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Pasado y presente de la opción electoral

LA SEMANA PAMPEANA

I – A días de las PASO que darán un anticipo del clima político electoral, los pampeanos, y los argentinos, tienen ante sí dos opciones: mirar la realidad de un gobierno que desde que asumió no ha dejado de degradar la vida cotidiana de los argentinos o dejarse seducir por las nuevas promesas que salen a relucir de la boca de los mismos que prometieron y no cumplieron. Empeñado como está el gobierno nacional y sus aliados mediáticos en ocultar el mazazo económico y social que se descargará sobre las cabezas de las mayorías si obtiene una victoria, no explicitan los planes que tienen para el futuro y lo maquillan con frases como «los argentinos juntos somos imparables» y otras del mismo tono que los tres años y medio de gobierno se ocupan de convertir en cartón pintado.

II – En pocos días, el miércoles, el gobernador y su sucesor irán al acto de cierre de campaña opositor donde el candidato a presidente firmará con las provincias un pacto federal de compromiso de gestión. Se trata de una práctica política de larga data en la Argentina. «Los pactos preexistentes» fueron en la historia argentina un antecedente en la organización nacional, imprescindibles para ordenar la administración del Estado Nacional y su relación con los estados provinciales. Hoy, cuando el macrismo intenta retrotraer la relación de la Nación con las provincias a los tiempos preconstitucionales de las veleidades unitarias que centralizaban todos los recursos en la provincia de Buenos Aires y en su ciudad capital (hoy CABA), que la oposición realice como acto principal de campaña, la reivindicación de aquél pacto federal que nos dio origen y convoque a los gobernadores a firmarlo, permite poner en perspectiva histórica lo que está en juego en la Argentina.

III – Otro pampeano cayó en las redes del enfermizo sistema de vigilancia que ha puesto en marcha el macrismo. Un joven bromeó en Facebook contra la figura presidencial y le cayeron como si se tratara del Chacal de la recordada película que quería matar al presidente de Estados Unidos. El proceso que se le ha iniciado al joven permiten dudar de la «inteligencia» de quienes manejan estos sistemas de vigilancia, que dependen de la Secretaría de Inteligencia del Estado. Por la web y por las redes sociales de celulares circulan a diario infinidad de bromas similares que, mal leídas, podrían ser tomadas por supuestas intenciones de realizar actos delictivos. Con solo leer los posteos que se reciben en los grupos de wassap, no le alcanzaría el tiempo material a la policía para detener, interrogar y procesar a cientos de miles, si no millones, de personas que diariamente se hacen eco de esta nueva forma de intercambio de bromas o supuestas bromas. Junto con el espantoso sistema de reconocimiento facial, que en estos días, se supo, motivó la detención de un joven durante seis días (¡seis días!) acusado de un robo en la ciudad de Bahía Blanca, localidad que el detenido no conocía siquiera, el sistema de vigilancia de la actividad en las redes conforma una trama de control del pensamiento y dominación de la sociedad que hubiera sido la envidia de Benito Mussolini o de Adolfo Hitler.

IV – Durante años y hasta el gobierno de Macri, los argentinos vimos por televisión pancartas de manifestantes del campo, caceroleros porteños de barrio Norte y otras expresiones de protesta que, a la vista de la policía y con su protección, amenazaban de muerte a la ex presidenta y a los kirchneristas en general con figuras de personas colgadas o acuchilladas, sin que a los aludidos, que ostentaban el mismo poder que Macri ostenta hoy se les ocurriera pensar que ese exabrupto podría motivar una acción penal. Hoy vemos como se intenta naturalizar la puesta en marcha de mecanismos represivos inauditos para perseguir a los opositores como el que, meses atrás, tuvo como perseguido y víctima al profesor universitario Aníbal Prina, acusado de arrojar huevos al paso de la caravana presidencial.

V – A nadie escapa que no se trata de errores o de temas que pueden ser motivo de discusión y debate. Se trata de una precisa campaña de miedo que tiene como objetivo evitar o atenuar la protesta social que reacciona a la política de ajuste de los sectores más pobres de la Argentina. Perseguir a quienes protestan yendo a los actos del presidente o usan las redes sociales para expresar su opinión es copiar, en baja intensidad, la receta de los golpes militares. Solo una cuestión de grado separa los encarcelamientos de Prina o el joven que posteó en Facebook de lo que sufrieron cientos de pampeanos en épocas oscuras. Como todos los actos represivos, más ajuste se aplica sobre la población, mayor es la necesidad de reprimir. Los casos de Santiago Maldonado o de Rafael Nahuel formaron parte de esa escalada de violencia estatal que se frenó por la indignada reacción de la sociedad argentina. Pero forman parte del plan de gobierno y los pampeanos podemos dar cuenta de ello en la persecución de la que es objeto, nuevamente, un comprovinciano. (LVS)