Protocolo que no madura da la idea de lo que falta

Señor Director:
Al leer quejas sobre la oscura suerte que corren muchas denuncias de violencia de género y femicidios tal hecho es la prueba irrefutable de que estamos ante un fenómeno cultural.
Lo cultural se desarrolla a partir de lo natural, de modo que la actitud de quienes son exponentes de la cultura machista dan cuenta de algo que nuestra especie adquirió en el curso de su instalación en el planeta, quizás porque se dieron circunstancias de hecho que hicieron conveniente que el macho constituyera la vanguardia (de la larga marcha) y la mujer la retaguardia. También el adentro femenino y el afuera masculino.
Las estructuras sociales se están modificando con mayor velocidad cada vez, según mi apreciación, y puede ser ésta la causa de un atraso en el proceso de adaptación. Hablo de un fenómeno de cambio en las costumbres y las relaciones de la pareja humana, pues el hecho cultural no se da solamente en el macho sino también en la hembra. Uno de los especialistas del tema acaba de decir en una conferencia que todavía la mujer dice de su pareja “me pega lo normal”, es decir que culturalmente admitía que el macho usase la fuerza contra ella. Esto explica que si bien cada vez hay más mujeres en las manifestaciones y el rechazo de la cultura patriarcal, no se sabe cuál es su proporción con respecto a las que juzgan “normal” cierta dosis de violencia. Las que se manifiestan han procesado o están avanzando más rápido en el procesamiento del cambio cultural.
Las expresiones citadas se escucharon en una conferencia convocada en la metrópoli para dar cuenta del estado de preparación de los protocolos para la definir la conducta que deben seguir policías y fiscales ante los casos extremos a fin de determinar rápidamente si se está ante un asesinato por cuestiones de género (femicidio o feminicidio, pues no hay una denominación compartida). Lo que sucede es que las denuncias por violencia de género son formuladas por mujeres en un tercio de los casos (en otros denuncian vecinos, familiares y testigos). Esto originó la demanda de un protocolo claro para reconocer que se está ante un caso de violencia de género o ante el extremo de un femicidio. Se quiere evitar actitudes que desalientan a muchas de las denunciantes ante la recepción fría y hasta prejuiciosa de fiscales o policías.
Por lo escuchado en la conferencia mencionada se ha tomado como base un protocolo elaborado en las Naciones Unidas para América latina. Uno de los expertos presentes, Miguel Llorente Acosta, de la universidad de Granada, opinó que lo básico es remover la cultura machista, pues “solo se ve lo que se mira y se mira lo que se tiene en mente”. Las conductas femicidas no son individuales: están basadas en la identidad masculina en nuestra cultura. Hasta el 75 por ciento de las mujeres, en España, lo asume y reivindica. Las razones de esta cultura no son individuales sino de género. Estas ideas (“me pega lo normal”) que todavía están presentes deifican al agresor y envilecen a la víctima.
Dijo, asimismo, que el femicidio es un crimen moral: se hace para definir valores, ideas, conceptos, se quiere refirmar una imagen del varón. “La sociedad y la cultura justifican la violencia”. Al mencionar que hay varones que proponen cambios en la actitud tradicional, Llorente Acosta advirtió que con frecuencia se aceptan algunos cambios “para que nada cambie”. También habló de una transformación “asimétrica” de esa cultura, ya que son las mujeres las que más avanzan.
También en la semana que pasó la central sindical CTA creó un “compromiso gremial para tratar de erradicar la violencia de género en el ámbito laboral”. El objetivo es que en los lugares de trabajo el varón asuma que debe existir igualdad en pautas para ingreso, horarios y salarios. O sea; que no pase como al final de ciertas comidas entre familias amigas, cuando sólo se levantan las damas para atender trabajos.
Atentamente:
Jotavé