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Otra vez un femicidio

Un nuevo femicidio sacude a la sociedad piquense por estas horas. Como ayer Carla Figueroa y Sofía Viale, hoy es Valeria Coggiola la que aparece nombrada en la crónica policial como víctima de un violento agresor que la ultimó de veinte puñaladas. Si bien se negó a declarar, todas las evidencias inculpan a Enzo Gauna, de 27 años, aficionado al boxeo y pareja de Coggiola.
Según se informó, Gauna no posee antecedentes policiales ni existió denuncia alguna por parte de su pareja, lo cual no significa ausencia de episodios violentos previos al desenlace fatal como se encargan de enfatizar quienes conocen en profundidad la problemática de la violencia de género.
En este caso es el alto nivel de ensañamiento lo que horroriza y el hecho, escalofriante, de que los hijos de la mujer se encontraban en la vivienda al momento de cometerse el brutal ataque con un arma blanca. A medida que transcurren las horas y se conocen nuevos detalles de este sangriento episodio crece el estupor y la indignación e infinidad de preguntas surcan el espacio social.
Quizás la más acuciante y la que se formula la mayoría de las personas sensibilizadas por estos casos es la que plantea por qué el Estado no puede anticiparse a estos asesinatos. No es una pregunta sencilla de responder porque, como suelen decir los especialistas en criminalística, el Código Penal no sirve para prevenir. El camino para responder a esa pregunta debería buscarse por el lado de la prevención, del aprendizaje y desaprendizaje indispensables para detectar y neutralizar las manifestaciones tempranas de la violencia de género.
Como los diversos contextos sociales son un fuerte condicionante frente a esta problemática es la escuela pública la que, otra vez, debe asumir un rol insustituible. Una reconocida especialista local, entrevistada por Radio Noticias, le otorgó un rol clave a la Educación Sexual Integral para afrontar, entre otros, el tema de la violencia de género.
Desmontar el mecanismo reproductor de este tipo de violencia no puede hacerse sin, a la vez, desmontar el patriarcado con su secuela de modelos, mandatos y prejuicios. En ese camino, largo y sinuoso, hay un mientras tanto que no puede soslayarse, que involucra tareas imperiosas. Las últimas estadísticas conocidas en el país indican un crecimiento de los femicidios en 2018 con respecto a 2017. El dato es decepcionante pero debería servir no para lamentarse sino para redoblar el compromiso contra esta llaga social.
En los meses por venir los pampeanos seguirán las vicisitudes del proceso judicial, que ya se inició, y se enterarán de los pormenores que rodearon este nuevo y brutal asesinato. Es harto seguro que, al igual que en los casos anteriores mencionados al inicio de esta columna, el autor recibirá una dura condena. Pero no deberían quedar satisfechas las ansias de justicia con ese desenlace. Más que una sentencia por un crimen la mayor aspiración debería ser profundizar en los mecanismos para reducir estos ataques mortales, tarea, como se dijo, nada fácil y que involucra en primer lugar al Estado pero también a otras instituciones sociales y a todas las personas que aspiran a vivir en una sociedad menos violenta.