domingo, 22 septiembre 2019
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¿Por qué no lo hicieron antes?

CONTROL DEL DOLAR PARA EVITAR LA FUGA

Muchos economistas ortodoxos que se oponen al control de cambio ahora dicen que es necesario. El gobierno demostró que sabía cómo detener la fuga. ¿Por qué no actuó antes?
CARLOS HELLER
Los hechos terminaron de confirmar que el gobierno sabía cómo detener la fuga de capitales pero no lo hizo antes. Es la conclusión obvia a la que se arriba transcurridos los primeros días de la implementación de regulaciones sobre el mercado de cambios.
Estos días el dólar se mantuvo relativamente estable y con ello comenzó a menguar la salida de depósitos en dólares, verificándose un elevado porcentaje de renovación. Ya señalamos que estas medidas van en la dirección correcta. Lo que hay que subrayar es que no dejan de ser tardías y que han generado evitables costos para la sociedad. Ante ello, la pregunta que es: ¿por qué no lo hicieron antes?
Una primera respuesta tiene que ver con la cuestión ideológica, arraigada en los preceptos del libre mercado y del Estado canchero. En este punto, los recientes controles cambiarios terminaron de bajar la última bandera que le quedaba a un gobierno que asumió prometiendo que una de sus primeras medidas sería la eliminación del denominado «cepo». Por esta razón, se excusan en que son «medidas transitorias», que «no nos gustan», y que si Macri es reelegido «al otro día las levantan».

¿Cuidar a la gente?
Siguen sin hacerse responsables de los daños que han causado y sus interlocutores son los inversores y el FMI, a tal punto que el presidente señaló: «Hemos cumplido con todo», al ser consultado sobre si esperaba el desembolso de 5.400 millones de dólares del organismo. En paralelo, dijo: «Se están atendiendo todas las necesidades de la gente». Cumplir con el FMI, cuidando en paralelo a los argentinos y las argentinas, una contradicción más de la posverdad que tratan de construir.
Si además de las reservas y la estabilidad cambiaria quisieran cuidar a la gente deberían implementar otro tipo de medidas. Por ejemplo con los alimentos, que en general están atados al nivel y la evolución del dólar. Por eso en otros tiempos, como ocurrió con el trigo, se obligaba a garantizar el abastecimiento del mercado interno, para desacoplar el precio de bienes de primera necesidad, como los fideos y el pan. El razonamiento sirve para otros bienes que afectan la canasta básica, cuyos precios van muy por encima del promedio de inflación minorista. El gobierno sigue sin dar cauce a los pedidos de declarar la Emergencia Alimentaria, lo cual indica que niega el principal problema que afecta a la población. ¿Acaso el programa con el FMI no era novedoso en cuanto a que permitía proteger a los más vulnerables?
La renuencia del gobierno a ir contra su sesgo desregulador le costó muy cara a la sociedad. Mirando hacia atrás, en particular hacia la crisis cambiaria que comenzó en abril de 2018, de haber establecido normas para detener la fuga tal vez no se hubiera siquiera planteado la posibilidad de volver a pedirle prestado al FMI. Lo mismo podría decirse si no se hubiera reiniciado el ciclo de endeudamiento que incrementó la exposición financiera externa del país. Desregulación extrema y endeudamiento, dos caras de la misma moneda.
De hecho, economistas que en su momento criticaban los controles de cambios ahora dicen que son necesarios. Rodolfo Santángelo, socio de Carlos Melconian, afirmó: «Argentina no está para tener libertad de cambios, no estuvo en el 2015 tampoco». Reconocimientos tardíos, pero que contradicen el manual ortodoxo que sigue este gobierno.

Ningún error.
En términos prácticos la renuencia no debe ser vista como errores, mucho menos como capricho, sino como parte de una cuestión más estratégica. Inestabilidad de los mercados mediante, la vuelta al FMI en 2018 constituyó el gran puntapié para empezar a avanzar en las reformas estructurales que piden los mercados. La lógica que guió la decisión a esta altura es clara: de seguir el actual gobierno, el camino estaría más que allanado; de ganar una fuerza alternativa, se terminaría imponiendo la condicionalidad. Entre los «éxitos» que este gobierno tendrá para mostrarles a los mercados está la fuerte contracción del salario real, por la vía de la inflación. Lo que sí no pudo hacer es darle un carácter permanente, lo que hubiera requerido otro mandato, de forma tal de ir también por el lado de la flexibilización laboral.
Los últimos datos siguen revelando los impactos del modelo. Según el Indec, la construcción cayó entre enero y julio un 8,3% contra un año atrás. Algo similar ocurrió con la industria, cuya producción se redujo un 8,4% interanual. La mayor caída se dio en Otros Vehículos de Transporte (-44,7%) y en Vehículos Automotores (-23,2%). En este contexto, la Asociación de Fábricas de Automotores (Adefa) indicó que la producción automotriz alcanzó a 213.643 unidades en los ocho primeros meses del año. Significa un 64,5% menos que la producción de idéntico período de 2015. Esto excede la coyuntura más reciente. Todos los datos van en el mismo sentido. Ratifican que esta política de ajuste no ha hecho más que contraer la economía y el empleo.
Tienen que ver con un modelo que se expresa en un PBI que, en base a las proyecciones del REM, caerá un 4,4% en estos cuatro años; en una deuda pública que si antes de asumir Macri estaba en el 49,5% del PBI, llegaba al 88,5% en el primer trimestre de este año; y en un desempleo que alcanzó el 10,1% en el primer trimestre, cuatro puntos porcentuales más que en idéntico período de 2015. Números que empeorarán cuando culmine el año.

Otro modelo.
Para revertir esta tendencia hacen falta otras políticas. Las mismas no podrán ser implementadas si los resortes del Estado continúan en manos de los gestores actuales, que llegaron a considerar que las PASO «no ocurrieron», negando el gran mensaje de la sociedad. Una sociedad que precisa medidas de fondo -no de alivio- que le devuelvan la calidad de vida, que impulsen la producción de las pymes, y hagan del país un lugar digno para vivir.
Esto se contradice con la idea de inserción pasiva en el mundo que prometió el macrismo. La del pago a los buitres, del enamoramiento de las autoridades del FMI y la de relaciones «carnales» con Estados Unidos. La experiencia de nuestro país y del mundo nos llevó a decir hasta el cansancio que con las mismas políticas desreguladoras no se podían obtener otros resultados. Pero también sabemos que otro modelo no sólo es posible, sino necesario.