Inicio Opinion Pelotazos en contra

Pelotazos en contra

Las largas colas de automóviles entrando a Monte Hermoso provocaron una ola de indignación en las redes sociales. Es que la fila de cinco kilómetros de largo, justo el día en que se ponían en marcha las condiciones de aislamiento social por la epidemia de coronavirus, no podía pasar desapercibida para quienes se tomaron con más responsabilidad las medidas lanzadas por el gobierno.
A pesar de las muestras de repudio que inundaron internet, a los pocos días volvió a ocurrir lo mismo aunque esta vez en dos balnearios más coquetos: Pinamar y Villa Gessel.
Pero si bien fueron las manifestaciones de irresponsabilidad social más visibles, no fueron las únicas. Las declaraciones de ciertos personajes de la farándula, cuya inteligencia es inversamente proporcional a su fama, mostraron que esa fauna deplorable de la televisión vespertina -la peor entre las peores de la telebasura- no tiene otro propósito en la vida que alcanzar notoriedad y llenar sus billeteras a cualquier precio, sin un miligramo de conciencia ni de interés por el prójimo. En el colmo de la imbecilidad, llegaron a ufanarse de sus conductas irresponsables y de desoír las recomendaciones gubernamentales para minimizar los riesgos de contagio.
Sin embargo lo que debería preocupar más que los «vivos» que confundieron licencia sanitaria con vacaciones y las bajezas de las figuritas televisivas, que en el conjunto social no son tantos, por fortuna, es el comportamiento mucho más generalizado que se observa en los centros de compras. El afán desmedido por llenar los changuitos de los supermercados con el fin de estoquear productos a niveles ridículos es propio de quienes tienen el coeficiente de solidaridad social de un protozoo, de quienes no sienten por el prójimo el mínimo interés, de quienes ni siquiera registran en su radar la presencia del otro.
Ese individualismo rapaz es el que se pudo ver en tantas imágenes que se divulgaron por las redes de señores y señoras que seguramente son buenos padres/madres o abuelos/abuelas pero que se comportan como fieras hambrientas apenas trasponen la puerta del súper y solo calman sus nervios cuando barren con los estantes donde está el alcohol, el jabón, la yerba, el papel higiénico o el aceite.
Pero todos estos casos mencionados como ejemplos despreciables, empalidecen frente a los peores de todos: los que se sienten con derecho a escaparse del confinamiento obligatorio por mostrar síntomas sospechosos o por llegar de viaje de países infectados. En este caso el nivel de irresponsabilidad y ausencia total de empatía por el daño sanitario al que exponen a sus semejantes es alarmante.
Hasta las personas más benévolas y tranquilas llegan a perder la calma frente a estos energúmenos, sin embargo hay que hacer el esfuerzo y tragarse la justificada indignación. Estamos en tiempos difíciles y por lo tanto es necesario mantener la templanza para lograr niveles aceptables de buena convivencia y paz social, lo más preciado en estos días aciagos. La búsqueda del bien común debería guiar nuestros pasos hoy más que nunca, aunque en el camino tropecemos con estos ejemplares tan dignos de un improperio.