Primaveras silenciosas o el final de la naturaleza

Señor Director:
Hace añares leí Primaveras silenciosas (1962), un libro de Rachel Carson, bióloga marina que anticipaba en el comienzo de la intensificación del uso de agrotóxicos un porvenir sin aves silvestres.
He recordado ese libro ahora al leer un artículo de Zlavoj Zizek (hay varias formas de traducir el apellido de este eslavo) titulado Irma o el fin de la Naturaleza. Ha pasado poco más de medio siglo entre uno y otro autor, pero en el comedio lo que era visualizado como un riesgo para las aves silvestres ahora ha alcanzado la magnitud que permite que Zizek advierta que la humanidad debe prepararse “para vivir de una manera plástica y nómade”, porque los cambios en el medio ambiente pueden imponer la necesidad de transformaciones sociales a gran escala. Incluso la soberanía nacional deberá redefinirse radicalmente y se deberán inventar nuevos modos de cooperación global. La referencia a Irma es porque parte de los recientes huracanes del golfo de México, donde ya se preparan otros de tanta o mayor intensidad. En las islas francesas, inglesas y de otras soberanías por donde pasaron estos huracanes ha habido que trasladar a poblaciones enteras.
Zizek, filósofo que actualmente dirige un instituto en la Universidad de Londres, quiere advertir con respecto de las actuales catástrofes ecológicas que o las tomamos en serio y decidimos hacer cosas que parecerían ridículas si la catástrofe no ocurriera… o no hacemos nada y perdemos todo en el caso de catástrofe. Y seguidamente dice que la peor conducta sería elegir el término medio, de tomar una cantidad limitada de medidas, en cuyo caso vamos a fracasar suceda lo que suceda. “No hay término medio en relación con la catástrofe ecológica”.
Luego de tal advertencia Zizek dice que no es el fin de la historia lo que tenemos en vista sino algo así como el fin de la naturaleza misma. Los huracanes, sequías e inundaciones y el calentamiento global nos indican que estamos siendo testigos de algo cuyo nombre apropiado es “final de la naturaleza”. Cree que el hombre ha elegido erigirse como Prometeo para imponer nuestra voluntad a la naturaleza y nos comportamos como tal. “Es necesaria una nueva manera de relacionarnos con nuestro medio ambiente y comportarnos como un modesto agente que colabora con su medio ambiente, negociando un nivel tolerable de seguridad y estabilidad”. Agrega en tono de pregunta si las inundaciones causadas por el huracán Irma son acontecimientos naturales o los productos de la industria humana. La respuesta está implícita en todos sus argumentos.
El artículo de Zizek puede leerse en Página/12 del pasado martes. En una extensa introducción hace referencia a investigadores de todo el mundo que buscan explicaciones a estos fenómenos y manejan datos que llevan a reconocer que son el producto de la conducta humana. O sea que la acción antrópica ha jugado y juega cada vez con mayor incidencia un papel importante para generar un trastorno que anticipa el final para la presencia de la vida en este planeta. Cuando habla de transformaciones sociales en gran escala hace referencia a las migraciones crecientes, que se multiplicarán en la medida en que la penuria de recursos naturales incremente la acción depredadora de nuestra especie. Pregunta cómo se puede pensar que intentaremos resolver el problema del agua potable cuando se plantee con toda su crudeza. Parece ingenuo esperar una distribución equitativa y pacífica.
No habla Zizek de migraciones hacia otros planetas compatibles. Tal vez sea una omisión deliberada por los antecedentes de la conducta del hombre ante las actuales migraciones, que crecen en el continente negro y en Medio Oriente y que pueden estar siendo anticipadas por las evacuaciones masivas y la destrucción implacable que han dejado a su paso los huracanes que no respetan ni la potencialidad bélica de los Estados Unidos.
Atentamente:
Jotavé