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¡Patapúfete! Ahora sí que pasaron cosas

LAS PASO FUERON ALGO MAS QUE UNA GRAN ENCUESTA

La realidad triunfó sobre la ficción y una enorme victoria popular hirió de muerte al macrismo. La respuesta: un golpe de mercado. La participación y el protagonismo popular serán decisivos.
EDUARDO LUCITA*
¡Patapúfete! era un recurso dialéctico que utilizaba el cómico Pepe Biondi en los años sesenta cuando en su historia le aparecían cosas impensadas. Y eso es lo que pasó el domingo pasado. No ha sido uno sino una bandada de cisnes negros la que sobrevoló todo el territorio nacional y culminó con un resultado electoral que superó ampliamente las estimaciones previas.
El gobierno instaló que estas PASO eran algo más que una gran encuesta, que con ciertos resultados -no perder por más de cuatro o cinco puntos a nivel nacional- estaría garantizado el balotaje e incluso la posibilidad de ganar en primera vuelta. Recurrió a distintas estrategias y maniobras, incluso una euforia artificial de las cotizaciones de bonos y acciones, impulsada con fondos de la Anses, bancos oficiales y algunas encuestas de dudosa credibilidad. Una maniobra desesperada ante la evidencia de una derrota mayor a la esperada. Los medios hegemónicos no dudaron: «los mercados ya habían votado».
Efectivamente las PASO resultaron algo más que una gran encuesta, pero en el sentido contrario al esperado por el oficialismo. Una diferencia de 15 puntos a favor de la fórmula Fernández-Fernández a nivel nacional y de 17 puntos a favor de Kicillof-Magario en provincia de Buenos Aires, hablan de una derrota aplastante. El amarillo fue superado en 22 de los 24 distritos electorales, persiste en Córdoba y CABA pero perdiendo votos.

Contra el establishment.
Fue una victoria popular, un voto de las mayorías canalizado a través del panperonismo. Si se mira con detenimiento la distribución geográfica de los votos el corte por clases es evidente. En cierta medida fue un acto de resistencia del trabajo frente a la voracidad del capital. El macrismo y su gobierno de CEOs, el círculo rojo y también el FMI, Donald Trump y Jair Bolsonaro, fueron los grandes derrotados.
El gobierno argumenta que fue un voto bronca producto de la mala situación económica, esto seguro influyó pero no hay que ningunear la comprensión en vastos sectores de la sociedad que este gobierno de ricos -plutocracia según el diccionario- concentraba más la riqueza y expandía más la pobreza. Ergo: los dejaba sin esperanza alguna.
Adicionalmente hay que computar un rechazo a la lógica de la inserción internacional que propone el presidente Macri, demasiado ligado a la visión de Trump y Bolsonaro, lo que pone en evidencia, como escribió el analista Fernando Rosso, que el ascenso de la derecha neoliberal en la región es un hecho pero también que no logra consolidarse y tiene límites.

El golpe de mercado.
La vulnerabilidad de nuestra economía ha quedado una vez más expuesta tanto por la nueva ronda de disputas geopolíticas, como por las especulaciones electorales. La escalada comercial EEUU-China, la baja de tasas de la Reserva Federal, el oportunismo especulativo de los fondos de inversión, las maniobras con fondos oficiales para inducir un alza de la bolsa, todo influye en el comportamiento de los indicadores de riesgo (tipo de cambio, tasa de interés, riesgo país).
Es que la completa desregulación desde el inicio mismo del gobierno Macri, el endeudamiento récord, el libre movimiento de capitales, la especulación financiera que hoy se centra en la Leliqs, han dejado una economía librada a los movimientos del mercado. En este contexto el golpe financiero de este lunes, ha sido una respuesta al resultado electoral pero también porque los «mercados» perciben la insostenibilidad de la deuda. No es solo los compromisos con el FMI, que ya ha dado un principio de aceptación a la extensión de los plazos, se verá a qué costo, sino porque se ven venir una reestructuración de la deuda privada impuesta por una economía débil y muy frágil que no puede generar recursos para pagarla. La nueva devaluación complica aún más la situación.

Responsabilidad del gobierno.
El BCRA dejó correr la devaluación (intervino muy tardíamente), al gobierno no le importó el costo social que lleva implícita, por el contrario buscó sacar beneficios políticos responsabilizando a la oposición triunfante. Ganar votos sobre el sufrimiento de la gente. Una suerte de chantaje a la sociedad, una vuelta al recurso del miedo.
Los resultados del golpe de mercado son devastadores: el peso se devaluó casi un 25 por ciento en un solo día, la tasa fue llevada al 74 por ciento, acciones y bonos tuvieron una caída histórica y el riesgo país superó los 1900 puntos básicos. Esto significa que para renovar los vencimientos de los bonos el país debiera pagar una tasa del 18,6 por ciento en dólares. Nadie prestaría a esa tasa impagable.
Pero los efectos son mayores en la economía real: no hay precios de referencia, tampoco crédito y el capital de trabajo escasea. La actividad está totalmente paralizada. La devaluación se trasladará a precios -ya hay remarcaciones y riesgo de desabastecimiento- y esto realimentará la inflación, será un nuevo golpe a los salarios e ingresos populares, la demanda y el consumo volverán a caer y la recesión, ya de por sí profunda, se profundizará más aún.

A la deriva.
El gobierno demuestra así su verdadera naturaleza. Expresa el interés de las clases dominantes, aunque privilegia al capital financiero y al agro más concentrado, pero no tiene fuste ni capacidad para ser expresión de clase dirigente. Las últimas dos apariciones públicas del presidente hablan por sí solas de esta incapacidad. Las urnas han abierto un tiempo de transición con un presidente virtual que tiene que esperar a fin de octubre para hacerse del poder político y un presidente en funciones cuyo poder político se ha licuado.
El país está a la deriva. El golpe de mercado del lunes y la actitud displicente del gobierno constituyen un llamado de atención para los sectores populares. Los trabajadores y trabajadoras, los sindicatos, los movimientos sociales, las organizaciones populares deben denunciar este vacío de poder y los riesgos que contiene y estar preparados a movilizarse frente a este o al próximo gobierno en defensa de sus intereses concretos. Se abre una nueva etapa de gran inestabilidad política y económica, las luchas y resistencias por venir necesitarán una perspectiva anticapitalista.

*Integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda).