Otra vez toques de Durán Barba para “humanizar” a Macri

LA SEMANA POLÍTICA

Emilio Marín – Las aristas neoliberales de Macri lastiman a millones de argentinos. Y eso puede ser problemático desde el punto de vista político y electoral. Por eso reaparecen montajes mediáticos para darle un toque más popular.
Los montajes mediáticos no explican la llegada de Mauricio Macri al gobierno, pero tuvieron que ver. Lo cierto es que logró armar una coalición opositora para explotar los problemas reales -agrandados por su propaganda y de los monopolios mediáticos amigos- que arrastraba el gobierno de Cristina Fernández. Las denuncias del macrismo y su demanda de “cambio” se basaba en algunos hechos ciertos, como recientemente se pudo observar en cámara con los bolsos de José López con plata presumiblemente de coimas.
De todos modos, la llegada a Balcarce 50 de un personaje como Macri, no exento personal y familiarmente de procesamientos por evasión y contrabando, fue ayudada por trucos de imagen y discurso aportados por su gurú Durán Barba.
Fueron aspectos colaterales, pero ayudaron a la victoria. Lo ponían al millonario de cara a cámara sin corbata, le aconsejaban contar había estado con María y José sobre lo que pasaba en su barrio, sonaban en los actos del PRO temas populares como Arde la ciudad o No me arrepiento de este amor, de la Mancha de Rolando y Gilda.
Y ya en campaña propiamente dicha le hacían repetir el eslogan de la pobreza cero, la lucha contra el narcotráfico y la unidad de los argentinos. Y así el ex vicepresidente de Sevel y del Correo privatizado, un cheto millonario de Las Cañitas y con empresas off-shore, parecía un porteño más, completando el iniciático baño de pueblo recibido con su paso por la presidencia de Boca.
Ahora recrudecieron las operaciones mediáticas pergeñadas por el ecuatoriano. A saber, las timbreadas en calles convenidas con punteros del PRO, simulando diálogo con los vecinos; el beso familiero con Juliana Awada tras la intervención en la Asamblea de la ONU y un publicitado viaje de 10 cuadras en un colectivo de la 520 en el municipio de Pilar.
Sobre ese último montaje, las fotos mostraron que todo fue preparado, con el chofer avisado a las 3 de la mañana del viaje que tenía que hacer y con la escolta armada de presidencia resguardando la escena. Macri subestima a la población. Si nunca viajó en colectivo, ni tarjeta SUBE debe tener…
Lo interesante es preguntarse por qué vuelve el estilo Durán Barba. La idea del cronista es que desde el acto masivo de las CGT y CTA del 29 de abril pasado, comenzó a crecer la crítica al gobierno. Con buen olfato de clase se lo consideró una suerte de “Hood Robin”, que saca a los pobres para darles a los ricos. La dureza del ajuste y sus secuelas de pobreza, desocupación y recesión, fue carcomiendo su popularidad. Entonces aparece la propaganda para tratar de reponer a Macri como Robin Hood y emparejarla con la imagen de Hada Buena de María Eugenia Vidal.
No es el único que lo hace. El aspirante peronista Juan M. Urtubey y su mediático casamiento con Isabel Macedo pareció salido del guión ecuatoriano, aunque no haya sido así. Daniel Awada, hermana de Juliana, presentó meses atrás a los novios y ayer fue testigo de casamiento. Gabriela Michetti, Rogelio Frigerio y Federico Pinedo, estuvieron entre los 400 invitados. Todo tiene que ver con todo.

Paro sin fecha.
Sesionó el Comité Central Confederal de la CGT, unificada en sus mayores fracciones en reunión similar de agosto pasado. Y los más de 243 representantes de un amplio arco de sindicatos, incluyendo de la Corriente Federal que no había aceptado cargos en aquel congreso (Bancarios, Federación Gráfica, etc.), se pusieron de acuerdo en votar por un paro general.
En ese sentido la CGT mostró los dientes al gobierno, tras considerar que la mayoría de las medidas habidas desde el 10 de diciembre habían sido lesivas a los asalariados. En un giro del discurso habitual de estos sindicalistas, quizás receptando cierta influencia del Papa, en esas reivindicaciones también le hicieron un lugar a las propias de los jubilados, trabajadores informales y desocupados.
Pero ese CCC no fijó la fecha de la huelga ni su modalidad, o sea que en ese aspecto si bien mostró los dientes al oficialismo no lo mordió.
Es que una cosa es una medida de fuerza nacional ahora, en las próximas semanas, o incluso antes, como lo ameritaba la brutalidad del ajuste y los tarifazos del gas, y otra diferente es postergarla para octubre o noviembre. Esas dilaciones dan oxígeno al gobierno, que entre tanto sigue apretando con su plan a tono con demandas de los monopolios.
Además no será lo mismo un paro activo, con movilizaciones, que otro de 24 horas, de los vulgarmente llamados “materos”. Esta última modalidad sería la que más convendría al presidente, como para explicar que las críticas a su modelo no son tan masivas sino que quienes querían ir a trabajar no tuvieron transporte.
De allí que los sectores más enfrentados al modelo neoliberal plantean la inmediatez de la huelga nacional, su carácter activo y la continuidad de un plan de lucha, para que no sea una medida aislada.
Esos puntos de vista van mucho más allá de lo que están dispuestos a hacer los miembros del triunvirato cegetista. Juan Carlos Schmid, Carlos Acuña y Héctor Daher, sobre todo los dos últimos, que responden políticamente a Sergio Massa, no quieren hacer demasiadas olas. En línea con su jefe político, hoy quieren darle a Macri un leve tirón de orejas.
Al margen de esos cálculos políticos, la vida de los argentinos de a pie sigue siendo muy dificultosa, como lo puso de relieve el informe del Indec sobre la caída del 3,4 por ciento del Producto Bruto Industrial en el segundo trimestre del año, en cotejo con igual período del año anterior. La baja en el segmento industrial duplica ese promedio y la de la construcción más que la triplica.
Según el Centro de Estudios Políticos Argentinos (CEPA) los desocupados y suspendidos ya son 208.000 durante la gestión actual. En esa gente, donde el ajuste pegó de frente, la demanda de un paro general es mucho más urgente que en los tiempos estirados por el triunvirato. Si la sensibilidad de la nueva CGT fuera la de antaño de los “Gordos”, entre las bases y Azopardo aumentará la distancia. Y en esa grieta pueden crecer expresiones sindicales más combativas como las dos CTA, la Corriente Federal y otras.

Lejos de Malvinas.
Mucho se ha hablado, también en esta columna, de tantos aspectos negativos del viaje y discursos del presidente antes y en la propia Asamblea General de la ONU en Nueva York.
En particular, se puso el acento crítico en el aval que dio al sentido claudicante del comunicado firmado por la canciller Susana Malcorra con el vicecanciller británico Alan Duncan en Buenos Aires. Ese documento conjunto planteó remover todos los obstáculos al comercio, navegación, turismo e hidrocarburos en la relación bilateral, sin darle un lugar destacado ni condicionar aquel mejoramiento al inicio del debate sobre la soberanía de Malvinas.
Si Malcorra firmó algo que sonó a un compromiso poco malvinero sin nada a cambio -no en dinero sino en lo referido a soberanía-, el presidente la superó en torpeza. Es que además de repetir la oferta amistosa sin soberanía a cambio, en la Asamblea, luego cambió unas palabras con la premier británica Theresa May y dijo a la prensa que ésta había aceptado comenzar a conversar sobre todos los temas, incluida la soberanía. Allí la que tuvo que hacer de bombera para apagar los fuegos de una declaración cuanto menos inexacta fue la canciller.
May y el Foreing Office no tienen ningún interés en explotar esos papelones de Macri y el Palacio San Martín, antes bien los consideran sus amigos y futuros socios menores en los negocios de la explotación ictícola y petrolera. Eso, además de asegurarse buenos dividendos en sus inversiones de Argentina continental, como los que llevan viento en popa empresas como Shell.
Volviendo a la gira de Macri hay que decir que el único gesto de cierta audacia fue luego de haber compartido panel con Bill Clinton y el premier italiano Mateo Renzi, en una fundación del ex presidente demócrata. En ese marco dejó trascender su preferencia por la candidata Hillary Clinton de cara a las elecciones norteamericanas del 8 de noviembre, lo que no debe haber sido bien recibido por su ex potencial socio en negocios inmobiliarios neoyorquinos, Donald Trump.
Esa incursión por Nueva York dejó inconformes a las direcciones sionistas de la Daia y Amia, quejosas de que Macri no incriminara con nombre y apellido a Irán por los dos atentados que les endilgan sin pruebas. Podría decirse de esas entidades que no hay nada que les venga bien. Si Néstor Kirchner y CFK criticaban a Irán, estaba bien pero querían más. Cuando la ex presidenta firmó un Memorándum, se ganó el odio y la promoción de denuncias disparatadas como la de Alberto Nisman. Y si el actual presidente menciona los atentados de 1992 y 1994 pero no culpa directamente a Teherán, le pasan factura. Ellos sólo se sienten representados por el guerrerista Benjamin Netanyahu y sus amenazas a Irán. Aunque los directivos de Daia y Amia vivan en Villa Crespo, opinan y hacen lobby como si fueran del padrón de Tel Aviv. Las Malvinas no les importan, sólo quieren que los misiles vuelen de una vez sobre Teherán. Están en eso más cerca de Trump que de Clinton.

Compartir