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Para ser papá

NUEVAS MASCULINIDADES

El pater familiae es interpelado por el feminismo para habilitar nuevas paternidades, para volverlo corresponsable de la crianza y ubicarlo en un lugar coprotagónico de la escena familiar.
VICTORIA SANTESTEBAN*
La paternidad empieza por fin a alejarse del modelo hegemónico patriarcal para pasar de la figura de autoridad del pater sostenedor económico, a uno que se acerca al cuidado, al amor y al acompañamiento de hijos e hijas.
La división sexual del trabajo dictada por el patriarcado indicó a los varones salir de casa para traer el pan a la mesa, mientras las mujeres quedaban a cargo del cuidado del grupo familiar. La separación entre lo público y lo privado, entre el trabajo remunerado y el no, entre la producción y la reproducción, impactó hasta nuestros días en la dinámica familiar, enquistando roles y estereotipos como únicos modelos válidos de maternar y paternar.
Así las cosas, la figura del padre de familia quedó reducida al hombre proveedor, al único responsable del sostenimiento económico y autoridad máxima del grupo que quedaba en casa. El que lleva los pantalones sale a trabajar para volver por unas pocas al hogar, por lo que la paternidad también queda asociada a la ausencia de ese varón que cumple con su rol paternal de esa forma, estando fuera de casa. Quedan a cargo de la madre el cuidado y los arrumacos, las idas al pediatra y a las reuniones de colegio, las noches en vela y la comida en la mesa.
La figura del padre fue consolidándose entonces como ese hombre distante, que no hace grandes demostraciones de cariño porque ese es terreno materno, que cumple un mandato de severidad para convencer de una autoridad hasta entonces indiscutida. Ya vas a ver cuando venga tu padre, es reflejo del temor reverencial a la figura del padre, que responde a un modelo en proceso de deconstrucción.
Hoy se relativizan roles, se flexibilizan las formas de vinculación y quedan habilitadas nuevas formas de paternar. La interpelación a esa imagen tradicional del pater apela a desarticular la masculinidad patriarcal, esa que dicta que los hombres no lloran, que nada les duele y que pueden con todo, y que ha sido la responsable de imprimir al padre de familia la imagen del hombre distante, desentendido de lo doméstico, que escatima en besos y abrazos y que tiene la carga capitalista de brindarse económicamente a su familia, de hacer realidad el sueño de la casa con perro.

Mamá y papá.
La manera patriarcal de ver al mundo también inventó el instinto maternal, para habilitar la fuga al varón abandónico, al desentendido hasta del deber patriarcal de sostener económicamente a la familia, el que se fue a comprar cigarrillos y el que no pasa la cuota alimentaria.
El padre que se esfuma aparecía como postal permitida, en una Argentina que criminalizaba mujeres que decidían como ese varón, a no ejercer de madres. La ley de interrupción voluntaria del embarazo interpeló estos privilegios de los varones para democratizar la toma de decisiones. Sin embargo, la realidad da cuenta de los palos en la rueda a la ley de IVE, con jueces que desacreditan las decisiones de mujeres y cuerpos gestantes para privilegiar a los siempre privilegiados.
Y también, la realidad argentina da cuenta que el 84% de los hogares monoparentales están a cargo de mujeres que malabarean entre el cuidado de hijos e hijas y el trabajo remunerado.

Mercado laboral.
Desde los años sesenta la irrupción de las mujeres en el mercado laboral -a ese que sí es reconocido como trabajo en contraposición a las tareas domésticas de antaño encomendadas a las mujeres- es indiscutida, pero tal presencia femenina no ha logrado hasta nuestros días romper con los estereotipos de maternidad y paternidad impresos por el patriarcado.
Las licencias por maternidad y paternidad continúan inspirándose en ese varón proveedor, responsable del sostenimiento económico, al pater que poco y nada se involucra en la llegada del hijo o hija. Así, la actual legislación va en contramano de la habilitación de coparentalidad y desarticulación de viejos modelos ordenatorios de la dinámica familiar.
Del mismo modo, estos mandatos operan sobre quienes entrevistan potenciales empleados y empleadas: las preguntas en entrevistas laborales realizadas a mujeres se detienen en su planificación familiar, su estado civil, sus deseos de maternar cuando difícilmente un varón tenga que pasar por un interrogatorio que nada tiene que ver con su capacidad y profesionalismo. Hay techos, paredes y acantilados de cristal, hay escaleras rotas y pisos pegajosos que siguen entorpeciendo la carrera profesional de mujeres y la presencia doméstica de varones.
Los mandatos machistas si bien en deconstrucción todavía tironean a la mujer para que quede en casa -en ese hogar en el que realiza el doble de tareas domésticas que su compañero- y al varón lo expulsa de allí para que cumpla con su rol de proveedor exitoso, porque el hombre que queda en casa al cuidado de sus hijos, el que no tiene trabajo remunerado ni carrera profesional es mirado de rabillo por un mundo machista que lo tacha de fracasado o mantenido.

Nuevas Masculinidades.
El feminismo deconstruye estas nociones socioculturales de compartimentar roles, colores y lugares conforme un binarismo heteronormativo que encasilla y reduce, que posterga y agobia para abrir camino a nuevas masculinidades, y con ellas, a nuevas paternidades.
Para que los abrazos y los arrullos dejen de ser plena jurisdicción de la madre, los modelos de padres reversionados coparticipan en esa crianza amorosa, no como meros colaboradores sino con la responsabilidad de la coparentalidad en la asunción de la cotidianeidad familiar.
Pensar en paternar hoy también -y por fin- es salirse del modelo de familia con papá y mamá, y supone multiplicidad de acepciones, para validar todas las familias, en un país que ya legisló que para el amor no hay géneros ni orientaciones sexuales más privilegiadas que otras.
El feminismo milita ese amor libre, para legitimar cada forma de ser y de sentir, y como revolución de amor incluye al amor de padre, para abrazarlo hasta las lágrimas.

*Abogada, Magíster en Derechos Humanos y Libertades Civiles.