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Para cuidar mejor el río Colorado

La crisis hídrica que atraviesa el río Colorado amerita observaciones y análisis de distinto tipo, aunque centrados en el mismo objetivo: conocer cada vez mejor la naturaleza del fenómeno y si es posible atenuarlo o prevenirlo de alguna forma. La reflexión no es disparatada; recuérdese que las entidades defensoras de los ríos pampeanos advertían desde hace casi una década la acentuada bajante en los promedios de escurrimiento del río y, es de suponer, el mismo detalle habrán notado los técnicos de las provincias condóminas y la entidad que las nuclea, el Coirco, para proceder en consecuencia ante las posibles calamidades que, efectivamente, comienzan a sucederse.
No es novedad señalar que estas acentuadas bajantes del río se deben a la escasez de nevadas, un fenómeno que en los últimos tiempos parece darse en toda la Cordillera de los Andes. Son esas nevadas las que alimentan los glaciares que son a su vez las raíces mismas del río. Por tal motivo se puede deducir que el disminuido caudal que transporta el Colorado por estos días se debe al retroceso de esos mismo glaciares que, obviamente, van reduciendo sus volúmenes al mermar las precipitaciones invernales que los compensan.
Aún con los grandes recursos tecnológicos disponibles en la actualidad resulta un tanto azaroso intentar predecir el comportamiento del próximo año hidrológico, siquiera en una aproximación. De allí que un conocimiento completo de esos glaciares que hoy son la única fuente del río aparece como una acción de mucha importancia. ¿Existen organismos técnicos nacionales o provinciales que tengan una base actualizada de la ubicación, extensión, volumen y comportamiento de esas masas de hielo según las circunstancias y que son fundamentales al comportamiento del río, como para permitir estudios temporales comparativos? Es de esperar que así sea, especialmente por contarse en el orden nacional con un instituto de investigación dedicado al tema.
Pero hay otro aspecto que también torna imperioso esta profundización de los estudios. En los últimos tiempos se ha registrado un fuerte avance de los intereses mineros hacia la zona en cuestión y a esas empresas, se sabe, no les interesa demasiado el medio ambiente. Para corroborarlo basta recordar la reciente movilización popular registrada en Mendoza ante la decisión de las autoridades de aprobar el uso de sustancias contaminantes para la explotación metalífera, oro especialmente. Más atrás en el tiempo está la acción de una minera en Catamarca y La Rioja que no solamente provocó fuertes daños ambientales (no del todo conocidos) por el volcado de sustancias tóxicas sino que, con total indiferencia ante la obstrucción de un glaciar, optó por cortarlo y esto, recordemos, en plenos Andes áridos.
Quizás no sería exagerado pretender que las provincias condóminas del río Colorado se impusieran acerca de los potenciales peligros que acechan. Acaso para algunos la propuesta pueda parecer alarmista, pero no lo es. Recuérdese que aquellos cuyos intereses están relacionados con el río no siempre cuentan con información completa y fidedigna, como se vio un par de meses atrás con los regantes de Río Negro.