Propuesta Tatú, de médicos solidarios en barrios humildes

TEMAS QUE NO APARECEN EN LOS MEDIOS HEGEMONICOS

El nombre de Tatú lo tomaron prestado del Che Guevara en su lucha en el Congo. Son médicos argentinos recibidos en Cuba que sirven al pueblo.
EMILIO MARIN
En el reciente XVI Encuentro Nacional de Solidaridad con Cuba en Rosario el cronista escuchó a Gino Straforini, coordinador de “Propuesta Tatú”, quien pasó un documental e hizo un balance de la experiencia de esa entidad solidaria. Fue muy interesante lo suyo y allí nació esta nota. Algunas preguntas posteriores a Anabella Almonacid, secretaria de Prensa y Comunicación, completaron la data.
El lector dirá si el tema valía la pena. Para el cronista sí, porque es un emprendimiento solidario que hace a la salud pública de los que menos tienen, en tierra bonaerense, otras provincias y países latinoamericanos. La otra razón también es potente: nacida en 2006, de Propuesta Tatú no hablan los medios hegemónicos. Para ellos no existe. Para los 65 mil pacientes que lleva atendidos gratuitamente en asentamientos y tomas de tierras, sí existe.
Lo del nombre es explicado en su web resumentatu.wordpress.com: “Tatú es un nombre en Swhili y fue el seudónimo que utilizó Ernesto ‘Che’ Guevara en el Congo, cuando fue apoyar a los movimientos insurreccionales y a dar batalla contra el colonialismo después de que el presidente Patrice Lumumba fuera asesinado por la CIA para favorecer los intereses de las multinacionales”.
El inicio, 2006, también está relacionado con Cuba. Es que el año anterior se habían recibido los primeros argentinos de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM). Estudiaron como becarios, en forma gratuita, alumnos de origen humilde de varias decenas de países, entre ellos Argentina. Fidel Castro había creado la ELAM en 1998 para ayudar con la formación de médicos a naciones centroamericanas víctimas de huracanes y cataclismos. El único requisito fue que al graduarse de doctores volvieran a sus países y practicaran una medicina no mercantilista, ayudando a la salud de los humildes.
Y vaya si los médicos de Propuesta Tatú cumplieron, porque a lo largo de estos años, en 19 misiones médicas en diferentes barrios, honraron ese compromiso.
Así como los argentinos saben casi de memoria los once que le ganaron a Nigeria, deberían memorizar estos nombres de médicas y médicos que trabajan en Tatú, recibidos en la ELAM: Viviana Caballero, Valeria Aguirre, Celia Espinoza, Carla Straforini, Cristian Pertot, Laura Fainland, Federico Sarubbi, Teresa Singer, Carla Martina, Romina Bilbao, Bladimiro Lenis, Richard Villalba, Clara Tamashiro, Sandra Ibarra, Víctor Romero, Verónica Nicola, Laura Olguín, Ludmila Samudio, Pablo Bien, Romeo Mejía (salvadoreño), Carlos Toledo, Cintia Lugo, Laura Ramírez, Fiorella Soto y Gustavo Jara. El dream team se completa con la psicóloga Michelle Saladrigas, las enfermeras Adriana Islas, Mirta González y Noemí Opérez; las docentes Sabrina Straforini y Anabella Almonacid, las estudiantes de Medicina Marina Sawinsky (UBA) y Ludmila Samudio (ELAM), el profe de Educación Física Juan Estévez, en ortopedia Laura di Santos, en la Escuela de Oficios Javier Díaz y en Farmacia Susana de Negri, todos coordinados por Gino Straforini.

Las misiones.
Las misiones médicas, donde se atienden consultas, se dan medicamentos y se hacen relevamientos junto a la Universidad Nacional de Lanús, han sido 19. No sólo se abordan enfermedades comunes, por ejemplo, respiratorias en estos tiempos invernales, sino otras que suelen sufrir los más humildes cuando, desheredados de la tierra, tienen que tomar terrenos donde vivir. Por ejemplo, en Barrio 14 de Febrero de Longchamps, municipio de Almirante Brown, atendieron al momento de la instalación a 62 heridos de balas de goma disparados por la maldita “mejor policía del mundo”, Eduardo Duhalde dixit.
El trabajo de estos galenos apunta a los más necesitados de Longchamps, Florencio Varela, Claypole, Guernica, Glew, Alejandro Korn, Esteban Echeverría, Lomas de Zamora, etc.
El suyo es de alcance nacional y latinoamericano, de allí que sus cuatro sedes permanentes sean hoy el Barrio 14 de febrero en Longchamps, Tatú Patagonia en Trelew, Río Negro en Catriel, y Santiago del Estero, a las que deben sumarse otra en Bío Bío (Concepción, Chile) y tres sedes de Guatemala, muy ocupadas en atender a afectados por la crisis ocasionada por el Volcán de Fuego.
Los números de la labor en Buenos Aires son impactantes: atendieron 65 mil pacientes, de los que 50 mil fueron niños, y entregaron gratuitamente más de 62 mil medicamentos.
Su concepto de salud va más allá del medicamento. Por eso cumplen con su colonia de vacaciones para 600 niños y niñas, que brindan en la Universidad Nacional de Lanús, con deportes, juegos, lecturas y escuela de oficios. Se lo pidieron a la rectora citando al Che: “que la universidad se pinte de pobre”.
Atienden sin guardapolvos para no poner barreras, ni siquiera textiles, con los pacientes. Y esta misma gente es la que construye las salitas de salud donde los médicos concurren, todo con materiales e instrumental médico donados.
Cuando vecinos de otros barrios arrojan la basura adentro de su predio, la municipalidad no les retira la basura. Entonces vecinos y médicos la vuelven a poner afuera, para que los camiones de recolección tengan que sacarla. Arreglaron para que una persona con un carro y un caballo saque la basura propia y con eso dicen que bajaron 72 por ciento las enfermedades respiratorias de los niños.
No es cuestión de decir en un discurso presidencial “un médico ahí, a la izquierda”. Los de Tatú son unos cuantos médicos, con el corazón a la izquierda, que atienden esforzada, gratuita y solidariamente a los pobres, por más que Clarín y Todo Negativo los ignoren.