Pobreza cero “no era para ser cumplida”

¿LOS VOTANTES DE MACRI, CREYERON SUS PROMESAS?

La cacareada promesa del macrismo se parece demasiado a la preocupación por los pobres que brota de repente en tantas almas caritativas en las vísperas de Navidad.
JORGE HALPERIN – En estos días, cuando se informa sobre el aumento de la pobreza, me detengo a pensar en el sentido de la idea de “pobreza cero” tan absurdamente reivindicada por Macri en campaña y tan reverberada en los medios dominantes. Por supuesto que nunca creí ni remotamente que fuera un objetivo real del entonces millonario aspirante a presidente y, a decir verdad, tampoco me convence la idea de que lo fuera para sus votantes.
Parece claro que el voto masivo a Macri fue una combinación de contenidos aspiracionales y de rechazo a la versión kirchnerista del peronismo y sus políticas igualitarias. Entonces, es de sentido común preguntarse: ¿por qué razón el millonario que gestionó dos períodos de gobierno de CABA y bendice el tercer período sin dejar de agravar las condiciones de pobreza y desigualdad entre el Norte y el Sur del municipio más rico habría de interesarse en un tema que contradice sus políticas?

Simulación.
Jean Baudrillard caracterizaba la decadencia de nuestra época graficando con la política, que, según él, es un terreno en que reina un pacto de simulación por el cual el gobernante simula que lo hace por el bienestar de la sociedad, y la sociedad simula estar interesada en la gestión de sus gobernantes. Algo de eso dio a entender la vicepresidenta Gabriela Michetti cuando, interrogada por tanta promesa incumplida, dijo suelta de cuerpo que no eran para ser cumplidas sino sólo “aspiracionales, un camino”.
Ya en 2002, antes de llegar a Jefe de Gobierno, la visión de Macri era cristalina para todos cuando sentenciaba, por ejemplo, que “los cartoneros tienen una actitud delictiva porque se roban la basura; Además, no pagan impuestos”. Y recuerda el sitio La Barraca que, desde que asumió el gobierno de CABA, las denuncias por falta de presupuesto para la atención de los sectores más desprotegidos son una constante: salud, educación y vivienda son las áreas más desatendidas, mientras que los gastos en publicidad o seguridad siempre aumentan significativamente.
Citan como ejemplo el presupuesto ejecutado en el año 2013, aunque cuadros similares se presentan cada año: caídas en los programas de Asistencia Social Descentralizada, en la Asistencia Inmediata a la Emergencia Social, en la Atención a Niños y Niñas en situaciones de emergencia, en la Atención a Niñez y Adolescencia Vulnerables, en la Capacitación de Niños/as y Adolescentes. En todos los casos subejecutaron sus partidas. En ese mismo 2013 las Becas Estudiantiles del Ministerio de Educación debían cubrir las necesidades de 41 mil alumnos, pero al concluir ese año llegaron tan sólo a 7 mil estudiantes, es decir que sólo cumplieron con el 17,65%.
Pasó lo mismo en el área de vivienda, donde hubo una doble reducción. Una caída en términos absolutos y, por otro lado, una fuerte subejecución. El Instituto para la Vivienda nunca ejecutó la totalidad del presupuesto asignado.

Los números hablan.
Las estadísticas de la Ciudad de Buenos Aires dieron cuenta de una caída del poder adquisitivo de 8,7 puntos en 2016. Pero, mientras que para el 20 por ciento más pobre la baja fue del 10,2 por ciento, para el 20 más rico, de solo 1,8. El Sur de la ciudad tiene el mismo gobierno que el Norte de la ciudad, pero se amplió la brecha entre ricos y pobres y entre el Norte y el Sur de Buenos Aires. Y volvió a ocurrir en 2017 y 2018. No son debilidades de un gobernante, sino políticas excluyentes aplicadas sistemáticamente.
Aun cuando los medios oficialistas y la mayoría de los medios han blindado continuamente al PRO por razones políticas y de pauta oficial, no tengo dudas de que de muchas formas la realidad permea, que sabemos más de lo que decimos saber, y que aquel “muestrario” de las prioridades de Macri y todo su equipo siempre estuvo a la vista de los porteños como para que pudieran haberse confundido y confiado ingenuamente que su promesa de “pobreza cero” tenía algún sustento en los hechos.
Concedo que, ante este dilema se apunte a la “posverdad”, que dictamina que los hechos pierden frente a las creencias. E imagino, por lo menos, dos razones para explicarnos este juego que Víctor Hugo bautizó “Mentime que me gusta”: Una estrategia fuerte de la campaña para alejar al kirchnerismo del gobierno consistió en mostrar como falsos sus logros, en particular en esa materia sensible del mundo K que es la pobreza y las desigualdades. Desde el trabajo de desacreditar los indicadores positivos señalando que es otra de las mentiras del Indec (nunca será menor el daño que se hizo con la intervención del área estadística), hasta opacar los avances centrándose en bolsones de pobreza que no dejaron de existir y en el aumento de las poblaciones villeras que, para el conocedor, no tiene por qué reflejar un empeoramiento sino nudos estructurales que no son fáciles de resolver.
Es decir, parte de la estrategia de Cambiemos y sus aliados mediáticos es golpear al kirchnerismo en aquello que ha sido su fuerte, la sensibilidad social, buscando “demostrar” que era demagogia y mentiras. Podemos imaginar que con “Pobreza cero” se buscó robarles el argumento, aunque Macri y sus votantes sabían que sólo era para maquillar el costado clasista de su plan.

El antiperonismo.
Otro factor para inferir que “Pobreza cero” era sólo una coartada tiene que ver con lo que sospecho que está muy instalado especialmente en los grandes centros urbanos con mucha presencia de clase media: más allá de la fuerza que tiene en ellos el antiperonismo, el peronismo dejó la imagen de gobernar con mano firme, pero también, creo, la reputación de mejorar la situación de los trabajadores y los pobres a costa de promover una suerte de pobreza digna para todos y de “combatir al capital”. En otras palabras, para la cultura aspiracional tan arraigada, especialmente en las regiones más urbanizadas, el peronismo combate la riqueza y nos quiere pobres e iguales a todos. No digo que esa imagen corresponda a la realidad, sino que me parece muy fijada colectivamente. Y es mala señal para el sueño del ascenso social que no sólo alienta la clase media sino también los sectores populares.
La cacareada promesa de “Pobreza cero” en boca de un gobierno clasista se parece demasiado a la preocupación por los pobres que brota de repente en tantas almas caritativas en las vísperas de Navidad. (Extractado de La Tecl@ Eñe).