Pelea interna por cargos estatales

Días atrás tuvo lugar un fuerte debate en torno a la ocupación de cargos en organismos nacionales que funcionan en la provincia. Siete empleados y militantes de una corriente interna del PJ fueron desplazados y esos puestos pasaron a ser ocupados por integrantes de otra línea interna del peronismo.
No fueron menores las voces que se levantaron para protestar contra esta “injusticia”. Las dos que más vuelo tomaron fueron la de altos dirigentes de la línea histórica Convergencia Peronista: el presidente del PJ y cuatro veces gobernador y la actual vicegobernadora. Ambos no ahorraron críticas contra la agrupación kirchnerista La Cámpora por haber pergeñado la maniobra. Denunciaron que en el Renar, el organismo que se ocupa de la inscripción de las armas de fuego a nivel nacional, fueron despedidas siete personas que estaban identificadas políticamente con el marinismo, y que en su reemplazo fueron designados militantes camporistas.
Aunque a los dirigentes de La Cámpora no les gusta demasiado salir a hablar públicamente y por lo general reúyen los contactos con la prensa, en este caso replicaron que ya hacía un año y medio que los marinistas habían sido contratados pero que no habían ocupado sus cargos, por lo cual tampoco habían puesto en marcha la oficina en la provincia. Desde el marinismo se justificó que los ex empleados estaban haciendo un curso de capacitación en Buenos Aires y que por esa razón todavía no habían ocupado sus puestos de trabajo. Sin embargo es sabido que esos cursos no duran meses, sino apenas días.
Esta pelea interna en el justicialismo por la ocupación de cargos en el Estado no es en absoluto novedosa. Convergencia accedió a esos cargos en dependencias nacionales en los últimos años para abastecer con puestos remunerados a sus militantes y porque ya está lejos de poder hacerlo, como tradicionalmente lo hizo, en la administración pública provincial.
Más allá de cualquier otra consideración política, en este cruce entre dirigentes de dos líneas internas del peronismo quedó en un lejano segundo plano lo más importante, el tema de fondo. Entre el ruido provocado por las recriminaciones y justificaciones acerca de por qué unos se quedan y otros se van de una oficina pública, nadie reparó en que esta mezquina pelea es únicamente por colocar a militantes políticos en puestos rentados, partidizando al Estado y convirtiéndolo en un coto de las redes clientelares de la política. Así, nadie habló ni mostró preocupación por el buen funcionamiento de esa y de todas las dependencias del Estado -nacional y provincial-, si cumplen acabadamente o no con su función específica, si atienden bien o no al público, si los trámites se realizan en tiempo y forma, si todos sus empleados trabajan y no hay “puesteros” ociosos con “banca de arriba” para hacer y deshacer a su antojo.
Como siempre, la necesidad política inmediata ocultó la cuestión de fondo y el debate se empobreció apenas empezó. El tema fue reducido a una mera pelea política interna olvidándose de lo más importante: la calidad de la prestación de los servicios que deben brindarse al público y cómo debe ser la selección de personal en la administración pública.