Inicio Opinion Portezuelo: ¿y si hacemos lo mismo?

Portezuelo: ¿y si hacemos lo mismo?

I. Como un espejo paradójico el río Colorado de América del Norte, un curso de agua que nace en Estados Unidos y desagua en el golfo de Baja California, en territorio de México, ha creado una efervescencia política por una obra que pretendía aprovechar parte de sus aguas.
En territorio norteamericano, numerosos aprovechamientos han provocado una sensible merma de su caudal, disminuyendo sus aguas al punto de quedar secos algunos tramos, con el consiguiente daño humano y ecológico ya que afectó tanto al medio ambiente como a las comunidades indígenas que habitan sus orillas desde hace mucho tiempo. Una idea del daño causado la da el hecho de que los técnicos que trabajan sobre el problema estiman en 90 por ciento la desaparición de los humedales relacionados con el curso, con un especial deterioro de la desembocadura deltaica en el océano Pacífico.
Sabrá disculpar el lector los detalles consignados que atañen a la realidad de un curso tan lejano, pero es que esa situación se parece, sorprendentemente, a la de nuestro río Colorado, el que constituye el límite sur de La Pampa. Es que ambos cursos se ven amenazados por obras de captación y uso de aguas: la presa de Portezuelo del Viento en nuestro río y una gran industria en el del norte.
En virtud de la estratégica posición del curso en cuanto a su cercanía a grandes centros de consumo, la más grande fábrica de cerveza de EEUU proyectó construir una planta industrial. El gobierno de México ya había otorgado el permiso cuando la reacción de los agricultores ribereños agitaron las aguas de la política con una simple postura: la instalación de la fábrica le quitaría a sus tierras una considerable porción del caudal que utilizan, ya bastante disminuido por los usos aguas arriba como se señalara. El movimiento popular fue de tal magnitud que llegó a tratarse a nivel nacional y tuvo una sorprendente forma de ser resuelto: se puso a votación de los ribereños la posibilidad de aceptar o no la construcción de la fábrica. El resultado fue contundente: casi el 80 por ciento se opuso, ante lo cual el presidente mexicano resolvió cancelar el proyecto.

II. No es difícil establecer el paralelo con nuestro río Colorado: el proyecto de un gran embalse -Portezuelo del Viento- riesgoso tanto en su concepción actual como en su manejo futuro, amenaza seriamente los aprovechamientos agrícolas de aguas abajo, que en conjunto superan holgadamente las cien mil hectáreas bajo riego.
Como se sabe, en los últimos tiempos ha florecido una suerte de despertar de los agricultores de las cuencas media y baja al advertir el peligro que se cierne sobre su futuro, especialmente si se tiene en cuenta la muy notoria reducción de los caudales en la última década. Las posibles soluciones técnicas y legales del problema aparecen como sumamente lentas frente a los hechos consumados relacionados con la represa, en tanto que el comité que debería manejar la cuenca recién ahora parece advertir los riesgos que se ciernen a partir de un proyecto que presenta tantos puntos oscuros y que no posee siquiera un estudio de impacto ambiental serio y profundo de toda la cuenca.

III. Las movilizaciones en rechazo del embalse han sido numerosas y notables, siempre con orígenes populares, por lo que una similitud en los procedimientos no parece una acción descabellada. Una votación sobre la construcción de la presa y sus implicancias por parte de los habitantes de la cuenca, por más que no tuviera validez jurídica, sería una herramienta política de peso que, seguramente contribuiría a apurar las definiciones.
Estas consideraciones pueden tomarse como una ucronía, pero lo cierto es que en el Norte se logró un resultado efectivo. Quizás la simple mención como una posibilidad podría contribuir a ganar tiempo en la búsqueda de una definición que beneficie a la totalidad de la cuenca.