Otra vez las cooperativas

Las cooperativas vuelven a demostrar una vez más por qué son diferentes a las grandes compañías privatizadas. Las empresas solidarias se diferencian de las de capital de lucro no solo por su integración social, su vida democrática interna y porque no tienen a la ganancia como objetivo principal, sino porque además defienden a sus usuarios cuando se instalan políticas económicas agresivas contra los bolsillos populares como hoy está sucediendo con el macrismo instalado en la Casa Rosada.
El movimiento cooperativo pampeano y nacional se encuentra hoy en plena efervescencia a partir del último tarifazo del 55 por ciento a la energía eléctrica que impuso el gobierno central. Tanto en nuestra provincia como en todo el país, las entidades solidarias y sus instituciones representativas están intentando resistir esta nueva agresión contra las economías familiares, algo impensable en las grandes empresas privadas que intervienen en el sector cuya única finalidad y razón de ser es la obtención de enormes utilidades para sus accionistas.
Días atrás la CPE santarroseña se reunió con funcionarios del gobierno provincial para plantearle una estrategia de resistencia al nuevo aumento tarifario que podría incluir la vía judicial. Por su parte la Fepamco, como federación que nuclea a las entidades solidarias de la provincia, está realizando acciones similares y elevó un informe sobre la situación que hoy padecen las cooperativas con una considerable caída en la recaudación y grandes destrozos en su infraestructura a causa de los violentos temporales que están azotando la provincia en esta temporada estival.
A nivel nacional, la FACE (Federación Argentina de Cooperativas Eléctricas) está involucrada activamente en una campaña de esclarecimiento para intentar resistir este nuevo tarifazo y concientizar a la población acerca de la grave situación que atraviesan las entidades solidarias afectadas por el aumento de la morosidad.
Entre los reclamos que se escuchan desde el movimiento cooperativo de todo el país hay uno que hoy adquiere especial relevancia. Es el desigual trato que el gobierno dispensa a las empresas privadas por un lado y a las cooperativas por el otro, con claros beneficios para las primeras a quienes les ha perdonado deudas millonarias mientras a las segundas les aplica un régimen de extrema dureza.
Ayuda a entender esta discriminación si recordamos que el principal accionista de Edenor es el magnate inglés Joseph Lewis, y su similar de Edesur es Nicolás Caputo. Ambos son amigos personales del presidente. En cambio, los dueños de las cooperativas son sus propios usuarios quienes no poseen derecho de admisión, ni remotamente, en el selectísimo club privado que recibe enormes beneficios económicos de este gobierno de CEOs.
Con sus fuertes protestas y campañas las cooperativas no solo demuestran una vez más su sólido compromiso con los sectores populares sino que, además y no menos importante, ponen de manifiesto el carácter de clase de este gobierno que viene mostrando con creces, desde que llegó al poder, que su única preocupación es maximizar las ganancias de las corporaciones más poderosas del país.