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Otro paso para recuperar un club

Por estas horas bien puede decirse que la odisea de los socios del Club San Martín se está aproximando a un final feliz. La resolución de la Dirección de Personas Jurídicas de aprobar la conformación de una comisión normalizadora para regularizar la vida institucional de la tradicional entidad de la Villa Santillán aparece como el camino más expeditivo, mucho más que la vía judicial, que también se había analizado como alternativa.
Los socios que emprendieron la ardua tarea de recuperar el club, agrupados bajo la denominación «La 89», en homenaje al año de aquel campeonato que quedó grabado en la memoria y el corazón de sus protagonistas y simpatizantes, vieron recompensados sus esfuerzos. Ahora tienen ante sí una tarea no menor: seguir bregando para normalizar la comisión directiva y poner en condiciones la deteriorada infraestructura para retomar las actividades deportivas y sociales que lo supieron distinguir.
Un club de barrio es mucho más que un nombre, un color identitario o una pasión por una divisa deportiva. Es un espacio social que, si se lo aborda desde el compromiso, el trabajo y la honradez, puede brindar enormes satisfacciones a la comunidad que representa.
Pero en el camino de los clubes suelen cruzarse dos tipos de dificultades, bastante frecuentes por cierto. Una es la entronización de dirigencias inescrupulosas que anteponen intereses particulares a los generales. En nuestra modesta provincia no han faltado estos malos ejemplos. La otra adversidad es la pérdida del entusiasmo «militante» y la consiguiente merma en la participación de los socios en la vida institucional. Ambos problemas están íntimamente vinculados y uno conduce, indefectiblemente, al restante.
No otra cosa es lo que sucedió en el club San Martín del mismo modo que ocurrió en tantos otros. Es de esperar que esta vez los socios, que con tanto entusiasmo se han lanzado a recuperar la institución, encuentren el modo de superar estos escollos. Los clubes de barrio son herramientas de inclusión insuperables para la niñez y la adolescencia. La práctica del deporte, si se realiza bajo la conducción de personal capacitado no solo en lo técnico sino también en materia de valores humanos, es una herramienta insuperable para la formación personal y social de chicos y chicas. Si se logra vencer la tentación del mero rendimiento deportivo y la competitividad prematura -un mal lamentablemente muy difundido en nuestros tiempos- los resultados pueden ser muy positivos. En tiempos de adicción a las pantallas digitales y a las sustancias narcóticas, la práctica deportiva tiene un rol de primer orden a cumplir. Y los clubes, en estrecha alianza con la escuela pública, tienen mucho para aportar.
La recuperación del tradicional reducto de la Villa Santillán es una muy buena noticia para la comunidad de esa extensa barriada pero también para la ciudad toda. La rápida respuesta de las esferas oficiales al requerimiento de los socios que se empecinaron en llevar adelante esta tarea tan encomiable es un buen augurio. Al tiempo que saludamos esta iniciativa, desde este medio formulamos votos para que los navegantes superen las tormentas y lleguen a buen puerto.