Inicio Opinion Otro ataque al ambiente

Otro ataque al ambiente

El reciente hallazgo de bidones enterrados está muy lejos de ser una anécdota más del acontecer cotidiano. La gran cantidad encontrada evidencia una clara intención transgresora y un desprecio absoluto por el cuidado del ambiente.
Sorprende además la forma por la que se optó para hacer desaparecer los bidones: una excavación de tres metros de profundidad que requiere de maquinaria que no está al alcance de cualquiera. Un miedo irracional a las consecuencias pudo haber sido el motor del acto, sentimiento que es posible que compartiera quien efectuó la denuncia anónima acerca de dónde se encontraban los envases.
En nuestro país la falta de políticas claras en defensa del ambiente y del consumo de alimentos sanos ha provocado situaciones abusivas. Se siguen sucediendo los casos de fumigaciones en cercanías de centros poblados -también en nuestra provincia- sin que se adopten medidas preventivas a pesar de que se han constatado problemas sanitarios severos mediante estudios realizados por universidades nacionales y organizaciones ambientalistas que siguen sin merecer adecuada atención.
En La Pampa se están dando pasos en el sentido de incrementar los controles. El Estado acaba de sancionar económicamente a la Fundación Campo Libre por demorar la puesta en marcha del sistema de recolección y retiro de los envases para su posterior tratamiento. Antes había tomado una decisión más drástica: suspender la comercialización de los productos a pesar de las presiones que ejerció el agronegocio. Las medidas no pasaron desapercibida fuera de los límites pampeanos, lo cual habla de su excepcionalidad en el marco nacional.
Otra acción digna de mencionar es el avance del tratamiento, en la Legislatura provincial, de una normativa para regular la aplicación de agrotóxicos y controlar el volumen que se utiliza en el territorio provincial y, por otro lado, la aprobación de un estímulo para la agroecología como sistema sustentable que prescinde de insumos contaminantes.
La industria mundial de los agroquímicos moviliza fortunas para convencernos de que solo con el uso intensivo de sus productos se puede garantizar la alimentación de la humanidad. Las nuevas corrientes productivas amigables con el ambiente están derribando ese mito. Ahora bien, un dato conocido no hace mucho en nuestra provincia provocó desconcierto: ni los organismos públicos ni las empresas privadas pueden ofrecer datos fehacientes sobre la cantidad de agroquímicos que, todas las temporadas, se arrojan sobre los suelos pampeanos. Esa notable falencia informativa habla de cómo el agronegocio impuso un sistema avasallando no solo los derechos de las personas a disfrutar de un ambiente sano sino también pasando por arriba de los controles del Estado que, durante décadas, dejó hacer y miró para otro lado.
Ahora, esta conducta aviesa de enterrar centenares de bidones para ocultar, probablemente, un uso abusivo de los productos, no hace más que reproducir la lógica de la búsqueda del lucro indiferente a la sanidad ambiental que prevaleció hasta ahora. La Justicia deberá investigar a fondo para individualizar a los responsables y advertir que estas conductas tóxicas ya no tienen lugar entre nosotros.