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«Preocupante y de extrema gravedad»

Las palabras del jefe de la Policía de La Pampa no son en absoluto exageradas. Un comisario retirado a pasiva acusado de narcotraficante es un hecho sin precedentes en nuestra provincia. Además, el uniformado de General Pico está fuertemente sospechado de mantener vínculos con la pesada mafia de Río Cuarto. Esa ciudad del sur cordobés está hoy en el centro de la atención de los medios de todo el país a partir del violento asesinato del jefe de la distribución local de la cocaína y el encarcelamiento de un alto funcionario policial acusado de proteger a la banda. En las últimas semanas se registraron decenas de allanamientos, hubo muchas detenciones y el juez que investiga fue amenazado de muerte.
En principio, el comisario pampeano logró escabullirse de una cinematográfica persecución por parte de efectivos de Toxicomanía y en posteriores allanamientos se registraron seis detenciones y se secuestraron armas y teléfonos celulares. El cargamento de droga que se esperaba encontrar no fue hallado y como derivación de las investigaciones en suelo pampeano hubo allanamientos en Río Cuarto. Sobre el comisario pesan dos causas, una a cargo de la Fiscalía de Investigaciones Administrativas y la otra del Juzgado Federal de Santa Rosa.
Pocas horas después de estos sucesos se incautaba en el puesto caminero de Catriló un cargamento de 27,5 kilogramos de cocaína que tenía como destino la ciudad neuquina de Zapala y fue calificado por el jefe de la Policía pampeana como el «más importante» detectado en nuestro territorio.
El problema del narcotráfico no es nuevo en la provincia pero es evidente que está alcanzando dimensiones desconocidas hasta el presente, al punto de llegar a involucrar, como nunca antes, a un jefe policial y de detectarse un envío muy superior a los acostumbrados. Desde el norte y el este llegan estos «presentes» al territorio pampeano que, por cierto, no es virgen en la materia, pero sí deben «preocupar» porque son de «extrema gravedad», como tuvo que reconocerlo la máxima autoridad policial.
No puede escapar al análisis la muy difícil situación que hoy atraviesa el país. Una de las principales promesas electorales con las que pidió el voto Cambiemos fue la de «combatir el narcotráfico», pero lo que se está observando en el centro del territorio nacional es muy diferente a lo que plantea esa consigna. El estallido del narcoescándalo en Río Cuarto -con su notoria influencia en el norte pampeano- y el «más importante» cargamento de cocaína que pretendió -ingresando por el este- atravesar toda la geografía pampeana, están marcando que la lucha contra este flagelo está muy lejos de conseguir aquel objetivo planteado por el macrismo.
La Pampa ocupa un lugar estratégico en la geografía nacional como área de conexión entre el norte y el sur, por un lado y el este y el oeste, por el otro, del país, de ahí que va a seguir expuesta a la logística de la distribución de estupefacientes. Pero además es bien sabido que no se puede seguir hablando de nuestra provincia como si solo fuera un «lugar de tránsito» como tantas veces lo hemos escuchado.
La Policía, que hasta ahora se había mantenido invicta en cuanto al involucramiento de comisarios -en oposición a lo que ha venido ocurriendo en la mayoría de las jurisdicciones provinciales- acaba de sufrir un traspié con la defección de este uniformado. Quizás pensando en ello es que el titular de la fuerza expresó que esta medida con el jefe piquense también debería leerse en clave de «advertencia» para todo el personal. Las dos causas en marcha, tanto la penal como la administrativa, deberían ir a fondo en cuanto a establecer las responsabilidades primarias y las eventuales conexiones secundarias de esta punta del ovillo que acaba de saltar en General Pico. Es la única forma de mantener la salud institucional.