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Preguntas para el macrismo

Las tareas de mantenimiento vial de las rutas nacionales que el gobierno de Mauricio Macri nunca realizó se van a llevar a cabo ahora, según informó el Ejecutivo pampeano. Las inversiones superan los tres mil millones de pesos que serán desembolsados por el Estado nacional en cumplimiento de un acuerdo -conocido como «acta de compromiso federal»- firmado en agosto del año pasado por el entonces electo gobernador pampeano Sergio Ziliotto y los entonces candidatos Alberto Fernández y Cristina Kirchner. Los otros puntos que contemplaba aquel acuerdo ya se están ejecutando, entre ellos el pago de la deuda previsional de 2017 efectuada en enero último y la auditoría del período 2009-2014.
Este anuncio viene a satisfacer una vieja demanda de los pampeanos que fuera sistemáticamente ignorada por el gobierno que finalizó el 10 de diciembre del año pasado. Ni siquiera obras menores como los alteos de las rutas nacionales que fueron cortadas por la inundaciones de 2016 fueron finalizadas. Por no hablar del corte de la ruta 35 en el Bajo Giuliani que debió ser afrontada íntegramente por el tesoro provincial ante la indolencia de la administración macrista.
Los niveles de arbitrariedad con que se manejó Cambiemos en el poder son difíciles de parangonar con otros períodos de gobierno. Los pampeanos podemos dar fe de esa política hostil y de discriminación sin precedentes en tiempos democráticos.
Habernos liberado de ese gobierno neoliberal en las elecciones del año pasado sigue aportando buenas noticias. Hoy no son pocos los que se preguntan con inquietud qué hubiera sucedido si esta pandemia sorprendía al país con aquellos gobernantes sentados en la Casa Rosada. No es una pregunta contrafáctica, como se ha puesto de moda decir en la televisión, sino un ejercicio de análisis político legítimo, útil a la hora comparar modelos de gobierno.
Otra pregunta que podría plantearse a los dirigentes o militantes del macrismo: ¿cómo fue posible que durante los cuatro años en que gobernó ese espacio nunca pudieron arreglarse las deterioradas rutas nacionales y se puede hacer ahora cuando el país está asfixiado por la pesada herencia que dejó la experiencia neoliberal y se suma la profunda crisis provocada por el coronavirus?
Esa doble carga que debe arrastrar el actual gobierno nacional no le impide llevar a cabo el postergado plan de obras viales. ¿Cuál es el secreto? En verdad, no hay ningún secreto; apenas dos modelos diferentes, dos formas de gobernar un país. Una, pensada para exclusivo provecho de la elite económico-financiera, y la otra, en función del interés general. No es difícil de entender.
El gobierno de Macri tomó en el exterior préstamos por más de 100 mil millones de dólares. Pero casi el 90 por ciento de las divisas que ingresaron fueron adquiridas por las personas y las empresas más poderosas del país para fugarlas a lejanas guaridas fiscales. Por eso no están en hospitales, escuelas, universidades o carreteras. Sin embargo, hoy conforman el pasivo externo que debe ser afrontado por toda la sociedad. De ahí que cada vez más argentinos, y no sin razón, plantean que sean los fugadores seriales los que pongan la cara, y el bolsillo, ante los acreedores.