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«Qué», «cómo», «para quién»

PREGUNTAS PARA ENTENDER LO QUE SUCEDE

En Argentina y todo el continente está en juego en el centro de la disputa política la apropiación de la riqueza que genera el conjunto de la sociedad.
CARLOS HELLER
Tratando de desenmascarar la estrategia de promesas y posverdades del gobierno de Cambiemos, mencioné en varias oportunidades que no sólo hay que ver los «qué», sino fundamentalmente los «cómo». Estos últimos son los que terminan por definir el «para quién», es decir, los destinatarios de las decisiones de política, entre ellas las económicas. En este punto sobresale una constante: el gobierno termina su mandato siendo coherente y exitoso en cuanto a promover una redistribución regresiva del ingreso en Argentina.

Los que pierden.
Los «para quién» muestran que entre los principales perjudicados han estado los trabajadores. Los salarios reales del sector privado registrado cayeron un 19,3% entre septiembre de 2015 y de 2019. En dólares la cuenta es aun peor: se llega al 50% de caída. Ni la más dura reforma laboral podría haber conseguido algo semejante. Quedan fuera de estos números los trabajadores públicos, los no registrados y otros sectores como el de los jubilados.
Las últimas mediciones del IPC de octubre van en línea con el deterioro descrito. En lo puntual, en octubre el IPC registró un aumento del 3,3%, por debajo de lo que esperaban los analistas (un 4,2%, según el REM) y de lo ocurrido en el mes previo (5,9%).
En algunos medios se valora que la inflación de Alimentos y Bebidas (2,45%) fue menor al promedio del mes, aunque la trayectoria de fondo y las causas que la motorizan no muestran cambios. De hecho, la variación interanual de la inflación general ya llega al 50,5%, mientras que la de alimentos al 51,8%. En el caso de la salud los aumentos llegan al 70,5%. Semejantes aumentos indican que cada vez más familias no pueden cubrir sus necesidades básicas. La emergencia que deja este gobierno no sólo es alimentaria.

Ningún alivio.
Es cierto que hubo una ligera desaceleración, pero es imputable, en gran parte, a los efectos del plan alivio que implementó el gobierno tras las PASO. Se observa por caso en la evolución de los precios regulados, que subieron en octubre un 2%, también por debajo del promedio. La mala noticia es que todo el paquete de alivio trae fecha de caducidad, tal como acaba de verse con la liberación del precio de los combustibles, que comenzaron a mostrar aumentos de alrededor de un 5%, como anticipo de otras tandas que podrían sumar el 15% antes de fin de año. Es lo que faltaría para alcanzar la «paridad de exportación», todo un despropósito para un país con producción propia de petróleo crudo. Como siempre, en el fondo están las ganancias, en particular de las empresas energéticas.
Por eso el gobierno saliente toma la decisión de compensar con 24.500 millones de pesos a las productoras de gas, como consecuencia de las «variaciones del tipo de cambio». A futuro es absolutamente necesario avanzar con la desdolarización de los precios y los márgenes de ganancia de ciertos sectores de la economía, porque producen un perjuicio concreto en la población. Es lo que ocurre también con alimentos que forman parte de la canasta básica alimentaria, como el pan, que tienden a ajustarse en función de la desvalorización del peso.
Desde diversas consultoras ya estiman que la inflación de noviembre y diciembre tendría un piso de 4%. Al aumento de los combustibles hay que agregarle el de prepagas, telefonía celular y colegios privados. Con esto la inflación terminaría diciembre cerca del 55 por ciento.
Quedan en evidencia el país que dejan y la titánica tarea que habrá que llevar a cabo. Ante ello, es esencial la implementación de políticas vinculadas a la discusión del «para quién». No hay modelo de sociedad que resista con semejante caída del poder adquisitivo y aumento de la pobreza. No hay industria que resista si no tiene a quién venderle sus productos, en un mundo cada vez más proteccionista y de exiguo crecimiento. En otras palabras: la propuesta de crecimiento con inclusión es la única opción sostenible en el tiempo.

En Bolivia.
Los sucesos de Chile y Bolivia son dos ejemplos más de la disputa de los «para quién», que también se viene dando en el plano regional. No hay que perderlo de vista: el golpe de Estado en el país del altiplano es una consecuencia de que el «para quién» de esos gobiernos estuvo anclado en los sectores históricamente marginados. En Bolivia ello se operó por la vía de la nacionalización de los hidrocarburos, que permitió avanzar con toda una serie de políticas de inclusión, mientras se apuntaló fuertemente el crecimiento. No por nada el ministro de Economía del autoproclamado gobierno, José Luis Parada, había dicho en 2012 que «era pésima la administración de recursos» del gobierno de Evo Morales. Consistente con su historial, apenas asumido dijo: «En 14 años hemos tenido trabas a la inversión privada. Vamos a sentar las bases para una apertura de la economía nacional para atraer inversiones y que el próximo gobierno continúe con esto». Neoliberalismo de manual, apuntalado por un golpe de Estado.

En Chile.
Las protestas en Chile son un reflejo de los intentos de las mayorías por modificar un esquema en el cual las dificultades para acceder a la salud, a la educación y a pensiones dignas son la contracara lógica de la desigual distribución del ingreso y la riqueza. En línea con ello, Marco Enríquez-Ominami, integrante del Grupo de Puebla, sostiene que más allá de la baja deuda pública (40% del PBI), «no es verdad que Chile no esté endeudado. Lo que pasa es que el modelo neoliberal chileno consistió en quitar sus deberes al Estado (salud, educación, pensiones, fiscalización de derechos, etc.), y trasladar esos deberes privadamente a las personas, quienes, para cumplirlos, han debido endeudarse hasta más arriba de la coronilla, y pagar de su bolsillo -y no a través de sus impuestos- por esos derechos que el Estado tiene el deber de administrar y solventar. Las élites achicaron el Estado e hicieron crecer la economía con las tarjetas de crédito de los chilenos y chilenas».
En Bolivia las clases dominantes, con el apoyo de EEUU y la OEA, están en una feroz avanzada para recuperar sus privilegios. En el caso de Chile, se está comenzando a evidenciar cómo el neoliberalismo funciona hasta que los ajustados dicen basta. (Extractado de Tiempo Argentino).