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Producir alimentos sin contaminación

Varias noticias alentadoras se conocieron en los últimos días referentes a la producción de alimentos libres de agrotóxicos: experiencias hortícolas en Santa Rosa, siembra extensiva de trigo en General Pico y dos leyes cruciales sancionadas en la Legislatura provincial, la de Gestión Integral de Plaguicidas y la de Promoción de Sistemas de Producción Agroecológica.
Estas iniciativas cobran especial importancia en una provincia productora de alimentos en donde, al igual que en el resto del país, se implantaron paquetes tecnológicos importados que impusieron el modelo del agronegocio, que busca la máxima rentabilidad económica en el menor tiempo sin ningún cuidado del ambiente y la salud humana. El uso de potentes venenos que, con el paso del tiempo, se volvieron habituales dejó ganadores y perdedores. Por una parte generó excelentes resultados económicos a los productores agropecuarios que aplicaron el modelo, y por la otra provocó una catástrofe ambiental y sanitaria. Los innumerables pueblos fumigados con sus poblaciones enfermas dan crudo testimonio de lo nocivo de estas prácticas, como también lo dan los suelos y las aguas subterráneas y superficiales altamente contaminadas con productos de extrema toxicidad, hoy prohibidos en casi todos los países del primer mundo. La Pampa ya registra en sus napas las secuelas de este estropicio y en otras provincias los daños han sido mucho más severos todavía.
La contracara de esta forma altamente contaminante de producir alimentos ya está entre nosotros y dando pasos decisivos. En Santa Rosa estudiantes de la UNLPam. trabajan en huertas propias produciendo variedades de hortalizas. Es una interesante salida laboral pero también una actividad que se enmarca en un cambio de paradigma. La iniciativa surgió de un convenio entre el sector privado y la casa de estudios.
Otro ejemplo destacable es el de la Escuela Hortícola Municipal, que funciona en el predio de la ex planta láctea de la CPE. Participa una docena de integrantes del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) bajo el concepto de «soberanía alimentaria». El objetivo es desarrollar un polo hortícola libre de agroquímicos que contribuya a la generación de empleo y a la provisión de alimentos saludables y a bajo costo, evitando la importación desde otros puntos del país.
En el norte provincial es digna de mencionar la tarea que asumió la Cooperativa Cultural La Comunitaria, la rama rural del MTE junto con Corpico. Este año iniciaron un singular proyecto de cultivo el trigo con técnicas agroecológicas, al tiempo que repararon maquinarias abandonadas para reciclarlas y ponerlas en funcionamiento. En la zona también son significativos los esfuerzos comunitarios en pro de una agricultura más eficiente y sana, con una producción cercana de los centros poblados.
Un hecho auspicioso lo constituye el interés de las cooperativas en los emprendimientos, cediendo terrenos para que se concreten. Todo indica que las cosechas serán cuantitativamente suficientes como pensar ya en una estructura comercial. La idea es llegar al público de la zona, con productos sin agroquímicos y a un precio accesible.
Un rasgo singular es que el enfoque agroecológico no ha desdeñado las antiguas experiencias agrícolas para el control de las malezas, entre otras labores. Lo más destacable es que en un lapso relativamente breve estos emprendimientos han demostrado que es posible producir alimentos a gran escala en forma rentable y prescindiendo del uso de los agrotóxicos, con lo cual esta forma de cultivar la tierra sin dañar el ecosistema ni perjudicar a las poblaciones humanas ya dejó de ser vista como una utopía.
Las dos leyes sancionadas deberían lograr que el Estado controle con mayor eficacia el uso de los agroquímicos y, a la vez, apoye la divulgación de la agroecología para que su práctica avance en toda la provincia.