Persecuciones peligrosas

Una joven de 27 años se debate en estas horas entre la vida y la muerte luego de ser impactada por un auto que era perseguido por la policía. El conductor del vehículo había sido visto por testigos minutos antes robando un estéreo de un automóvil al que le había roto uno de los vidrios. Alertada la policía, se hizo presente en el lugar un patrullero que, al ser advertido por el ladrón, éste se subió a su auto y salió a toda velocidad perseguido por los uniformados.
En esa persecución, el auto del que huía embistió a la joven que se desplazaba en un moto en la esquina de Chile y México provocándole heridas que motivaron su internación en el hospital con un pronóstico reservado.
El caso le planteó nuevamente a la sociedad pampeana la necesidad de conocer el protocolo con el que se manejan los uniformados cuando deben perseguir a una persona que huye a alta velocidad violando las normas de tránsito.
Los vecinos, que en ese trance pierden la seguridad que da el entendimiento de que todos los vehículos que circulan lo hacen a cierta velocidad, respetando las normas de paso y las manos y contramanos, son expuestos así por el que huye y por quien persigue que, a la vez que va también violando las normas de seguridad en el tránsito, provoca además que el perseguido aumente aún más la velocidad y cometa más y más graves violaciones poniendo en riesgo la vida de los que se le cruzan.
Se da así la paradoja de que, quienes deben velar por la seguridad de la población, la ponen en riesgo persiguiendo delitos y faltas que, aún penadas por la ley y por el Código de Tránsito, no ponen en riesgo la vida de los ciudadanos. Robar un estéreo, circular sin casco, huir de un control, no representan per se un peligro para la vida de las personas. Pero si la policía no logra detener a esas personas y, en cambio, procura hacerlo iniciando una persecución, la sinergia de esa decisión policial motivará que la huida se prolongue en el tiempo y en el espacio y se vuelva cada vez más peligrosa para los vecinos.
Todavía está fresco en el recuerdo de los santarroseños la muerte de un joven que huyó de un control de tránsito y, perseguido por la policía a altísima velocidad por las calles de la zona norte capitalina, terminó con la muerte del que huía al chocar contra una casa. Si no hubo que lamentar más muertes o heridos en el periplo enloquecido del que huía y de quienes lo perseguían fue porque la suerte quiso que nadie se cruzara
Semanas atrás hubo un móvil oficial que perseguía en General Acha a un infractor menor del código de tránsito y que presuntamente huyó en un ciclomotor, provocó un gravísimo accidente en el casco urbano de esa ciudad que pudo haber tenido consecuencias mucho mayores y que sólo la casualidad hizo que no las tuviera.
La censura policial ha intentado ocultar esos y otros casos, pero se sabe que los patrulleros han provocado graves accidentes en persecuciones que de ninguna manera justificaban poner en riesgo la seguridad de los conductores y peatones.
Días atrás la Fundación Estrellas Amarillas, le advirtió a las autoridades que estaban actuando de una manera peligrosa al realizar esas persecuciones por las zonas urbanas a alta velocidad. La Fundación consideró que con las cámaras que presuntamente funcionan en la ciudad más otras que deberían ubicarse en lugares estratégicos, se podría detener de manera más racional e inteligente a infractores y delincuentes.
A estar por el caso que comentamos al inicio y que tiene entre la vida y la muerte a una joven, esa recomendación ha caído en saco roto.