¿Para quién nos roba Mendoza el agua del Atuel?

LA SEMANA PAMPEANA

I – En la semana los mendocinos revelaron la grave situación que atraviesa la agricultura bajo riego en esa provincia donde un tercio de la superficie de viñedos que algún día produjo, hoy se encuentran abandonadas. La desoladora realidad no la descubrieron los políticos cuyanos, ni las corporaciones a ellos asociadas, complicados hoy y siempre con un plan de concentración de la propiedad y de manejo oligárquico de la tierra, sino unos técnicos en fumigación que debían repasar con sus agroquímicos la totalidad de las plantaciones productivas para frenar el avance de una plaga.

II – La cifra dice mucho sobre la patética realidad de una provincia que, desde el experimento neoliberal de Martínez de Hoz en la década del ’70 y más aún con el de los ’90, ha sufrido la desaparición de una clase de pequeños propietarios de fincas, la mayoría propiedades familiares, que perdieron sus tierras agobiados por un sistema de compra de cosechas oligopólico que maneja los precios y ahoga al productor primario favoreciendo a los compradores que, en general, son grandes empresas elaboradoras o concentradoras. A esta situación de quiebra de las pequeñas empresas familiares, la aprovecharon, a partir de los ’90, capitales extranjeros que invirtieron en tierras como parte de una cadena productiva capital intensiva, con incorporación de una alta tecnificación de las tareas en las chacras y una integración vertical en la producción de elaborados.

III – Pero si a los mendocinos este descubrimiento les dice mucho sobre el proceso concentrador en su provincia, a los pampeanos nos ilustra sobre la naturaleza del conflicto que nos enfrenta con los cuyanos. Porque la concentración de la tierra en Mendoza está íntimamente asociada a un proceso paralelo de concentración del agua necesaria para regar las fincas. Un tercio de las chacras abandonadas habla entonces de un gigantesco proceso de concentración del agua que ahora utiliza ese tercio disponible para regar una superficie sustancialmente menor. Este proceso de concentración significó, en el departamento General Alvear que irriga con aguas del Atuel, la desaparición en los últimos años del 47% de las propiedades pequeñas y muy pequeñas (de 5 a 25 hectáreas) y el consecuente aumento de las propiedades muy grandes (de más de 50 y 100 hectáreas), mientras que el departamento vecino de San Rafael, que irriga con aguas del Atuel y del Diamante, ha perdido 2.000 unidades de producción pequeñas y medianas.

IV – El proceso de concentración de la tierra habla entonces de un proceso de concentración del agua y, ambos están indisolublemente unidos al proceso de extranjerización de la tierra bajo riego que necesita mantener la concentración del uso del agua para garantizar su negocio. (De acuerdo a un reciente informe del diario La Nación, Mendoza es la segunda provincia con más tierra en manos de extranjeros, con 1,2 millones de hectáreas y es la provincia donde se entregaron mayor cantidad de certificados a extranjeros: 75 por 11.784 hectáreas, en su mayoría para viñedos).

V – A la luz de estos datos que revelan la concentración en la vecina provincia de la tierra, la desaparición de las fincas familiares y la irrupción de extranjeros propietarios de enormes extensiones (situación que han merecido serios estudios de científicos del Inta y de universidades), queda claro que el conflicto de La Pampa con Mendoza por el agua se revela, en realidad, como un conflicto más amplio y complejo que la, aparentemente, simple beligerancia entre dos estados argentinos. Se trata, a todas luces, de un conflicto que tiene en la creciente extranjerización de la economía mendocina ligada al riego un factor decisivo a la hora de entender la persistencia de una apropiación de un río pese a los fallos de la Corte y la jurisprudencia nacional e internacional.
Para entender a quién defiende la clase política mendocina y su socio nacional cuando defiende su posición ante la Corte, hay que introducir en el análisis quiénes se benefician con esa agua robada, que no son los pequeños productores de fincas familiares que hoy están en proceso de desaparición. Detrás del conflicto asoma uno de los problemas más graves que enfrenta la Argentina hoy, que es la extranjerización de la tierra y la apropiación por parte de extranjeros del recurso agua.
La clase política de Mendoza, para desgracia de los mendocinos, cuando defiende su indefendible apropiación del agua pampeana en su territorio, defiende ese modelo de creciente extranjerizado de la producción bajo riego, asociado más a las necesidades de capitales de países extranjeros que vienen a buscar tierras baratas y acceso al agua que no tienen en sus países y asegurarse excedentes en dólares que, el gobierno nacional y sus socios de Mendoza, le permiten llevarse del país aunque al hacerlo se llevan la riqueza nacional y nos sumergen en la crisis como la que ahora padecemos. (LVS)