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Pandemia mundial, desigualdad e impuestos

¿QUIENES DEBEN SOPORTAR LA MAYOR CARGA DEL COSTO DE LA CRISIS?

Hoy es buen momento para reflexionar acerca del rol del sistema impositivo para reducir la desigualdad social y la pobreza. El mundo reclama la intervención del Estado.
MAGDALENA RUA
Sabemos que el impacto económico de esta pandemia podría ser muy grave, tanto más para los sectores vulnerables. Es el Estado el encargado de velar por la protección de todos, tanto en términos sanitarios como en materia de acceso a los bienes indispensables para la subsistencia. En este contexto, los países centrales cuentan con abundantes recursos para hacer frente a momentos críticos, no así los países periféricos. Ahora bien, entonces ¿quiénes soportarán la mayor carga del costo de esta crisis?
El sistema tributario puede tener un rol fundamental en esta situación de emergencia. Los impuestos progresivos son un instrumento muy valioso en materia de distribución del ingreso. La situación actual parece ser un momento ideal para empujar a las sociedades hacia mayores niveles de justicia impositiva y equidad distributiva. Las medidas deberían orientarse a reducir los impuestos a las empresas y personas más afectadas, y aumentarlos a aquellas empresas que continúan obteniendo importantes beneficios y a los estratos sociales más altos, que se han visto históricamente beneficiados por la regresividad del sistema tributario.
El gobierno de Alberto Fernández va en ese camino. Actualmente funcionan reducciones de impuestos regresivos como el IVA para los jubilados, también se dispuso un bono extraordinario para jubilados, pensionados y beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo y por Embarazo y una suma por «ingreso familiar de emergencia» de 10.000 pesos para personas desempleadas, trabajadores de casas particulares, trabajadores informales y monotributistas clase A y B. Medidas que probablemente deban profundizarse.

Aumenta la concentración.
En sociedades tan desiguales como las de América Latina, la política redistributiva no debería enfocarse únicamente en aumentar el gasto social ya que el sistema tributario también puede cumplir un rol sustancial como nivelador de la estructura económica-social.
La concentración de ingresos y de riqueza se ha elevado en el mundo y América Latina es una de la regiones más desiguales. Piketty explica que el 0,1% más rico del planeta posee una participación del 20% sobre la riqueza total, y el 1% más rico del planeta posee una participación del 50% en la riqueza total, es decir, la misma que el 99% restante.
En relación con los ingresos, el informe de desigualdad del año 2018 realizado por World Inequality Lab muestra que la desigualdad de ingresos ha crecido aceleradamente desde 1980, resultando en que el 1% de mayores ingresos a escala global recibió el doble de los ingresos que el 50% más pobre. Además, el informe señala que los Estados se han vuelto más pobres frente al sector privado. La riqueza privada neta ha aumentado en las últimas décadas, pasando de 200-350% del ingreso nacional en la mayoría de los países ricos en 1970, a 400-700% en la actualidad; mientras que la riqueza pública neta ha disminuido en prácticamente todos los países desde la década de 1980.

América desigual.
En América Latina, las estadísticas de la CEPAL indican que en 2017 la participación de los estratos de ingresos bajos en el total de la población fue del 55,9% (esto incluye a las personas en situación pobreza extrema, pobreza y en estratos bajos no pobres) y si se le adiciona la población de estratos medios-bajos representan el 76,8% sobre el total. Según CEPAL, en América Latina la población bajo la línea de pobreza creció de 30,1% en 2015 a 30,8% en 2018, mientras que aquella que vivía en situación de pobreza extrema aumentó de 10,7% a 11,5%.
En la Argentina, las últimas estadísticas del INDEC (a septiembre de 2019) muestran que el 10% de la población más rica obtiene ingresos 2215% más elevados que el 10% de la población más pobre, a la vez que el 20% más rico de la población obtuvo el 49,9% de los ingresos y el restante 80% de la población obtuvo el 50,1%. En junio de 2019, según INDEC, el porcentaje de personas por debajo de la línea de la pobreza era del 35,4% y de las personas indigentes, del 7,7%. La UCA estima que esos valores son de 40,8% y 8,9%, respectivamente, a diciembre de 2019. En términos de riqueza, una parte de los residentes argentinos atesora activos externos por alrededor de 384.000 millones de dólares, que fueron acumulados entre 1970 y 2018.
Hoy es un buen momento para poner sobre la mesa la persistencia de la opacidad y el secretismo en el sistema tributario y financiero global, y la necesidad de avanzar en la creación de registros públicos de beneficiarios finales, la ampliación del intercambio automático de información financiera y fiscal, la eliminación del criterio de entidad separada que permite que las multinacionales creen estructuras complejas de evasión fiscal utilizando guaridas fiscales y muchas otras medidas posibles.

El ejemplo de la OCDE.
En el plano local, la progresividad tributaria es una herramienta eficaz para limitar la concentración de ingresos y riquezas. El impuesto a las ganancias es un instrumento efectivo que permite gravar a las personas de mayores ingresos con alícuotas diferenciales de manera directa. Tomemos como ejemplo a los países de la OCDE para analizar las tasas máximas del impuesto a los ingresos personales (equivalente al impuesto a las ganancias para personas físicas en Argentina). El promedio de las tasas máximas del impuesto a los ingresos personales en los países de la OCDE es 41,2%. Asimismo, en la mayoría de estos países las tasas máximas superan el 35% y llegan hasta el 60,1%. En este sentido, en Argentina, podría evaluarse la posibilidad de elevar el impuesto para las escalas de ingresos más elevados.
Las estrategias de «planificación fiscal abusiva» -una forma sutil de llamar a la elusión fiscal- de las empresas multinacionales y de las personas de alto patrimonio erosionan los recursos del Estado y su capacidad de respuesta ante circunstancias como las actuales; por ello pueden ser consideradas embestidas contra los derechos humanos. Pareciera quedar más claro en este momento, cuando los fondos escasean y los recursos estatales equivalen a bienes esenciales para garantizar la integridad física de ricos y pobres. (Extractado de El Cohete a la Luna).