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Para cuidar la salud del Estado

«Pensamos que sin Mauricio Macri en el gobierno no nos podía ir peor, pero apareció la pandemia». Estas palabras pertenecen el ministro de Hacienda de la provincia y hablan de la preocupación que hay en el Centro Cívico ante una situación inusual: por primera vez en mucho tiempo el Estado va a tener sus números en rojo. La administración pública pampeana -que siempre fue observada como un caso atípico en el concierto de las provincias argentinas- sintió el golpe del Covid-19 y entró en déficit.
Con la pandemia se derrumbó la actividad económica y con ella la recaudación tributaria, además cayó el precio del petróleo con lo cual bajaron las regalías y también se resintieron los pagos de la coparticipación nacional. Esa combinación, tal como lo sintetizó el titular de Hacienda en una reciente entrevista con este diario, es lo que llevó al gobernador a congelar los haberes de los funcionarios de los tres poderes del Estado.
La medida recibió un inmediato apoyo de los intendentes que ya la están replicando en sus respectivos municipios, independientemente de su color político. La ausencia de quejas es una muestra cabal de que todos entienden la gravedad de la situación que atraviesa el tesoro público y que, en la emergencia, nadie duda de que hay que cuidar, también, la salud del Estado.
A esta altura todos saben que si el Estado se resiente la lucha contra la pandemia estará perdida de antemano. En Argentina y en el mundo, todos los gobiernos han terminado de entender -incluso los más reaccionarios- que el rol del Estado es insustituible a la hora de reparar los daños sanitarios y socioeconómicos provocados por el coronavirus. Algunos gobernantes por convicción y otros porque no tienen más remedio, debieron admitirlo. Hasta en el desarrollo de las vacunas el respaldo económico de los Estados ha sido decisivo, incluso en los países que más fervorosamente defienden la economía de mercado.
En cuanto a nuestra provincia, cuando el fuerte brote que tuvo origen en Catriló obligó a regresar a la fase 1, se interrumpió el incipiente proceso de recuperación de la economía y se ensombreció el futuro.
Es evidente que esta situación que afecta a todas las jurisdicciones del país obligará al gobierno nacional y sus aliados políticos a apurar el proyecto de reforma tributaria que prometió durante la campaña electoral del año pasado. Hace mucho que se habla sobre la necesidad de actualizar la estructura fiscal, porque los impuestos progresivos -aquellos que gravan las grandes ganancias y fortunas- tienen una incidencia relativa menor en el total de la recaudación frente a los regresivos -los que gravan al consumo-.
El mal llamado «impuesto a las fortunas», dirigido a los que tienen patrimonios de más de 200 millones de pesos, será una contribución por única vez para paliar la crisis pero de ningún modo implicará una reforma estructural del sistema tributario. Los que se oponen -tanto la derecha macrista como sus socios mediáticos- deberían recordar aquello que le mencionó la nada izquierdista canciller alemana Angela Merkel al presidente Alberto Fernández: los argentinos más ricos pagan muy pocos impuestos por sus grandes fortunas.