Otra vez la resistencia

El fallo de la Corte que habilitó el denominado “dos por uno” a un represor de la última dictadura apunta a facilitar la liberación de centenares de condenados por delitos de lesa humanidad. Los organismos defensores de los derechos humanos junto a los sectores políticos y sociales que los acompañaron siempre no se han quedado en el repudio a la sentencia y ya comenzaron a movilizarse.
El retroceso que implica esta decisión -avalada por una ajustada mayoría de tres integrantes del tribunal frente a dos que se opusieron- puso en estado de alerta a todas las organizaciones de carácter político y social que han venido batallando desde la finalización de la dictadura cívico militar por la memoria, la verdad y la justicia. Las manifestaciones públicas ya comenzaron y con el correr de los días se sumarán nuevas convocatorias que, se descuenta, concentrarán multitudes en las calles. Como siempre, la mayor atención se centrará en lo que ocurra en Buenos Aires; la mayor densidad demográfica y mediática de la capital lo justifica. Pero la defensa de los derechos humanos es una bandera que atraviesa transversalmente a la sociedad y al territorio. No hay provincia, ciudad y hasta pueblo que no tenga tatuada la experiencia traumática del terrorismo de Estado en una parte considerable de sus habitantes. Y la memoria volverá a ser hoy el combustible de los muchos que no se resignan a vivir en un país colonizado por la banalidad y el pisoteo de la dignidad de las personas.
Que los condenados por cometer los crímenes más atroces salgan de sus prisiones y vuelvan a caminar por las calles es una ofensa para los familiares de las decenas de miles de torturados, asesinados, apropiados y desaparecidos. Pero también para las conciencias que desean vivir en un país en donde el respeto a los derechos humanos no sea otra promesa electoral arrojada a la basura. Si hay algo que nos destaca a los argentinos en todo el mundo es el haber logrado investigar, enjuiciar y condenar a los responsables de una dictadura sangrienta como pocas. Y se consiguió con la ley en la mano y tribunales ordinarios. Un caso único en todo el planeta por lo exhaustivo de las investigaciones y la cantidad de juicios realizados. Por eso este fallo de la Corte Suprema es indigno del arduo camino transitado, de los jueces y fiscales involucrados y, sobre todo, de los sobrevivientes que enfrentaron cara a cara a sus verdugos con entereza sin par en cada audiencia, en cada tribunal para brindar sus testimonios de valor incalculable a la hora de establecer las responsabilidades penales de los genocidas.
La movilización social, las apelaciones a tribunales internacionales y el pedido de juicio político a los tres cortesanos que firmaron tan ominosa sentencia es el camino que comenzó a trazarse en estos días. Las entidades comprometidas con la defensa de los derechos humanos saben que tienen el acompañamiento de una sólida mayoría de la sociedad, y que la lucha por la justicia, tan vieja como el mundo, es el mejor estímulo para resistir estos avances de la restauración conservadora.