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Política argentina en modo bla bla bla, sin propuestas de fondo

LA SEMANA POLITICA

Macri sigue su gira electoral gritando que «Sí se puede». Fernández recibió un libro del PJ con propuestas que omiten la cuestión de la deuda externa y el FMI. Habrá dos debates de candidatos. Mucho bla bla bla en medio de la crisis.
SERGIO ORTIZ
La crisis argentina es muy profunda, en ciertos aspectos más aún que la que envuelve al Ecuador. Acá los combustibles subieron desde 2015 más que el 123 por ciento con que los castigó en Quito el «Kautsky» Moreno y el FMI. El paquetazo de allá se pactó con esa entidad a cambio de un préstamo por 4.200 millones de dólares; lejos de los 57.000 millones acordados por Mauricio Macri con su enamorada Christine Lagarde.
Como resultado de ese endeudamiento, la deuda externa argentina llega al 100 por ciento del Producto Bruto Interno, mientras que la ecuatoriana es equivalente al 36,2 por ciento del PBI.
La diferencia radica en que el decretazo de Moreno incluyó anuncios de reforma laboral y reforma previsional, también como resultado de injerencia del Fondo. Macri sólo pudo lograr por ley la reforma contra los jubilados, no así la laboral que viene transitando vía cambios en los convenios laborales negociados por sindicalistas empresarios.
En Ecuador el paquetazo motivó intensas movilizaciones desde el 3 de octubre, que no han cesado, con protestas callejeras y movilización nacional, tan fuertes que Moreno huyó de la capital rumbo a Guayaquil. Se habla de cinco muertos y centenares de heridos y detenidos: la represión policial y militar trató de imponer el «estado de excepción» y el posterior «toque de queda».
Allá hubo organizaciones indígenas como la Conaie y sindicatos que movilizaron en forma activa. Acá Héctor Daer y el Consejo Directivo de la CGT están más preocupados por saber qué posiciones ocuparán en el gobierno de Alberto Fernández. Y en poner trabas al ingreso de los gremios nucleados en la CTA, que deberán arrodillarse y besar el anillo de esa burocracia antes que ésta autorice su ingreso a Azopardo 802, de a uno y en fila.
Se dirá que la diferencia entre la situación entre uno y otro país es que allá la población no quiere aguantar a Moreno hasta 2021 y en cambio, acá a Macri ya se lo derrotó en las PASO y ahora resta la última patada en el tujes el 27 de octubre. Es verdad. Pero eso no quita dos reflexiones: en Ecuador se luchó más activamente contra el paquete del presidente traidor y el FMI; y en Argentina el nuevo gobierno, que surgirá de los comicios del 27 de octubre, debería tomar medidas de fondo y totalmente opuestas a las preconizadas por el Fondo. Y esto último es lo que está por verse, luego de dos amables reuniones del candidato y su equipo económico con delegaciones de la entidad. Fernández también tuvo amigable encuentro con la delegación del Banco Mundial, el martes 8. Ese día recibió al director para Argentina, Paraguay y Uruguay, Jordan Schwartz; el director de la Corporación Financiera Internacional, David Tinel, el gerente de operaciones Paul Procee y el jefe del programa de Crecimiento Equitativo, Peter Siegenthaler.
Conviene recordar que el Banco Mundial es el hermano gemelo del FMI y a su presidente lo nombra la administración Trump.

Debates bastante inútiles.
Desde la lógica, parecería que son convenientes los debates entre candidatos presidenciales. Al menos deben dar la cara y enumerar algunas propuestas y criticar otras de sus competidores, lo que puede avivar algún interés en la audiencia. Dos debates están planificados, el de hoy en la Universidad del Litoral (Santa Fe) y el segundo en la UBA, obligando a los presidenciables a decir algunas cosas. Eso sería mejor que la interminable serie de spots de propaganda que atosiga por TV.
Como la crisis política y económica argentina es tan profunda, esos debates parecen casi inútiles. Macri luce como derrotado en forma inapelable y eso le quita interés a lo que pueda decir. Por otro lado se recuerda la gran cantidad de mentiras que dijo en el debate de 2015, cuando acusó a Daniel Scioli de estar haciendo una «campaña del miedo» respecto de lo que sería su eventual gobierno. Luego esas advertencias se quedaron cortas. No fue del miedo, fue de terror lo que hizo Cambiemos.
Alberto Fernández no tiene mayor interés en debatir, toda vez que ya ganó por 16 puntos en agosto y ahora dos consultoras (Celag y Gustavo Córdoba) le dan 20 puntos de ventaja. El candidato del FDT no tiene interés en esos debates y acudirá a los mismos sólo para cumplir un trámite legal.
Además, hay que tener en cuenta que el discurso de AF no es muy movilizador que digamos. No enamoran, por más que se reconozca allí un saldo positivo en comparación con el libreto y el balance de los destrozos que deja el macrismo.
A lo sumo esos debates pueden ser interesantes para candidatos con cero chances, como Del Caño, Lavagna, Espert y Gómez Centurión, aparentemente de izquierda el primero y claramente de derecha los tres últimos, para darse a conocer y popularizar algunas propuestas. Como en principio ninguno de los cuatro puede mojar, sus desempeños en los debates estarán acotados por ese bajo techo electoral.
El otro elemento que juega en contra de generar expectativas en los debates en Santa Fe y CABA es la poca estatura profesional de los periodistas que van a moderarlos.
¿Qué pueden aportar Guillermo Andino, Mónica Gutiérrez, Claudio Rígoli, María Laura Santillán, Rodolfo Barili, Viviana Canosa y Marcelo Bonelli? Ellos tienen dos severos límites: su (in) capacidad profesional y la camiseta política transpirada muchos años. Es un periodismo militante del general Héctor Magnetto.
Hablando del dueño de Clarín, el 12 de noviembre próximo será llevado a juicio Martín Sabbatella, extitular de Afsca. El juez federal Ariel Lijo lo juzgará por «abuso de autoridad», acusándolo de haber forzado a Clarinete a la adecuación a la norma de servicios audiovisuales. Es una lección para todos los que creen que portándose bien con los monopolios podrán contar luego con su colaboración, por ejemplo para firmar un Pacto Social que dure cien años.
La realidad demuestra que los monopolios son insaciables e impiadosos.

Los tibios.
Ese juicio contra Sabbatella debería servir para reflexionar sobre cuál sería el curso político más conveniente para luego del 10 de diciembre próximo.
¿Habrá que respetar las posiciones dominantes que el pulpo Clarín amasó en las últimas décadas y acrecentó en la etapa macrista? Además de las 237 licencias de medios audiovisuales que pudo conservar, añadió la ampliación de sus dominios gracias a la fusión de Cablevisión y Telecom.
En las 118 páginas del libro de propuestas que el Partido Justicialista le entregó al presidenciable el 8 de octubre, elaborado por 18 comisiones de estudio, ni figuró una nueva ley de medios audiovisuales y digitales. Ese respeto al área de influencia de una superpotencia como Clarinete es una mala señal para la democracia y ese futuro gobierno.
Es un tema muy serio. En esto han hecho un mejor aporte los gremios y periodistas de Télam, Sipreba y la Televisión Pública, al presentar un proyecto de ley «para recomponer el canal, la radio y la agencia de noticias del Estado con el pluralismo, el federalismo y el profesionalismo» como pilares del derecho a la información. Si AF decidió respetar la hegemonía de Clarín, hay sectores sociales que no están de acuerdo.
El mencionado paquete del PJ sí mencionaba una reforma impositiva incrementando el impuesto a los Bienes Personales. Incluso el candidato se lo adelantó a Beatriz Sarlo en un reportaje. Luego dio marcha atrás: esa reforma «merece un estudio mayor». ¿Habrá habido presión de sus flamantes aliados de la Unión Industrial «Argentina»?
En Cohete a la Luna y LA ARENA del domingo 6 Horacio Verbitsky aseguraba: «Luego del fracaso de varios intentos de reforma, Alberto se propone disolver la Agencia Federal de Inteligencia». A los dos días esa noticia fue desmentida. ¿Quién habrá presionado a revisar esa justa decisión? ¿Acaso Sergio Massa, de viaje a su segunda Patria, EEUU?
Cambiemos, si bien derrotado, aprovecha esas medias tintas del Frente de Todos para mostrar que ellos son mejores defensores de la sumisión a Washington. Por caso, rompió relaciones el viernes con Venezuela y reconoció a Elisa Trotta, designada a dedo por el usurpador Juan Guaidó, «como la legítima representación de Venezuela». ¿Dirá algo el FDT o se mantendrá en silencio con tal de no quedar pegado con Nicolás Maduro?
Se podrían enumerar muchas vacilaciones del casi seguro ganador del 27 de octubre. La mayor de todas, omitida en ese libro pejotista que recibió de manos de José Luis Gioja y Ginés González García es la de la deuda externa, en especial la ilegítima contraída por Macri con el FMI. ¡Ni una palabra, pese a que son 57.000 millones de dólares con más los intereses! Lo pregonado en declaraciones periodísticas es seguir una receta uruguaya, admitiendo esa deuda y pagándola con más los intereses, pero alargando los plazos.
¿Será que el incendio político en Ecuador por acordar con el Fondo no lo mueve a ninguna reflexión al presidenciable? ¿Acaso cree que la crisis de hoy, se solucionará igual que en 2003, siendo la actual muchísimo más grave que aquélla?