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Otros vientos soplan ahora

La destemplada reacción mendocina ante la reciente designación de un pampeano como delegado de Nación ante el Comité Interjurisdiccional del Río Colorado (Coirco) habla con elocuencia de cómo juegan los cuyanos en el tablero regional. Es evidente que otros vientos políticos corren en el país y que trajeron cambios en el escenario de las relaciones entre el gobierno nacional y las provincias.
Durante el macrismo Mendoza hizo uso y abuso de la sociedad política que cimentó con el gobierno nacional a través de la alianza Cambiemos. Entre ambas partes lograron maniobrar en el seno del Coirco con la contribución invalorable de la provincia de Buenos Aires, también gobernada por la misma coalición, y dos jurisdicciones, Río Negro y Neuquén, que subordinaron su independencia a las buenas relaciones económicas con la Casa Rosada que, como los pampeanos saben muy bien, en ese cuatrienio aplicó la estrategia del «látigo y billetera» con más entusiasmo que nadie.
En un escenario tan desequilibrado Mendoza logró imponer todo lo que quería. El visto bueno para la licitación de Portezuelo del Viento a pesar de que los datos sobre la futura generación eléctrica estaban excesivamente inflados y que los estudios de impacto ambiental fueron deficientes y no contemplaron la situación de toda la cuenca. No solo eso; los mendocinos lograron algo impensado: el manejo exclusivo de las compuertas del embalse relegando al Coirco a una tarea secundaria, de control a posteriori. Esa indefendible «autorización» les fue concedida a pesar de contar el Coirco con un ejemplo paradigmático en todo el país y que funciona muy bien: Casa de Piedra. Se trata del único embalse sobre el Colorado que es administrado en forma conjunta por todas las provincias que integran el comité de cuenca. El desconocimiento supino de semejante antecedente habla a las claras de las ventajas que logró Mendoza a expensas de las cuatro provincias restantes.
Fueron los años en que La Pampa tuvo que remar en soledad asumiendo la ingrata tarea de alertar sobre los grandes riesgos que implica levantar una represa sobre un río exhausto, que viene registrando las bajantes más pronunciadas del último siglo, y recordar los antecedentes de Mendoza que en materia de manejo de ríos interprovinciales se ha ganado las peores notas. El solo ejemplo del Atuel exime de todo comentario.
Pero lo que La Pampa no logró en Coirco lo hizo entre las poblaciones ribereñas del Colorado: las que sufren directamente la bajante de hoy y la eventual consecuencia de la represa mañana. Primero Río Negro y después Neuquén comenzaron a variar su postura y a cuestionar varios aspectos de Portezuelo del Viento. Lo mismo empieza a advertirse en Buenos Aires.
Bien podría decirse hoy que esta designación del gobierno nacional aparece como un reconocimiento a la firme postura de nuestra provincia que, aún en soledad y a través de su gobierno y de la movilización de sus organizaciones defensoras del ambiente, supo actuar en defensa del beneficio de toda la región que integra la cuenca por encima de los intereses de parte. Una actitud diametralmente opuesta a la que desde siempre exhibió Mendoza.