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Otra voz disidente contra Portezuelo

Desde hace bastante tiempo, se sabe que en Mendoza existen grupos que no acuerdan con la política hídrica provincial, aunque los medios cuyanos no le han dado mayor trascendencia. Así, en comunicados y reuniones han divulgado (y a la vez reconocido) los derechos de La Pampa sobre el río Atuel, las negativas consecuencias hidrológicas y humanas de la presa Portezuelo del Viento o el sugestivo aumento de los costos de esa obra, así como las dudosas condiciones de licitación.
En ese escenario, aunque con algunas disidencias puntuales, ha salido a la palestra una voz muy autorizada: la de un exrector de la Universidad Nacional de Cuyo, quien, desde una coherente perspectiva técnica, educacional y política, ha sido terminante en cuanto al tema. Por su contundencia vale la pena reproducir sus palabras: «El gobierno de Mendoza se ha empecinado en hacer una obra de infraestructura que no va a reactivar la economía; que impedirá el trasvase de aguas al Río Atuel; que no tiene rentabilidad intrínseca; que no mejora la ecuación energética de la provincia (…); que tiene un sólo oferente con una propuesta que excede largamente el valor de referencia y lo que es peor, que no contempla la realidad actual, de grave endeudamiento estatal en dólares, de declinación prolongada de la economía provincial y de ausencia de fondos anticíclicos para reactivación». Es fácil advertir que esa declaración -hecha pública por el diario Los Andes-, analiza y previene sobre los problemas que ocasionaría Portezuelo del Viento a la dinámica mendocina.
Los fondos de orígenes diversos que maneja la provincia serían, en la consideración del exrector, de mucho mejor aprovechamiento y dinamización de la economía provincial si se aplicaran al mejoramiento y modernización de la infraestructura hidráulica, incluso con la inclusión de posibilidades hasta ahora dejadas de lado, caso del aprovechamiento con micro turbinas en los canales de riego.
Es cierto que en su postura crítica el exfuncionario da por sentado el trasvase del río Grande al Atuel; aunque con distinto emplazamiento de la obra de embalse y derivación intercuencas, parece ignorar los derechos pampeanos en el tema. También el tratado interprovincial que contempla el aporte de caudales del río Negro en la cuenca media, compensando los que se le resten en la cuenca superior. Erra, sí, al pensar que las provincias abajeñas disfrutarán de una obra construida con dinero mendocino, aunque reconoce que el resto de las provincias copartícipes del río Colorado «por ahora se hallan en pie de guerra contra la obra» y el trasvase que implica, sin considerar el impacto ambiental que tendría a lo largo de centenares de kilómetros de tierras aprovechables.
Las afirmaciones del exfuncionario, más allá que revalidan parcialmente la postura de su provincia en materia fluvial -aunque con fundadas disidencias- se destacan por la poco conocida existencia de movimientos disidentes en la provincia cuyana. Y una más, por cierto que positiva: la inserción que tendría en los debates la consideración del cambio climático, con la alarmante mengua de los glaciares andinos, principal fuente de alimentación de los ríos cordilleranos.