Playa Girón, el primer aniversario de un gran victoria, sin Fidel

FUE GRAN DERROTA DE UNA INVASION ORGANIZADA POR EEUU

En Playa Girón la revolución cubana aprobó un primer examen, al rechazar la invasión organizada por Estados Unidos. Esa gran victoria fue en abril de 1961. En este abril de 2017 es el primer aniversario sin Fidel Castro, su artífice.
EMILIO MARÍN
Los norteamericanos decidieron invadir Cuba para derrocar su gobierno revolucionario mucho antes de abril de 1961. Dwight Eisenhower dio autorización a la CIA para eso y rompió las relaciones con la isla en enero de ese año, en las postrimerías de su mandato.
Quien llevó adelante el plan invasivo fue su continuador, con fama de buenito, John F. Kennedy. El recaudo fue que EE UU no apareciera directamente como el agresor. Disimularía la autoría por medio de cubanos reclutados, entrenados, pagados, armados y desembarcados por el imperio.
¿Por qué tanto odio para con la patria de José Martí? Los norteamericanos siempre consideraron a Cuba como prolongación de sus dominios. Y más desde que lograron que cayera como higo maduro en su canasta, sobre el final de la lucha independentista cubana contra la metrópoli española.
Ese odio se multiplicó cuando la revolución dirigida por Fidel Castro aprobó la ley de reforma agraria en mayo-junio de 1959 y empezó a entregar la tierra a los campesinos. Nadie podría poseer más de 402 hectáreas y la tierra de quien la trabaja. Ahí comenzó la gran conspiración de Washington para barrer a esos barbudos que atentaban contra la propiedad privada…
No querían admitir que la invasión era estadounidense, por eso los yanquis comenzaron el adiestramiento de la soldadesca en una base propia, Fort Knox, en La Florida, pero pronto lo trasladaron a bases en Guatemala. Obvio, siempre bajo la batuta de militares norteamericanos y el control operativo de la CIA dirigida por Allen Dulles.
Las malas causas, pésimas en este caso, necesitan una propaganda mentirosa para denigrar al enemigo y sembrar confusión en el país a atacar y en la región latinoamericana. También para dar ánimos a la tropa invasora, para que creyera que sería apoyada por la población, aunque ésta no los iba a recibir precisamente como unos héroes. Y ese rol de propaganda sucia lo cumplió la Radio Swan, instalada en Islas del Cisne -cuya propiedad disputaban Honduras y EE UU- con un programa dedicado las 24 horas a Cuba. Eso era una parte del dispositivo. Los diarios norteamericanos, aún los más “serios”, también mentían a rolete, como las agencias internacionales AP y UPI. Algunas lo hacían por identidad política con la causa invasora, otras por lo que ahora se llama “pauta publicitaria”, léase plata, y otras argumentando razones de seguridad. Todo era bueno para demonizar a la isla que había dejado de ser el garito norteamericano y empezaba a ser un faro revolucionario en el Caribe.

A traición.
Los norteamericanos se quejaron de la traición japonesa de Pearl Harbour, pero en Cuba se comportaron igual. El 15 de abril atacaron con bombarderos B-26 y descargaron 20.800 libras de TNT sobre tres aeropuertos cubanos. Las máquinas llevaban pintados los colores de Cuba, para que la defensa antiaérea no les disparase. Y después de cometer el crimen aterrizaron en EE UU diciendo que eran pilotos desertores. Todo fue maquinado por la CIA, simulando que USA no tenía nada que ver. Supuestamente era una rebeldía interna contra la “tiranía” de Castro.
Esos aviones partieron de Happy Valley, en la base de Puerto Cabezas, Nicaragua, el mismo lugar donde se embarcaron 1.500 soldados de la Brigada 2506 para atacar. Los yanquis le habían puesto “Operación Pluto” al operativo invasor. La expedición fue despedida en Nicaragua por el dictador Luis Somoza, lo que daba una idea de no tener nada que ver con la libertad sino en reponer una dictadura como la de Fulgencio Batista.
Y allí estuvo la base de la derrota norteamericana: subestimar los cambios sociales profundos que la revolución había entrañado en tanto poco tiempo. Y eso, la política, fue lo que determinó en última instancia la derrota militar de la Brigada que tenía como jefe en el terreno a José Pérez San Román.
El gobierno fidelista les había ido trastocando los planes a los invasores. La CIA había elegido en principio un proyecto que se copiaba en cierto sentido de la Sierra Maestra: desembarcar en Trinidad y armar columnas contrarrevolucionarias en las sierras del Escambray. Ese libreto tuvo que ser cambiado, porque a partir de la revolución se produjo “La limpia” del Escambray, con maestros alfabetizadores, atención a la salud y organización de milicias. Esa zona fue ganada ampliamente por el liderazgo de Fidel.
Y por lo tanto, en noviembre de 1960 la CIA debió cambiar a un plan B: pasaron a entrenar una tropa que desembarcara en un punto y se aguantara una semana, para llevar a unos figurones que EE UU había organizado como “gobierno interino” de Cuba. Invocarían que ese “gobierno” había pedido ayuda para justificar el derecho a intervención de tropas norteamericanas.
Eligieron la zona de Ciénaga de Zapata, al sur de Matanzas, que presentaba condiciones muy favorables para que tropas pudieran hacerse fuertes en ese lapso, hasta que EE UU interviniera. También allí les fue mal, porque ya antes Fidel también había andado en la zona, mejorando las condiciones de sus humildes trabajadores dedicados al carbón, quienes pasaron de ganar uno a diez pesos, superando la brutal explotación. Además de escuelas, becas para que los jóvenes de allí estudiaran en ciudades cercanas, sanidad, etc, se construyeron dos caminos que incidieron en la lucha posterior, porque por allí llegaron el Ejército Rebelde y los batallones de milicianos.
La batalla propiamente dicha duró menos de tres días, entre el 16 y el 19 de abril de 1961. La lucha fue allí, pero toda la isla se movilizó, en alerta máxima de combate. Los invasores fueron arrollados, a diferencia de la mentira que les había hecho creer radio Swan. En dos años la mayoría de la población apoyaba con alma y vida el proceso de cambio, y no quería volver a la semicolonia. El protagonismo popular y la puesta de pie de las Milicias Nacionales Revolucionarias con 600.000 efectivos, así lo demostraba.
Otro dato de apoyo popular y efectividad del gobierno: el 15 de abril, el día antes de la invasión, la seguridad cubana del G-2, dirigida por Ramiro Valdés, y en base a la colaboración de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), detuvo a 2.500 contrarrevolucionarios, contactos de la CIA. No cabían en los locales de la seguridad y fueron llevados al teatro Blanquita. Eso confirmó una ley demostrada por la URSS frente a la agresión nazi: para derrotar al invasor hay que barrer a su quintacolumna, entre otros requisitos.

Fidel, comandante.
En los combates fueron muertos 176 mercenarios de la Brigada 2506 y otros 1.197 fueron hechos prisioneros, cuyas vidas fueron respetadas, exceptuando a cinco genocidas que tenían causas y fueron fusilados. El resto fue bien tratado en las cárceles y canjeado a EE UU por alimentos y medicinas. Los derrotados perdieron 11 aviones y dos barcos fueron hundidos.
Eso no fue gratis para el pueblo vencedor, porque ofrendaron sus vidas 156 defensores y cerca de 800 resultaron heridos. Fue un duro precio para que el mal vecino tuviera que ir aprendiendo a respetar lo decidido por un país decidido a andar por la vida sin preguntarle qué hacer al Tío Sam.
Entre las muchas consecuencias de Girón se pueden sintetizar tres.
Una, desde el punto de vista político-militar, la victoria potenció al Ejército Rebelde, la Policía Nacional Revolucionaria y las Milicias Nacionales Revolucionarias, que se convirtieron en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), nombre con el cual se llamó al salto cualitativo de Girón.
Dos, el pueblo se había librado dos años antes de Batista, en una revolución democrático-popular bien avanzada, con reforma agraria y otras bondades de quienes rompían con un capitalismo semicolonial. En Girón se dio otro nacimiento, porque el primer día del ataque aéreo traicionero que provocó 7 muertos, en el entierro de éstos, su líder proclamó el carácter socialista de la revolución. El Primer Territorio Libre de América Latina se reconocía socialista. Devolución de gentilezas al imperio, a 90 millas de sus costas.
Y tres, Fidel ya venía con los galones ganados por su rol en el ataque al Cuartel Moncada y en Sierra Maestra, pero en Girón completó su “doctorado” revolucionario, el mismo que siguió revalidando hasta su muerte el 25 de noviembre de 2016. Él se anticipó a la invasión. Acertó dónde sería el desembarco. Dio las órdenes justas para extirpar ese cáncer en forma urgente. Movió a sus tropas día y noche. Y, sobre todo, se puso a la cabeza de la defensa, aún cuando sus hombres no querían que se arriesgara en el combate. El entonces primer ministro reclamó a viva voz su derecho a arriesgar su vida por su patria y tuvieron que dejarlo combatir. En Girón y arriba de un tanque, ese hombre de 34 años se convirtió en leyenda mayor. De abogado a comandante, de la facultad al Moncada, al exilio, al Granma, a la Sierra y a La Habana. De allí a Girón. No había con qué darle. Todavía se canta: “¿Qué tiene Fidel, que los imperialistas no pueden con él?”.
En este primer aniversario de aquella batalla en que el gran protagonista no está vivo, al cronista, sentimental, se le ocurrió recordarlo de esta manera.