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Otra oportunidad para el Estado

La licitación declarada desierta por ausencia de ofertas para cubrir el servicio de ómnibus entre Santa Rosa y Toay habla de la magnitud de la crisis que está provocando la pandemia de Covid-19. Se trata de una antigua línea de transporte, considerada superavitaria por las prestatarias, que frente a la gran caída de usuarios dejó de ser atractiva para las empresas del ramo. Con el inicio de las clases presenciales en veremos, con la concurrencia de trabajadores de la administración pública muy menguada, con la bajante general de la actividad económica y con la incertidumbre que han instalado los atrasos de las partidas de vacunas contra el coronavirus en la provincia, el país y el mundo, no hay empresario dispuesto a lanzarse a lo que aparece como una aventura de alto riesgo.
Sin embargo, ironías del destino, lo que en otra gestión municipal hubiera provocado un cimbronazo -los santarroseños hemos vivido más de una de estas «crisis» en el sistema de transporte local-, esta vez el contratiempo aparece como una oportunidad para lanzar un anuncio de alto impacto. A través de un acuerdo entre los gobiernos comunal y provincial, destinado a comprar 28 ómnibus, va tomando cuerpo la idea de municipalizar esta línea que hoy la actividad privada no está en condiciones de afrontar.
Es evidente que lo que sucedió con el transporte urbano de pasajeros en la capital pampeana aparece como un antecedente muy favorable. Debe recordarse que ese paso decisivo tuvo lugar a apenas dos meses de declarada la pandemia y la consecuente cuarentena nacional, y contó con el apoyo de la oposición en el Concejo Deliberante, del sindicato que nuclea a los trabajadores del sector y de los usuarios que por distintas vías dieron a conocer su adhesión. La deficiente prestación del servicio por parte de la empresa que tenía a cargo la concesión fue determinante a la hora de adoptar la medida, pero eso no debe quitar mérito a la determinación de las autoridades comunales que se decidieron por un camino que había sido desechado incontables veces por sus antecesores: la municipalización del transporte.
Hoy esta alternativa resurge para un servicio interurbano y es una nueva oportunidad para mostrar que el Estado puede afrontar estos desafíos si hay voluntad política y buena capacidad de gestión. Ambos términos son imprescindibles, porque la ausencia de uno de ellos puede hacer naufragar las mejores intenciones.
La actual gestión comunal comenzó su segundo año de mandato con un buen ritmo de obra pública -como hacía mucho tiempo no se veía en la ciudad-, aunque también con fuego cruzado desde la trinchera adversaria. El intendente anterior y concejales de la oposición insisten en atribuirle responsabilidades por la ausencia del Plan Director. Por otro lado, algunos ocupantes de tierras que exigen una inmediata solución a la carencia de viviendas, han redoblado sus reclamos, e incluso ocuparon el edificio municipal. Es una situación delicada que demanda un manejo cauteloso, porque forma parte de la pesada herencia que dejó el macrismo con sus cuatro años de sequía habitacional. Las víctimas del modelo neoliberal deben ser atendidas, pero no al precio de ceder terrenos inundables.