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Otra vez el Senado define sobre el aborto

¿SERA LEY?

Luego de obtener la media sanción en Diputados, esta madrugada el Senado votaba finalmente el proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo. La paridad inicial fue cediendo a favor de su aprobación, pese a la oposición de la Iglesia, en la figura del Papa Francisco.
IRINA SANTESTEBAN
Con mayor entusiasmo y masividad de los pañuelos verdes, ayer en la Plaza de los Dos Congresos, comenzó la vigilia a la espera de la votación de los senadores y las senadoras, del proyecto de ley enviado por el Poder Ejecutivo al Congreso a fines de noviembre. Hace sólo 3 semanas, la Cámara de Diputados aprobó dicha iniciativa, dando media sanción por 131 votos contra 117.
Luego del debate en comisiones, donde se escucharon opiniones expertas y científicas a favor y en contra del proyecto, tal como sucediera en Diputados, los números en el Senado se mantuvieron muy parejos hasta el momento mismo del debate en el recinto.

Iglesias en contra.
Es conocida la posición contraria al aborto de las iglesias, no sólo la católica, pero en el caso de esta última, ha sido quien ha liderado en nuestro país, durante las últimas décadas, toda iniciativa parlamentaria dirigida a legislar sobre cuestiones tan importantes para los derechos de las mujeres, como la educación sexual integral (ESI) en las escuelas o las políticas públicas de salud sexual y reproductiva. Y también contra los proyectos que legislaron sobre derechos de las minorías sexuales como el matrimonio igualitario o la identidad de género. Todas estas eran leyes progresistas, que pusieron a la Argentina a la vanguardia mundial en cuanto al reconocimiento de derechos.
Las iglesias no sólo se oponen a la interrupción del embarazo, bajo la falsa premisa de «salvar las dos vidas» (aunque después la realidad nos muestra que no se salva ninguna de las dos), sino que se han opuesto a que los niños y las niñas aprendan en la escuela cómo evitar los abusos infantiles, que es uno de los objetivos más importantes de la ESI. Amparos judiciales iniciados por asociaciones religiosas, han obstaculizado durante años la provisión de métodos anticonceptivos en los dispensarios de salud pública, que claramente perjudican a las mujeres de los sectores populares. Esas mismas mujeres son las que luego se ven obligadas a recurrir a la práctica de abortos en condiciones inseguras, con peligro para su salud y sus vidas.

«Niño descartado».
Ayer el Papa volvió a ratificar esa posición contraria a los derechos de las mujeres. A pesar de sus posiciones progresistas en otras materias, como la pobreza, el desempleo, o el acceso a la tierra, en este tema mantiene la posición conservadora que ha caracterizado a la iglesia que tiene su centro en Roma. Coherente con esa postura, la Iglesia que conduce discrimina a las mujeres en su propio seno, ya que no pueden otorgar los sacramentos religiosos, no pueden ser sacerdotisas, ni cardenales ni, mucho menos, ser papisas.
Francisco aludió al debate en Argentina sobre el aborto, recurriendo al mensaje navideño. Dijo que «El Hijo de Dios nació descartado para decirnos que toda persona descartada es un hijo de Dios». Sin embargo, según el relato religioso, Jesús nació, y no hay ningún párrafo en los Evangelios que haga referencia a que María haya querido abortar su embarazo. En todo caso, habrá sido un niño que nació en un hogar muy pobre, pero con una madre y un padre que lo desearon y lo tuvieron. Nada que ver con lo que se intenta evitar con la ley de interrupción del embarazo, que son los abortos clandestinos, los embarazos no deseados o que son fruto de abusos. No se trata de «descartar» niños porque la ley prevé que el aborto se podrá realizar hasta la semana 14 de gestación, salvo que el mismo sea producto de un violación, sin límite de tiempo, lo cual es correcto también.
Ni una palabra en el mensaje del Papa en relación a las mujeres que mueren por abortos clandestinos, ni sobre los abusos sexuales que causan embarazos en niñas y adolescentes, obligadas a parir cuando el Estado no se hace cargo e incumple con los protocolos para los abortos no punibles.
Si tanto le preocupa lo que se debate en Argentina, podría haber venido y dar su mensaje en lugar de hacerlo por Twitter. Fue electo Papa en 2013, en un pequeño cónclave de cardenales hombres y en más de siete años no visitó ni una sola vez a su país.

Basta de hipocresía.
El debate llegó al Congreso argentino en 2018, de la mano de la enorme marea verde que inundó las calles y las plazas. Esa movilización unió a las mujeres que desde hace décadas luchaban en soledad por el derecho al aborto, con las jóvenes que hoy ganaron el espacio público con sus pañuelos verdes. Gracias a esa lucha del movimiento de mujeres, el aborto ha dejado de ser un tema tabú, para formar parte de los debates cotidianos.
Tiene razón el presidente Alberto Fernández cuando dice que en el tema del aborto «hay mucha hipocresía», pues muchos y muchas de quienes se oponen a esta ley, seguramente han recurrido a esa práctica, en condiciones sanitarias, cuando les fue «cómodo» hacerlo para evitar un embarazo no deseado. Posibilidad que no tienen miles de mujeres que deben hacerlo en la clandestinidad y con peligro para sus vidas, por no tener los recursos económicos para poder realizarlo de manera segura.
El senador por Misiones dijo ayer que en su provincia, el 70% de las adolescentes menores de 19 años declaró en el post parto que su embarazo era «no deseado». ¿Hasta cuándo vamos a tener que soportar que nuestras niñas sean obligadas a parir, porque un sistema hipócrita no les permite el acceso a una práctica que sí tienen quienes pueden pagarla?
Al cierre de esta nota, los senadores y las senadoras seguían exponiendo y la votación se preveía para la madrugada, cuando ya esta edición del diario esté impresa.
Es muy probable que sea ley, y habrá gran alegría entre los pañuelos verdes. No lo sabemos a ciencia cierta. Hay bastante paridad, lo que muestra lo retrasado que está el Poder Legislativo respecto a este y otros derechos. De todos modos, lo bueno es que no es un tema partidario sino que corta en forma transversal a muchas bancadas, pese al núcleo duro del discurso religioso, algo que debería quedar reservado a la creencia de cada persona, pero no entrometerse en las cuestiones del Estado.
Ojalá sea ley porque -tal como lo plantea la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito -, no se trata de «aborto sí o no», sino de «aborto seguro o aborto clandestino».
Tal como ocurriera en 2018, cuando no fue aprobado en la Cámara Alta y la lucha siguió incansable hasta lograr su tratamiento dos años después, ahora, aún cuando se votara favorablemente, también habrá que seguirla. Para que se aplique efectivamente, para que no la frenen los «objetores de conciencia», ni médicos ni dueños de clínicas privadas y centros de salud. Y para que la maternidad sea, de una vez por todas, algo deseado por las mujeres y personas gestantes.