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Para debatir en la campaña electoral

La historia de los ferroviarios despedidos que publicó ayer LA ARENA es otra muestra de las injusticias que suelen padecer quienes pertenecen a la clase trabajadora. No es un caso desconocido pues este diario se ocupó del tema desde sus comienzos, cuando se materializaron los despidos. En varios reportajes los protagonistas explicaron, al detalle, la sucesión de infortunios que atravesaron: contratos basura de los tiempos de la privatización menemista, despidos bajo la gobernación de María Eugenia Vidal, falta de pago de las indemnizaciones por la modalidad fraudulenta de contratación, indiferencia del sindicato que no asumió la defensa de sus afiliados, ausencia de respaldo efectivo de las autoridades locales ante la vulnerabilidad de los trabajadores… El hecho de depender de una empresa bonaerense, Ferrobaires, que finalmente se quedó con la prestación del servicio que llegaba a La Pampa, convirtió en un calvario las tramitaciones de los despedidos.
Muchos años y muchos gobiernos pasaron a lo largo de esta historia que conmueve especialmente porque está estrechamente vinculada al descuartizamiento del ferrocarril, un servicio de transporte estratégico en cualquier país de gran extensión como lo es la Argentina.
Hoy reconforta ver que el gobierno nacional decidió anular las concesiones y recuperar para el Estado la administración de los servicios de carga de los ramales Sarmiento (el que llega a nuestra provincia), Mitre y Roca. Es una buena noticia que viene a confirmar lo ruinoso que resultaron las privatizaciones debido a que las empresas concesionarias privilegiaron exclusivamente sus intereses económicos inmediatos y dejaron de invertir para mantener las prestaciones en términos siquiera aceptables. El estado calamitoso que hoy presenta la infraestructura ferroviaria es una muestra cabal de la indolencia con que las empresas privadas manejaron los ramales, pesada carga que, una vez más, deberá afrontar ahora el Estado.
En vísperas de una nueva contienda electoral esta cuestión no puede estar ausente del debate público pues involucra aspectos esenciales de la vida social, económica, laboral y geoestratégica de todo el territorio nacional y de cada una de las provincias que lo componen. Los pampeanos sabemos muy bien cuánto se perdió con la mutilación del servicio ferroviario, el sistema de transporte terrestre más eficiente y económico.
Cuando un candidato, un dirigente o un funcionario sale públicamente a decir que «defiende el trabajo y la producción» debería poder sustentar esas palabras con hechos. En vísperas de elecciones no hay partido político que no reivindique esas consignas, por esa razón no solo hay que prestar atención a los discursos sino también a los actos. Nuestro país acaba de atravesar, por tercera vez, otra ardua experiencia neoliberal. No es casual que los despidos de estos trabajadores ferroviarios hayan tenido lugar durante ese cuatrienio. Fueron muchos los que se quedaron sin empleo en esos años, incluso en el Estado. Hasta la llegada de Macri a la Casa Rosada nunca se habían producido, bajo un gobierno electivo, tantas cesantías masivas en reparticiones públicas nacionales. Incluso se vieron en nuestra pequeña provincia. Pero fue en el ámbito privado en donde la sangría alcanzó niveles catastróficos con decenas de miles de Pymes que quebraron y centenares de miles de trabajadores que quedaron en la calle. El resultado de semejante industricidio fue que en apenas cuatro años se duplicó el índice de desempleo -otro récord imbatible del macrismo- y aumentó la pobreza a pesar de las promesas de erradicarla.
Entre la habitual pirotecnia verbal de los candidatos que ofrecen sus nombres para ocupar cargos públicos -senadores y diputados nacionales este año- no deben quedar afuera los asuntos realmente importantes para la provincia y el país. Este es uno de ellos.