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Presencialidad: dato mata sanata

Un nuevo trabajo estadístico vino a confirmar lo que a esta altura ya todos deberían saber si no fuera por la prédica venenosa de la derecha política y mediática: la suspensión de las clases presenciales baja los niveles de contagio de Covid-19 dentro de la comunidad educativa.
El informe, publicado ayer por este diario, fue realizado por los gremios docentes nacional y provincial -Ctera y Utelpa- junto con un equipo de médicos que asesora a esas organizaciones en base a datos sanitarios oficiales de La Pampa. La correspondencia directa entre clases presenciales y aumento de contagios y, en sentido contrario, entre virtualidad y decrecimiento, es evidente en los cuadros estadísticos obtenidos.
No es la primera vez que se demuestra esta relación. En otros países y aquí los especialistas no hacen otra cosa que ilustrar acerca del vínculo directo entre la circulación de personas y el aumento de contagios. Lo relevante de este estudio es que por primera vez se llevó a cabo con datos provinciales y sus conclusiones, por lo tanto, se pueden aplicar en nuestro propio medio.
Y es doblemente valioso porque el griterío histérico que propagan por cadena nacional los grandes medios busca confundir a los argentinos y hacerles dudar hasta de la palabra de las voces más autorizadas para hablar de la cuestión. Como se ha dicho en esta columna infinidad de veces, la mentira es el arma preferida de la prensa y de los partidos de la derecha, y lo cierto es que en una parte de la sociedad logran inocular sus mensajes tóxicos.
La inexplicable demora del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en aplicar la enseñanza virtual en los establecimientos bajo su jurisdicción, forma parte de un accionar que no responde a un genuino interés por la educación sino a una estrategia electoral de bajo vuelo. Los últimos diez años de descenso continuo del presupuesto educativo en la CABA no hace más que confirmarlo. También la indiferencia de su gobierno ante el creciente número de docentes fallecidos por Covid-19. Las escuelas no son, como pretende el jefe de gobierno porteño -y ahora muestra con números oficiales un estudio en La Pampa-, burbujas herméticas e infalibles. Por no hablar de lo que significa exponer a chicos y chicas a la gélida ventilación cruzada en las aulas en vísperas del invierno. La exposición continua a las bajas temperaturas aumenta el riesgo de contraer enfermedades respiratorias como neumonía o gripe. No es el mejor escenario en medio de la segunda ola de la pandemia de Covid-19.
Será por todo esto que, a pesar del negacionismo del gobierno porteño, la presencialidad real en las escuelas no llega al 20 por ciento, aunque su ministra de Educación diga a los medios amigos que es muy superior, apelando a las falacias para defender medidas indefendibles.
Sin tanto marketing político aunque con igual nivel de empecinamiento, en algunas provincias del interior se observó similar comportamiento gubernamental con relación a la presencialidad escolar. La explosión de contagios y la saturación de los sistemas de salud obligaron a los irresponsables a dar marcha atrás. El que juega con fuego…