Que el mundo llore a todas las víctimas, no a unas sí y a otras no

Hubo atentados terroristas del ISIS en Barcelona y Cambrils, España, y en Finlandia. Hubo muertos y heridos, sobre todo en España. Y actos de homenaje con gobernantes y rey de doble moral, que lloran unos muertos y celebran otros.

Como los luctuosos sucesos de España tuvieron una vasta cobertura internacional (vasta no significa correcta), el cronista ahorrará caracteres.
El atentado terrorista cometido en Europa por células no tan dormidas del Estado Islámico, ISIS o Daesh tuvo lugar esta vez en Cataluña, con centro en Barcelona y en Cambrils, a 120 kilómetros de allí. Ambas son zonas turísticas, como si un objetivo secundario de esas acciones hubiera sido arruinar esa actividad que engrosa las arcas españolas en tiempos veraniegos con un turismo esquivo a Francia, Reino Unido y Alemania por los atentados cometidos allí.
En la rambla de Barcelona una furgoneta atropelló a personas, dejando 13 muertos y más de 80 heridos, 15 de gravedad, por lo que la lista de muertos va a aumentar. Corroborando lo de zona turística, había 34 nacionalidades de las víctimas, entre ellos un niño de corta edad, lo que hiere aún más profundamente las sensibilidades. ¿Qué culpa podía tener un niño de lo que hagan las autoridades y clases dominantes de España?
El autor del atentado logró huir en la furgoneta y luego corriendo a pie hasta perderse de vista. Es buscado intensamente y posiblemente cuando lo encuentren será abatido, porque esta es una historia que se repite: el terrorista es muerto, con lo que salen ganando varias partes. Uno que queda como mártir, los policías aparecen como vengadores de las muertes anteriores. Y así se pierden los elementos para una investigación profunda que pudiera develar entretelones y prevenir otros atentados que seguirán pergeñándose en las sombras.
En Cambrils, unas horas después, un Audi, atropelló también a muchas personas, por lo que una mujer que quedó mal herida al final murió. De allí la cifra de 14 fallecidos en los dos hechos de Cataluña, cantidad que puede incrementarse.
A esa estadística hay que agregar los cinco terroristas abatidos por la policía catalana en Cambrils, que no se cuentan como saldo de la operación. Otra discutible metodología, esa de no contar los muertos del otro lado. Por despreciable que sea la organización yihadista que los convirtió en asesinos, habría que contarlos, no por humanismo pueril sino porque entre otras cosas la tragedia tendrá una suma final con más aproximación a la verdad.
Como si hubiera un efecto contagio, también en la ciudad de Turku, en Finlandia, hubo atentados menores del mismo signo de quienes no son Estado ni son Islámicos.

También en Yanquilandia.

Está de moda Europa para la comisión de atentados del ISIS. Como esa bola de nieve tiene envergadura internacional, se suele agrupar a todos los cometidos en suelo europeo como si su única matriz fuera el grupo islamista del califa Abu Bakr al-Baghdadi.
De allí que la crónica hablaba de ocho atentados hasta ahora, que con los de España serían ya nueve o diez, pero este cronista mantiene la cifra de ocho. Es que en el inventario de acciones cometidas en Niza (Francia), Berlín, Londres en varias oportunidades y ahora España por dos veces, se mezcla el atentado del 19 de junio pasado en la capital británica, cuando Darren Osorne embistió con su coche a musulmanes que regresaban del rezo de medianoche del Ramadán cerca de la mezquita de Finsbury Park, en el norte de Londres. Hubo un muerto y nueve heridos, pero no por un atentado islamista sino por un fanático enemigo de los musulmanes.
Conviene desagregar de qué se trata en cada atentado, para no agrupar arbitrariamente a todos y dejar un resultado abrumadoramente anti musulmán en la mente de muchas personas para las que, de noche, “todos los gatos son pardos”. Ya demasiado tienen que sufrir los musulmanes ante la sospecha de que todos son terroristas, en la propaganda “occidental y cristiana”, para que además se cuenten los atentados que se realizan en su contra como cometidos por gente que invoca el Islam aunque no tengan nada que ver con su filosofía caritativa y pacífica de esa religión.
Los atentados terroristas también se cometen en Estados Unidos, en el último tiempo por grupos de supremacistas blancos que tampoco nada tienen que ver con la religión musulmana. Fue el caso de Charlottesville, estado de Virginia, donde un joven neonazi asesinó a la manifestante antifascista Heather Heyer cuando ella protestaba por la marcha racista organizada por los supremacistas blancos, neonazis y miembros del tristemente célebre Ku Klux Klan, esos que quemaban y ahorcaban negros, todos ellos defensores del estado confederado que es una forma elegante de reivindicar el sistema de la esclavitud.
El neonazi atropelló con su auto y mató a Heyer, algo que no mereció un repudio explícito del presidente norteamericano, quien por dos veces en declaraciones de días distintos adoptó la teoría de “los dos demonios” para decir que tan malos eran la “izquierda alternativa” como la “derecha alternativa”, una manera de salvar al fascismo y el KKK, cuyos dirigentes por supuesto celebraron los dichos del magnate.
En cambio sindicatos y hasta empresas de renombre abandonaron un comité que se había formado con la administración Trump para analizar cuestiones económicas.
La muerte de esa mujer antifascista, Heather Heyer, no dio lugar a que la Casa Blanca pidiera un minuto de silencio a una multitud doliente en esa ciudad ni en el Central Park ni frente a un monumento al líder negro asesinado Martin Luther King. En junio de 2015 no gobernaba Trump, pero es dudoso que hubiera encabezado actos de homenaje a las 9 víctimas negras de un ataque racista contra una iglesia en Carolina del Sur.
Queda claro que hay atentados islamistas en Europa pero también los hay de origen neofascista en Estados Unidos, cometidos por sus propios nacionales. Eso no se cura impidiendo el ingreso por 90 o 120 días a ciudadanos de seis países de mayoría musulmana; la violencia, la intolerancia y la extrema derecha son norteamericanas de pura cepa, como el dólar, McDonald’s y Hollywood.

Doble moral.

Ayer el rey Felipe VI, el presidente del gobierno español Mariano Rajoy; el de la Generalitat, Carles Puigdemont, y la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, encabezaron un acto de varias miles de personas en la plaza Cataluña de Barcelona, para rendir homenaje a las víctimas. Hubo un minuto de silencio y luego gritos de “No tenemos miedo” en catalán (no se sabe en qué idioma lo dijeron el borbón y el cuestionado jefe del Partido Popular).
En España, Argentina y en el resto del mundo hay un sentimiento de fuerte solidaridad con las víctimas de los atentados en Barcelona y Cambrils. Sus vidas terminaron por decisión criminal de una organización terrorista como el ISIS, que reivindicó esa acción en su agencia de prensa Amaq, como es de estilo.
Dicho sea de paso, tantos crímenes sin sentido, matando indiscriminadamente a personas en diversas ciudades del mundo, viene certificando el ocaso definitivo de ISIS como una alternativa atractiva para un sector musulmán resentido con la acción depredadora de las potencias colonialistas en Medio Oriente, África y Asia. El grupo se ha revelado como lo que es, terrorismo puro, criminalidad al cien por ciento, y eso no puede reclutar a masas aunque sí a grupos fanatizados como los que actuaron en esta serie de atentados en Europa el año pasado y el actual.
La criminalidad del ISIS está a la vista, pero también la doble moral de las autoridades españolas y de otros países europeos que se visten de luto para ocasiones como éstas. En cambio, son corresponsables de las muertes de 1.5 millón de iraquíes tras la invasión de 2003 por parte de George Bush, decidida en complicidad con el británico Tony Blair y el español José María Aznar, el “triángulo de las Azores”. Rajoy es el continuador directo de Aznar en el PP y el gobierno español de derecha.
Las tropas españolas participaron de la invasión en Irak en la fuerza multinacional mandada por generales norteamericanos e hicieron otro tanto en Afganistán; hoy son parte de la alianza que desde 2011 promovió la guerra contra el gobierno de Siria y participan de los bombardeos contra ese país, donde hubo casi 400.000 muertos. Sus bases aéreas y puertos al servicio de la OTAN trabajan a full.
¿Cómo pueden el rey de España y su jefe de gobierno poner cara de compungidos por la violencia terrorista si son partícipes de acciones terroristas a escala mayor, no de “lobos solitarios” sino de la OTAN?
En esa sintonía de cinismo, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, declaró ayer “estamos unidos en la lucha contra el terrorismo”. Su entidad, fundada en 1949, es la máxima expresión de violencia criminal y terrorismo contra la soberanía de los países. No puede simular condolencias por Barcelona.
Otro tanto con el presidente Mauricio Macri, quien manifestó estar consternado por la tragedia en Cataluña. Lo hizo al día siguiente de los atentados. En cambio, a 17 días de la desaparición forzada de Santiago Maldonado, no hizo una sola declaración reclamando por la vida de ese joven.
Son dobles raseros que no se deben permitir. Que nos duelan todas las muertes producidas por el terrorismo, no sólo las atropelladas por el ISIS.

Por EMILIO MARÍN