se ha constituido en un buen ejemplo en cuanto a la solución de un problema bilateral.
Por cierto que resultaba sorprendente, y hasta absurdo, observar que, entre otros, un componente tan importante de la circulación como lo es la velocidad, variaba al cambiar de jurisdicción, sobre todo si se considera que son muchos los residentes en el área toayense que viajan a sus trabajos en Santa Rosa. La decisión de armonizar las condiciones del tránsito no necesita demasiados argumentos; basta ver los muy numerosos accidentes ocurridos en esa arteria ocasionados, principalmente, por exceso de velocidad.
En lo que concierne específicamente a Santa Rosa medidas similares deberían ser aplicadas también en otras partes de la ciudad, entre ellas la avenida de circunvalación. Esa arteria, que fue pensada como una solución, pasó a convertirse en un problema el cual, a medida que pasa el tiempo, reviste mayor seriedad.
Tres son las deficiencias de la avenida que circunvala a esta capital y que han ido creciendo junto con la ciudad que se ha desarrollado a su vera: primero, la falta de adecuados lugares de cruce; segundo, el ruido que se incrementó a niveles casi intolerables con la construcción del muro de cemento central; y tercero, las condiciones del tránsito en sí mismo. Según coinciden varios vecinos una estimación prudente del paso durante las horas pico daría que circulan por la avenida poco más de 300 vehículos por hora, por lo tanto a lo largo del día esa cifra asciende a varios miles. A esta circunstancia hay que añadirle dos más: la gran cantidad de conductores que aceleran en forma desmedida sus automóviles para «adelantarse» al semáforo y lograr pasar con la ansiada luz verde. En muchos casos no lo logran pero, en lugar de detener su marcha, deciden pasar con luz roja. De hecho estas frecuentes violaciones a una norma de tránsito tan clara es motivo de continuos accidentes, muchos de ellos fatales.
A todo ello se suma otro problema: la muy nutrida circulación de camiones. En lo que se refiere específicamente a estos vehículos de gran porte lo más peligroso es que al menos una decena de los que transitan diariamente por la circunvalación transportan materiales inflamables altamente peligrosos. Muchos de esos vehículos circulan, además, excediendo las velocidades permitidas, con lo cual se aumentan considerablemente las probabilidades de accidentes. No faltan antecedentes en el mundo, lo cual debería alertar especialmente a los responsables de los controles.
Vecinos que tienen sus viviendas sobre la circunvalación alegan que hace al menos dos años que el problema fue planteado ante las autoridades municipales, pero hasta ahora los resultados han sido nulos. Cierto que una nueva vía más apartada y que también circunvale a la ciudad resolvería los problemas pero, al menos hasta ahora, solamente se trata de proyectos. Lo que aguardan los vecinos es que la comuna emprenda acciones serias y efectivas como las llevadas a cabo en la avenida Perón.