Protesta que define su demanda de cambios

Señor Director:
No es fácil tomar conocimiento de sucesos como el Encuentro Nacional de Mujeres, realizado en el pasado fin de semana en Rosario, con la concurrencia de delegaciones solidarias de Chile, Uruguay, Bolivia y Paraguay.
Hay que buscar la información prescindiendo de la casi totalidad de los medios de alcance y difusión nacional, porque ahora lo que difunden no está condicionado al principio democrático (el pueblo debe saber de qué se trata, qué se aplaude, qué se reprueba, qué se discute). Lo condicionante de esta selección de lo noticiable se configura, en consecuencia, como una suerte de antipolítica. Lo digo así porque entiendo que la política existe para gestionar el conflicto y el prerrequisito para cumplir este papel consiste en disponer de información de todo el acontecer en todo momento. La prensa nació para satisfacer esta necesidad y cuando deja de hacerlo o lo hace subordinándose a otros intereses, compromete su responsabilidad como instrumento de la democracia. De hecho, da espaldas a la ciudadanía y propicia una despolitización, procurando que disminuya el interés por la cosa pública, o sea de todo lo relacionado con la administración y gestión del conflicto, siendo que éste existe siempre y debe ser tenido en cuenta porque forma parte de la responsabilidad de todo ciudadano.
Lo que se sabe de este nuevo Encuentro Nacional de Mujeres es que congregó multitudes. Este año, además de los temas de género, reclamó la libertad de Milagro Sala. Esta mujer está encarcelada desde principios de año en Jujuy y si bien se han estado presentando cargos contra ella, el caso es que está presa al mismo tiempo que, en los juicios normales, el acusado goza de libertad en tanto se complete el proceso judicial, incluso hasta que la sentencia quede firme. Este solo hecho hace de la prisión de Milagro Sala una anomalía que si bien tiene precedentes en el país y en el mundo siempre da cuenta de una desmesura en el ejercicio del poder público.
La asamblea de mujeres realizada este año en la ciudad de Rosario pudo conocer una carta de Milagro Sala que si bien se refiere a su situación, da cuenta de un problema de género, aparte de constituir una inquietante señal acerca del ejercicio del poder público en Jujuy y una no menor preocupación por la falta de apropiadas reacciones desde el poder nacional.
“Jujuy siempre fue una provincia machista”, dice Milagro. “No me perdonan que las mujeres nos hayamos empoderado, que hayamos estado de igual a igual con las obras, que nos hayamos convertido en dirigentes. No nos perdonan que hayamos concientizado a cientos y cientos de mujeres que no hay ninguna razón para que el compañero nos levante la mano”. Culpa al gobierno jujeño porque “no soportaron que una mujer, que además es negra y también india, haya logrado construir miles de hogares, que no fueron casas vacías sino viviendas como las que soñaba Evita, con la escuela, el centro de salud, con la fábrica, con la pileta”. En lo referente a viviendas, Milagro hace referencia a las que su organización construyó mediante una gestión cooperativa y con no pocas mujeres como obreras de la construcción.
El Encuentro hizo suyo el reclamo de libertad para Milagro. Pide que se cumpla con el procedimiento judicial para valorar los cargos sin omitir el ejercicio de la defensa. Paralelamente debería desarrollarse una causa para definir responsabilidades por la prisión de esta mujer.
El Tercer Encuentro aglutinó a multitudes y tuvo lugares y momentos para tratar problemas de género. En la última jornada un grupo se dirigió hacia la iglesia catedral con ánimo de exponer agravios y fue reprimido por la policía con balas de goma. En dicha ocasión también tres periodistas que estaban allí en su tarea, resultaron heridos.
La causa de género está bien definida. Es una protesta universal que aquí ha optado por seguir el camino democrático.
Atentamente:
Jotavé

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