Partidos políticos ante una actualidad con incógnitas

Señor Director:
Cuando se analiza el momento actual de los partidos políticos se hace presente una actualidad en la que es posible reconocer que la fuerte crisis interna de las agrupaciones que han estado disputando el poder desde principios del siglo pasado es consecuencia de un factor nuevo, no desconocido pero tampoco suficientemente aquilatado.
El reciente referendo británico mostró que la decisión de separarse de la Unión Europea (que ganó por margen estrecho) no tuvo el apoyo de las dos formaciones (conservadores y laboristas) que se han alternado en el poder durante casi un siglo. Los tories se dividieron de hecho en esta cuestión y quien conducía el gobierno del Reino Unido en su representación ha debido renunciar como primer ministro, al tiempo que el dirigente de ese partido que lideró el Brexit avisa que no es candidato a primer ministro ni a presidente del partido y que, logrado su objetivo de sacar al Reino Unido (o a Inglaterra) de Europa, se da por satisfecho y dejará la política. A la vez, en el laborismo, el líder elegido hace pocos meses, está acosado por los diputados de su partido bajo la acusación de haber prestado débil apoyo a la continuidad de participación en la Unión Europea. Lo que conjeturo es que Jeremy Corbyn estuvo distraído respecto de la importancia del referendo y no halló manera de definir la posición en favor de la permanencia en la Unión Europea, cuya política económica viene atacando por entenderla muy conservadora y jugar a favor del poder financiero multinacional (en realidad, no nacional, no obligado hacia una nación determinada). ¿Cómo podía compatibilizar esta objeción con el apoyo laborista a la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea?
En el caso español, observamos un fenómeno que tiene cierta semejanza. Luego de dos elecciones, allí no se sabe todavía si el ganador (Partido Popular, conservador) podrá formar gobierno. Todos los analistas erraron al presumir que el nuevo partido Podemos, cuya doctrina es de centroizquierda (y compite ahí con el socialismo) superaría al Partido Socialista (PSOE: obrero español) y ascendería hasta el segundo lugar. Al aliarse con Izquierda Unida, Podemos perdió votos y fuerza para la acción inmediata (formación de una mayoría capaz de dar un gobierno a España). A su vez, el socialismo hizo la peor elección de su historia. Y la nueva opción conservadora, Ciudadanos, quedó en su lejano cuarto lugar. Ahí parece haber sucedido que el acercamiento de Podemos a la Izquierda Unida activó los genes del franquismo, aunque también la propaganda del Partido Popular removió esas cenizas para reverdecer el “miedo al comunismo” y a un aumento del separatismo de regiones (Cataluña, País Vasco…). Al menos, ésta es mi interpretación. Lo que cuenta es que una mayoría muy definida no quiere al actual gobierno conservador, apegado a la fórmula económica de la Unión Europea y su troica, pero el PP se beneficia con la indefinición de los sectores de centroizquierda.
En Francia, Alemania y otras naciones de Europa, estén o no en la Unión Europea, aparecen nuevos partidos de derecha, incluso con rasgos nazifascistas, que avanzan hacia el poder, basándose particularmente en el rechazo de la aceptación de más inmigrantes. Estos partidos emergentes no asumen públicamente la representación del poder financiero mundial emergente, que no busca ejercer el gobierno, sino dominarlo para que sirva a sus designios.
Las mismas fuerzas pugnan en la Argentina, la región y América. No cabe aquí expresar el detalle de las semejanzas y diferencias. Creo que existen más semejanzas que diferencias y que esto explica que los partidos argentinos transparenten una crisis que no siempre se define correctamente, porque ni siquiera el conservadurismo es ahora el de siempre, precisamente porque hay un nuevo factor que es multi o extra nacional.
Atentamente:
Jotavé

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