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Otra vez con la propuesta delirante

En los últimos tiempos las oscilaciones de ciertos integrantes de la dirigencia política mendocina mueven a la meditación, la inquietud o la risa. ¿Puede un político avezado buscar su propio desprestigio a través del absurdo de lanzar una propuesta de separar a su provincia de la Nación argentina? Esa, sin embargo, fue la amenaza del exgobernador cuyano Alfredo Cornejo, que en una reciente entrevista volvió a insistir con que «cada vez tiene más sentido la idea de separarse del país».
Semejante delirio, que ya había adelantado en 2019, pudo haber sido una forma, por cierto que torpe, de presionar al gobierno nacional en busca de modificar algunas posturas igualitarias para con otros estados provinciales, que Cornejo estima perjudiciales para Mendoza, o acaso una forma de mostrar la desorientación que invade al hombre, antiguo aliado del macrismo.
¿Creerá por ventura en lo que dice? No se necesita demasiada perspicacia para comprender que, en el supuesto de concretar semejante amenaza, al margen de la oposición de todas las fuerzas del resto del país, Mendoza no sobreviviría un mes a la aventura secesionista.
Pero ahora se sumó otra voz a este griterío desafinado. Un diputado nacional mendocino, José Luis Ramón, dio a conocer una propuesta insólita: plebiscitar la idea y que sea la ciudadanía de su provincia la que decida si quiere o no separarse del Estado nacional. Lo hizo en un tono pretendidamente irónico aunque debe decirse que no logró el efecto deseado. Igualmente, de ambas intervenciones se desprende que la provincia cuyana, al parecer, no tiene otros problemas más graves y urgentes a los cuales atender en el debate político.
El tono de esta segunda intervención impide conocer a ciencia cierta si se trata de una jugada en sincronía con el exgobernador, para darle mayor trascendencia y fuerza a la propuesta, o si el diputado sale «a torear» al presidente del alicaído radicalismo nacional, procurando ganar espacio político para su postura. Cualquiera de las dos posibilidades cuenta con asidero, especialmente si se considera que, si bien el legislador ataca a «los dueños de la provincia» al decir que «tienen que dejar de hablar por la ciudadanía de a pie y enfrentarse a la decisión que tome el pueblo soberano», también asegura «estar convencido de que el ser mendocino es una identidad por sí misma», aunque ese impulso independentista «se contiene sobre las bases del patriotismo nacional».
Aunque remanido el argumento de la identidad provincial, bien valdría para al menos otra media docena de provincias que sin embargo lejos están de hablar de secesión. Y remata el legislador: «las opciones con las que se encontraría el votante definirían la salida o permanencia de Mendoza en el país: Ser argentino / Dejar de ser».
Desde nuestra provincia, estos fuegos de artificio se observan como formando parte de las estrategias distractivas a las que suele apelar la clase política mendocina cada vez que se menciona la problemática del agua. Tanto el robo del río Atuel como el aprovechamiento del Colorado hoy están fuertemente instalados en la agenda política, lo cual no es del agrado del establishment cuyano.