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Otro avance

Como ocurre a menudo, un hecho de trascendencia para el país ha tenido escaso eco en los grandes medios porteños alineados con la oposición de derecha. Semanas atrás, llegaron a los receptores argentinos las primeras imágenes del planeta, específicamente de varias zonas de nuestro país, captadas por el satélite nacional Saocom 1B. Las transmisiones son de calidad, con una definición de enorme utilidad para los estudios que pueden apoyarse en ellas, que son varios.
Este hecho marca dos aspectos contrastantes: el primero es la capacidad de la ciencia y la técnica argentinas al concretar su capacidad de ser uno de los pocos países del mundo en condiciones de fabricar un satélite espacial. El otro, opuesto, pone en evidencia el desprecio mostrado por el gobierno macrista al abandonar esta clase de proyectos que -no lo olvidemos- ya venían desde mucho antes, retrasando así un avance tecnológico digno de elogio y muy necesario para el desarrollo del país.
Es cierto que para la colocación en órbita se debió apelar a vectores extranjeros pero ello es una evidencia más de los intereses que obstruyen el avance científico argentino. Recuérdese que el país fue uno de los primeros en investigar sobre cohetería después de la Segunda Guerra Mundial y que, por presiones estadounidenses y británicas, interrumpió esas experiencias a partir de la guerra de Malvinas. Los aliados atlánticos no querían saber nada de que un país latinoamericano pudiera desarrollar sus propios vectores, y más todavía con las Malvinas ocupadas.
Lo cierto es que el Saocom vuelve a habilitar expectativas y ratifica con su puesta en marcha la ocupación de la posición orbital asignada a la Argentina, que estuvo a punto de perderse ante la indiferencia gubernamental de un par de años atrás. Evidencia también la intención de recuperar el tiempo perdido en una actividad tan importante.

Negligencia
La reiteración de las fiestas clandestinas en todo el país en reuniones expresamente prohibidas por causa de la pandemia ha pasado a ser un hecho tan reiterado que casi no llama la atención. Los desbandes producidos ante la llegada de la policía evidencian un hecho incontrastable: los participantes de esas reuniones saben que están violando la ley y, con su huida, buscan evitar las consecuencias de sus actos.
En nuestra provincia -que desde el comienzo de las restricciones había mostrado alto acatamiento a las medidas preventivas- se observa el mismo comportamiento, con alta participación de personas jóvenes que, como se ha demostrado, también pueden ser víctima del virus. Sorprendentemente, esas reuniones se han incrementado desde que el número de contagios diarios comenzó a crecer en forma harto preocupante. En las últimas semanas arreciaron las noticias de este tipo de encuentros clandestinos desbaratados en varios puntos de la provincia, lo cual permite suponer que muchos se desarrollaron sin ser detectados.
La pregunta que muchos se hacen es si son esos encuentros los que motivaron, al menos en parte, la irrupción de esta «segunda ola».