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Periodismo y verdad

Una petición presentada en el Parlamento australiano el fin de semana pasado, destinada a promover una investigación pública del funcionamiento del imperio de prensa montado por Rupert Murdoch, recibió el apoyo de más de 200.000 ciudadanos, y provocó el colapso del sitio de internet legislativo.
La petición era bien simple: que se investiguen los procedimientos de una mega empresa periodística que concentra dos tercios de la circulación de la prensa nacional, y que se especializa en promover la elección de políticos de derecha, difundir falsas noticias sin pudor alguno, denigrar la ecología y el cambio climático, y hasta promover mensajes racistas.
Murdoch no sólo ha poluído a la democracia de su país de origen, Australia. En el Reino Unido, sus tabloides (con «The Sun» a la cabeza) han sido los responsables de maniobras de espionaje ilegal, y de la campaña para separar al país de la Unión Europea. En EEUU, su cadena «Fox News» bien podría reclamar el derecho de autoría por la invención de Trump. En todos los casos, los recursos que se usaron fueron invariablemente reñidos con la más elemental ética periodística.
El descontento en Australia viene creciendo, no solo por el notorio daño que le hace a la democracia esta falta de diversidad en los medios de comunicación, y por las mentiras que ofenden el pudor de una ciudadanía honesta, sino también por la criminal subestimación que hicieron esos medios de los graves incendios que asolaron el país el verano pasado.
Entre nosotros, estas noticias no pueden sino hacer sonar campanas familiares. Una iniciativa parlamentaria, destinada a crear un instituto para monitorear y señalar públicamente las falsas noticias, ha sido rechazada por distintas organizaciones «de prensa». Entre ellas, y en forma prominente, la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA), que por estos días no pasa de ser uno más de los seudónimos que emplea el Grupo Clarín para hacer avanzar su agenda.
La tímida iniciativa -el gabinete creado carece de toda facultad sancionatoria- ha hecho sonar las alarmas en los autoproclamados defensores de la libertad de prensa, para quienes cualquier posibilidad de que se debata sobre el ejercicio del periodismo constituye una amenaza.
Curiosamente señalan, para fundar su rechazo, el hecho de que los integrantes de NODIO (así se llama el organismo) sean todos de una misma corriente política, esto es, de sectores progresistas, aunque esa palabra les resulta impronunciable. No es ninguna casualidad. Las falsas noticias que instala Clarín y su cohorte de medios satélites, buscan precisamente interferir en la voluntad popular para promover políticos de derecha y desprestigiar a los de los sectores progresistas. Para ejemplo baste la operación ilícita que se realizó en contra del candidato oficialista a la gobernación de la Provincia de Buenos Aires durante la campaña electoral de 2015.
Las noticias falsas, el espionaje y las operaciones políticas son una preocupación de todo el periodismo honesto, porque su materia prima es la verdad. Sin ese oxígeno indispensable, no hay periodismo, ni república, ni democracia.