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Pequeños milagros que encienden una esperanza

PENSAMIENTOS AISLADOS

Hace una semana, desde esta misma columna se aludía en forma irónica y con un juego de palabras al alto precio de la uva en la Argentina. No sólo porque el noble producto que es materia prima para el vino ciertamente es tan costoso como otras frutas del mercado nacional, sino porque cuando en nuestro país se habla de uva son muchos los adjudicatarios de Unidades de Valor Adquisitivo a los que les corre un frío por el cuerpo.
Pero esta semana llegaron algunas buenas noticias de parte del ministro de Desarrollo Territorial y Hábitat, Jorge Ferraresi, quien anunció una serie de modificaciones que permitirán atenuar la situación de los comprometidos adjudicatarios. Con algo del sentido común que se pide en estos casos, el funcionario habló de subsidiar cuotas con fondos previstos para tal fin y del acompañamiento con un monitoreo directo del Banco Central, siempre custodiando la situación de los tenedores de créditos.
El ministro detalló que la mayoría de la operatoria está en manos de entidades oficiales, como el Banco Nación, el Provincia de Buenos Aires y el Hipotecario, que saldrán de la modalidad UVA para reconvertirlo en otra operatoria, que se ajustará con la evolución de los salarios. Las nuevas fórmulas le darán algo de racionalidad y hará un poco más previsible a un sistema que ciertamente se había disparado a niveles impagables.
No está de más mencionar que, como casi siempre, los dirigentes opositores salieron a cuestionar. Increíble pero real, los mismos que impusieron el sistema y los aliados que avalaron desde el silencio, ahora reclaman que la solución debe ser «más de fondo». Eso y terminar pidiendo que la operatoria termine teniendo los mismos beneficios que el Procrear original que ellos también criticaron, los ubica en un lugar incómodo, por no decir ridículo.
Sea como sea, ahora los beneficiarios no se verán perjudicados y tendrán un sistema de reaseguro que obligará a las entidades financieras a ofrecer facilidades a los deudores cada vez que la incidencia de las cuotas supere el 35 por ciento de los ingresos familiares.
Nada se dijo de la atención a los casos más puntuales de indefensión, los de las parejas separadas en los que las madres de familia pierden el aporte conjunto del padre para seguir afrontando la misma cuota. El ministro habló de buscar un «encuadre justo y de tranquilidad», así que se supone que también se atenderán dentro de este marco estos «casos de riesgo».

Una más para los bancos.

Los bancos no las tienen todas consigo en los últimos días, aunque todos saben que al final son los que siempre terminan ganando. Porque estas reformas crediticias obligarán a las entidades financieras privadas que también otorgaron estos créditos a ponerse a tono con la banca oficial, por aquello de darle igual tratamiento a la clientela.
Pero ahora, además de estas adecuaciones, rebajas y reformulaciones, también tendrán que empezar a poner «las barbas en remojo» y ocuparse de una vez por todas y en serio del tema de las estafas telefónicas que afectan las cuentas de sus clientes. Les llueven cuestionamientos judiciales por un lado y proyectos legislativos por el otro. Y algo tendrán que hacer, al menos para demostrar que tienen real interés en defender a sus clientes, a esos a los que se dirigen todos los días desde las publicidades, diciendo que les interesa ayudarlos a mejorar su calidad de vida y facilitarles el manejo de sus cuentas. El futuro nos dirá si transforman esas preocupaciones en hechos reales y concretos.
Y así las cosas, la semana nos regaló una de esas «perlitas» que se ven de tanto en tanto en este bendito país. Porque 24 horas después de conocerse los índices inflacionarios, que superaron el 4 por ciento mensual, casi en paralelo con la entrevista del presidente Alberto Fernández con el Papa Francisco, pasó algo parecido a un milagro. No se transformó el agua en vino, pero al menos se frenó el aumento de la uva. Y al menos dejó una esperanza, la de pensar que aunque sea lentamente todo empiece otra vez a mejorar.

DANIEL ESPOSITO