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Otra vez la extorsión policial

El levantamiento de la Policía de la Provincia de Buenos Aires tuvo en vilo a los argentinos. Una fuerza de seguridad armada de casi cien mil efectivos, que se alza contra un gobierno legítimo, en pleno pico de la pandemia de Covid-19 y con movilizaciones que incluso llegaron a rodear la Quinta Presidencial de Olivos, activó la alarma de una sociedad que tiene muy fresca en su memoria aquella asonada de diciembre de 2013 cuando se amotinaron las policías provinciales de casi todo el país.
La excusa fue un reclamo salarial. Los voceros que surgieron en los grupos, algunos activos y muchos retirados y hasta exonerados, expresaron que padecían un atraso en sus haberes del 30 por ciento. De inmediato, algunos periodistas que no pertenecen a los grupos mediáticos concentrados, brindaron una información muy oportuna: la pérdida del poder adquisitivo de la Policía bonaerense en los cuatro años de gobierno de María Eugenia Vidal, acumuló, exactamente, el mismo porcentaje reclamado por los uniformados. Es decir, los policías le hicieron un paro con movilizaciones y consignas en extremo agresivas al gobierno de Axel Kicillof por una caída salarial causada por su antecesora. Lo más sugestivo es que, a pesar de esa realidad incontrastable, ninguna manifestación tuvo lugar contra el gobierno de Cambiemos, menos todavía una asonada tan brutal, con marcha hacia Olivos incluida, como la que se vivió por estas horas.
Un párrafo aparte merece la reacción del arco político. Desde la oposición los mensajes no tuvieron la contundencia que cabría esperar ante una rebelión del mayor cuerpo policial del país. El silencio de Mauricio Macri y de María Eugenia Vidal fue atronador. En tanto, Patricia Bullrich no condenó la extorsión policial y en cambio le exigió respuestas al gobierno. Otros dirigentes de Juntos por el Cambio optaron por la ambigüedad y unos pocos rechazaron la protesta. El colmo del descaro llegó de algunos otros referentes opositores que, sin una pizca de autocrítica, defendieron el reclamo salarial y llegaron al extremo de cuestionar al actual gobierno, olvidando que, como se dijo, fue bajo en el cuatrienio de Cambiemos que los policías vieron caer sus salarios en forma tan drástica.
Muchas otras aristas tuvo este levantamiento policial. La actuación de los grandes medios porteños no pasó desapercibida. Algunos de sus periodistas oficiaron, en la práctica, de voceros de los uniformados y aprovecharon para castigar al gobierno nacional y provincial en un momento de extrema tensión que exigía deponer diferencias en favor del estado de derecho. El anuncio presidencial que obró como respuesta al motín también fue criticado por la derecha política y mediática porque desactiva un privilegio que Mauricio Macri le otorgó a la Capital Federal en materia de coparticipación.
Ni siquiera la pandemia detiene a las fuerzas reaccionarias a la hora de embestir contra el gobierno del Frente de Todos, y lo hace sin reparar en métodos, como lo acaba de demostrar esta asonada policial. Ante los ataques no hay mejor respuesta que sostenerse en la firmeza y en respaldarse en las mayorías populares que son la base de sustentación del oficialismo.