Inicio Opinion Posturas razonables ante preocupante panorama

Posturas razonables ante preocupante panorama

Con lo que podría considerarse una actitud extraña -curiosa al menos-de la provincia de Neuquén, que ha manifestado en el tema un silencio parecido a la negativa, el resto de las provincias ribereñas del río Colorado, con representaciones oficiales y particulares, acaba de concretar una reunión multisectorial relacionada con lo que significará la represa de Portezuelo del Viento a la concepción integral de la cuenca del río.
De ese grupo de provincias, La Pampa marcha a la cabeza en una brega que se remonta ya a varios años sin que, hasta fecha reciente, tuviera demasiado eco en las copartícipes del río. Sin embargo, se dieron una serie de circunstancias no atendidas hasta el momento -ciclo de pronunciadas bajantes del río, suministro de información veraz a los estados interesados, la imposición de los manejos políticos a los técnicos, entre otros- para que cundiera la alarma al advertir, especialmente en Buenos Aires y Río Negro, que sus respectivos oasis de regadíos (el bonaerense es el mayor del país) quedarían sujetos a los manejos del agua que a través del dique haría Mendoza, provincia cuyos antecedente al respecto no son demasiado confiables y que, insólitamente, se encargaría del manejo de los caudales de la presa. Con esa premisa es obvio el riesgo para con las explotaciones de aguas abajo.
Las provincias en cuestión, ya un tanto condicionadas y englobadas por el viejo refrán de «rezarle a Santa Bárbara cuando truena» también han comprobado que la efectividad energética de la presa es discutible y deja mucho que desear y que el Informe de Impacto Ambiental presentado por Mendoza es limitado y parcial. Además, quedó en evidencia absoluta que ciertas decisiones del Poder Ejecutivo Nacional y sus correspondientes provinciales no han sido más que transas políticas de alto nivel que, al ser evidenciadas y confrontadas con los hechos, pusieron en serios aprietos a los representantes ante la cuenca.
Pero si a esta mezcla le faltaba algún ingrediente definitivo y catalizador, ése se dio con la extraordinaria bajante del río registrada este año y que refirma la pendiente estadística en cuanto a caudales que viene dándose desde hace más de una década. Esa circunstancia se manifiesta en varias formas, algunas de ellas graves, y van desde la falta de niveles en el embalse de Casa de Piedra, y potenciales problemas de riego en el valle inferior del río, hasta el empobrecimiento de las napas influidas por el río y que alimentan poblaciones ribereñas de importancia, caso de 25 de Mayo y Catriel, pasando por los problemas hidráulicos de quienes riegan con tomas libres. Si hasta parecen una ironía los singulares puestos de la barrera antiaftosa cuando, con los escurrimientos actuales, el ganado vacuno no tiene mayores problemas en pasar de una a otra orilla. Nadie niega que Portezuelo es una obra incluida en los planes de aprovechamiento complementario con que fue concebido el uso de estos ríos patagónicos, pero estremece el sólo pensar de otras bajantes como la actual y Portezuelo del Viento en las nacientes, manejado por los cuyanos.
Las acciones colectivas de índole interprovincial – que podrían incluir una provincia de Mendoza que ofrezca y acepte posturas razonables y de una globalidad beneficiosa a toda la cuenca-pueden ser un muy buen argumento, especialmente en la nueva etapa política que se inicia, sin mediaciones espurias.