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¿Por qué seguimos en cuarentena?

LA SEMANA PAMPEANA

I – ¿Cuánto tiempo más deberán esperar los pampeanos para normalizar sus actividades alteradas por la cuarentena? La pregunta se la formulan hoy un número creciente de vecinos luego de cuarenta y tantos días sin casos nuevos de coronavirus, y es también el dilema que desvela a las autoridades sanitarias y políticas. ¿Es necesario seguir limitando y administrando con cuentagotas el regreso a las actividades o ya es hora de abrir la mayoría de ellas y, con un protocolo de cuidados sanitarios, tender a la normalidad?

II – Nadie tiene el diario del lunes para saber la respuesta y esa incertidumbre sobre las consecuencias de errar en uno de los pasos justifica la prudencia oficial. Pero no mengua la presión que de manera individual o corporativa obra como disparador de conversación obligada en cada encuentro, reunión o grupo virtual en estos días de zozobra. La circulación del virus es, teóricamente, nula en La Pampa y eso, dicen los que son partidarios de una apertura que tienda a la normalidad, es suficiente prueba de que es posible hacerlo sin riesgos. Es fácil decirlo desde la irresponsabilidad, replican desde los ámbitos donde las decisiones se traducen en políticas que afectan a toda la sociedad en cuarentena. La Pampa tuvo una mezcla de suerte, buenas decisiones político-sanitarias y disciplina social, pero eso no garantiza que en el futuro la suerte mengüe y una errada decisión fomente una mayor movilidad social que no pueda hacer frente a la multiplicación de casos.

III – La Argentina tuvo, de alguna forma, un diario del lunes de otros países y un presidente que supo leer correctamente la tormenta que se avecinaba. Con solo ver lo que pasa hoy en Brasil, Ecuador, Chile o Perú, lo hecho aquí no necesita más argumentos. Esos cuatro países gobernados por una derecha bien «sudaca» tiene como ideólogo al peruano Premio Nobel de Literatura que acusó a los «populismos» de aprovechar la pandemia para coartar libertades. Como un chirolita del escritor, nuestro ex presidente salió a repetir esas imprudentes palabras. Ni uno ni otro se hacen cargo ahora de las decenas de miles de muertos y contagiados ni del colapso de los sistemas sanitarios que sus consejos irresponsables y prejuiciosos causaron.

IV – Si hacia afuera el ejemplo de Argentina contrastó rápidamente con los desastres sanitarios de la mayor parte de la región devastada por la enfermedad, fronteras hacia dentro el liderazgo que el presidente ejerció desde un primer momento puso la vara alta y tuvo, políticamente, un «efecto contagio» en los gobernadores e intendentes que asumieron, con rara e histórica uniformidad, un actitud que no puede menos que reconocerse como uno de los ejemplos más claros de madurez y responsabilidad del colectivo político. La oposición y el oficialismo gobernando no se distinguen mucho en sus acciones, más allá de las asimetrías económicas y urbanas que causaron que el AMBA concentrara el 80% de los casos registrados en el país.

V – El mapa de la enfermedad tiene un claro punto de entrada en esa Cabeza de Goliath y en una clase social acomodada que fue la portadora del virus y su puerta de acceso a la sociedad argentina. Como siempre, su manejo de los medios y del discurso dominante eludió su propia estigmatización. Curiosamente los mismos medios y sectores sociales que apuntaron a los homosexuales y prostitutas como responsables de la extensión de la epidemia de HIV, o a los pobres inmigrantes de países limítrofes como portadores y difusores del cólera o el dengue, eludieron esta vez identificar a la clase social y su pasión por los viajes a países «desarrollados», que permitió la propagación del coronavirus en el país.

VI – Volviendo al inicio, la respuesta a la presión que desde lo social, lo económico o lo político pugna retornar más temprano que tarde a la normalización de todas las actividades es, ciertamente, una visión simplista de un problema complejo. La tensión entre la inevitable caída económica y la salud pública no admite una salida reduccionista ni la sola apelación a los prejuicios. El abordaje racional de la aventura humana de pensar y vivir es, como anticipó en el siglo pasado Edgar Morín, una tarea de recolección de información y reflexión. Cualquier estrategia ante la pandemia pagará un precio. Pero será menos cara, social y económicamente hablando, aquélla que apueste a considerar todas las variables y, sin omitir los riesgos, tome luego las decisiones. (LVS)