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Otra ofensiva mendocina

En una actitud que puede interpretarse como de continuidad con la política pasada y anticipo a la que vendrá, la plana mayor de funcionarios mendocinos relacionados con el manejo del agua dio a conocer una serie de proyectos refirmatorios de una vieja actitud cuyana: el aprovechamiento de los recursos hídricos que pasan por su territorio, sin que importe la consecuente carencia en quienes están aguas abajo. Esa política hídrica (nada novedosa pero de una agresividad que obliga a pensar en la proyección de esas declaraciones) fue realizada en el marco de un foro hidroeléctrico llevado a cabo en la capital mendocina.
Lo singular y a la vez alarmante de la reunión es que en la intención cuyana campea un olímpico desprecio por cualquier iniciativa que implique considerar la necesidad de compartir los recursos hídricos. Una funcionaria nacional de mediano rango presente en el lugar, avaló con su silencio semejante postura sin presentar objeción alguna. Los fines explícitos del simposio se tradujeron en palabras de un alto funcionario al expresar: «queremos recuperar una política energética que le trajo muchos y buenos resultados a Mendoza, ya que le permitió iniciar un nuevo proyecto hidroeléctrico cada cinco años. Pretendemos que Portezuelo del Viento será el primero de una serie de diques y por eso estamos trabajando en el proyecto de El Baqueano».
Tamaña afirmación conlleva al menos tres aspectos discutibles y riesgosos, tanto para La Pampa como para otras provincias: el primero de ellos es ignorar lo que determinó la Corte Suprema de Justicia en cuanto a la integralidad de la cuenca Desaguadero-Salado-Chadileuvú-Curacó. El segundo, refuerzo del primero, es otorgarle carácter de inminente a la puesta en marcha de proyectos ya definidos sobre esa cuenca. Y el tercero, que se vincula estrechamente con Portezuelo del Viento, implica dejar de lado las serias objeciones contra esa obra por parte de las provincias que integran la cuenca del río Colorado, insinuando además otros aprovechamientos sobre el mismo curso. «Un dique cada cinco o seis años», fue la inquietante generalización que sintetizó el foro.En las declaraciones es fácil advertir la intransigencia mendocina en cuanto a un enfoque global del tema; también su ya conocida contumacia ante las consecuencias para con las restantes jurisdicciones. El inminente cambio de gobierno nacional aparece como una ocasión para ordenar de una buena vez y para siempre este conflicto que afecta como ningún otro las relaciones entre dos Estados provinciales argentinos.
La indiscutible vigencia de este antiguo litigio concierne tanto a la justicia de los reclamos pampeanos como al proyecto de recuperación del país, un tema que se puso sobre la mesa de debate en esta campaña electoral.
En pocas semanas más podremos ver si se empieza a avanzar o no en el camino que debería conducir a corregir tantas décadas de frustraciones pampeanas a causa de la prepotencia de un Estado provincial como el mendocino que se ha comportado como el dueño exclusivo de los recursos hídricos interprovinciales.