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Para seguir movilizados

I. En estos días que convocan al cuidado personal y social ante el avance implacable del nuevo pico de la pandemia, la sociedad pampeana sigue mostrando signos de vitalidad. La reciente formación de la Coordinadora por los Ríos Interprovinciales y el Ambiente es una muestra de que el interés por esos temas está profundamente arraigado en esta provincia y continúa movilizando voluntades aún en condiciones tan adversas como la que plantea el Covid-19.
La autoconvocatoria reunió en pocos días a unas cincuenta instituciones cuyos dirigentes se sintieron interpelados por una cuestión tan sensible y respondieron de inmediato para conformar lo que surge hoy como un nucleamiento destinado a seguir ampliándose.
Los ríos robados -como el Atuel y el Salado-, el Colorado en peligro de seguir la misma suerte por culpa del mismo vecino, son motivos más que suficientes para encender las alarmas. Y si bien son las reivindicaciones más sensibles y las que más preocupación generan, no son las únicas pues la problemática del agua en nuestra provincia es mucho más amplia y compleja. Los acuíferos del este pampeano están mostrando signos inquietantes ante la presencia de elementos riesgosos para la salud como el arsénico y el flúor y, además, por la contaminación de agroquímicos detectada hace tiempo.

II. No hay nada mejor que una sociedad concientizada y movilizada para abordar estos temas y encontrar caminos que conduzcan a soluciones aceptables para el conjunto social. No es sencillo pues hay que enfrentar intereses que responden a sectores minoritarios pero poderosos. Ahí está el fallo de la Corte Suprema estableciendo un caudal del Atuel para La Pampa. Hace casi un año que fue dictado y Mendoza sigue actuando como si nada hubiera sucedido. La misma provincia sigue avanzando con la licitación de Portezuelo del Viento, represa que puede significar la guillotina del Colorado, un río que ha perdido en la última década casi la mitad de su caudal promedio anual por causa del cambio climático.
En la lucha por el agua y el ambiente, más allá de las vías institucionales que transitan los organismos de gobierno, hay un gran espacio público que puede, y debe, ser ocupado por las diversas expresiones que representan a la sociedad: ONGs, sindicatos, asociaciones profesionales, cámaras, pueblos originarios, centros de estudiantes… El inspirador recuerdo de la Copdrip (Comisión Popular de Defensa de los Ríos Interprovinciales Pampeanos) seguramente sobrevuela, a 48 años de su gestación, en la flamante iniciativa.
En el casi medio siglo transcurrido desde aquel momento fundacional sucedieron muchas cosas -dos fallos de la Corte, por ejemplo- y se alcanzó lo que ha sido, quizás, el logro más importante: el arraigo entre los pampeanos de la conciencia por la cuestión hídrica y ambiental. Sin embargo, no sin pesar, hay que admitir que los problemas esenciales de aquellos años, y que motivaron justamente el nacimiento de la Copdrip, no variaron demasiado: el Atuel y el Salado siguen cortados y, por si no fuera suficiente, ahora peligra el Colorado.

III. Este cuadro de situación muestra, en forma irrefutable, los poderosos intereses que se mueven detrás de cada una de las iniquidades que vienen sufriendo los pampeanos desde hace tanto tiempo. Pero a la vez opera como combustible y refuerza la idea de que debe redoblarse la lucha en todos los frentes para intentar revertir un estado de cosas que no puede continuar porque vulnera la dignidad de un pueblo castigado por decisiones tomadas en lejanos despachos.
Quizás haya llegado el momento de intentar acciones más audaces y movilizadoras, que complementen las gestiones judiciales y gubernamentales, pero que, a la vez, muestren la indignación de una sociedad que se está cansando de esperar y de poner las dos mejillas para el cachetazo.