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Qué lugar ocupan las mujeres en la agenda de los candidatos

ELECCIONES 2019

A días de las PASO y a dos meses de la elección que definirá el presidente las reivindicaciones del movimiento de mujeres tienen poca presencia en los discursos de campaña.
IRINA SANTESTEBAN
Un rasgo de esta campaña electoral, en la previa a las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), es que hubo mucha artillería y pocas ideas, en un contexto social y económico de profunda crisis. Las propuestas han girado en torno al endeudamiento, la creación de empleo, el crecimiento de la economía, el fomento a las pequeñas y medianas empresas; pero no ha habido difusión de una agenda «con perspectiva de género», que aborde los principales problemas de las mujeres.

Desigualdad laboral y salarial.
La realidad de Argentina 2019 nos muestra, entre otros muchos problemas, un crecimiento de la pobreza y el desempleo, así como una pérdida notable del poder adquisitivo de los salarios, al ritmo de una inflación que no tiene freno. En el caso de las mujeres, la situación es más grave pues la brecha salarial sigue siendo de un 26% en el sector formal y de hasta un 30% en la informalidad. Esto viola el principio constitucional de «igual remuneración por igual tarea», pues significa que en igualdad de condiciones las mujeres ganan menos que sus pares varones.
La mayoría de los empleos no registrados son ocupados por mujeres, duplicando la desigualdad en el terreno laboral: menores salarios y trabajos más precarios.
Para la fórmula de Juntos por el Cambio, Macri-Pichetto, la solución es la «reducción del costo laboral» a través de una reforma que implica recortar lo que consideran «excesivos derechos» de los trabajadores. Sin embargo, en nuestro país ya se intentó este camino en los años ’90, cuando el menemismo impulsó reformas de los convenios laborales con regulaciones «flexibles». El resultado es conocido, se redujeron beneficios y el desempleo creció de manera exponencial.

Doble y triple jornada.
Como resabio de estereotipos sociales que indican que la mujer sigue siendo la que asume el trabajo doméstico no remunerado y las tareas de cuidado, las trabajadoras soportan una doble y triple jornada, que no se ha reducido a pesar de los cambios en las relaciones familiares, donde los varones, lentamente, van adoptando un rol más activo en estas tareas.
El Centro de Economía Política Argentina (CEPA) en marzo de este año, en ocasión del Paro de Mujeres del 8 de Marzo, indicó que para las trabajadoras, las tareas domésticas y de cuidado ocupan un 34 por ciento de su tiempo, mientras que los trabajadores varones dedican sólo un 5 por ciento de su jornada a esas tareas.
Estos patrones socioculturales, que todavía predominan en nuestra sociedad patriarcal, no han merecido mayor espacio en las propuestas de campaña.
Una buena noticia es la candidatura a senadora de la socióloga e historiadora pampeana Dora Barrancos, por el Frente de Todos en la ciudad autónoma de Buenos Aires: es una referente del feminismo, exintegrante del Conicet en el área de Ciencias Sociales y Humanidades.

Aborto legal.
A pesar que el reclamo para una ley de despenalización de la interrupción del embarazo ocupó gran parte de la agenda política de 2018, con impresionantes movilizaciones frente al Congreso y en todo el país, este año el Aborto Legal no ocupa un lugar importante en la campaña. Sí hubo impugnaciones por las boletas, en el caso del MAS, que lleva a Manuela Castañeira como candidata a presidenta, se le prohibió usar el pañuelo verde, símbolo de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Fue una resolución de la jueza electoral María Servini de Cubría que prohibió que se utilice «cualquier simbología» en relación a las posiciones antagónicas por la despenalización del aborto, como la del partido Demócrata Cristiano que había puesto la figura de un feto, utilizado como estandarte por los «pañuelos celestes» que dicen defender «las dos vidas».
Quien sí hace campaña en contra del derecho al Aborto Legal es la coalición NOS, que lleva al ex militar carapintada Juan José Gómez Centurión como candidato a presidente, acompañado por la ex diputada Cinthia Hotton.

La pobreza tiene cara de mujer.
Si bien el incremento de la pobreza está presente en la campaña de algunos candidatos opositores, poca referencia se hace a que, en esos índices, quienes ocupan los primeros planos son las mujeres.
Los datos del Indec (Encuesta Permanente de Hogares) no revelan grandes diferencias entre el porcentaje de mujeres pobres y varones pobres (32% mujeres y 30% hombres), pero esta conclusión surge cuando se considera a los hogares donde al frente se encuentra una mujer como único sostén.
Según el CEPA, el 27% de los hogares argentinos con menores son monoparentales (cuando hace seis años eran un 24%). De éstos, el 84% tiene jefatura femenina, un total de casi 900 mil hogares. Otro dato que sostiene la definición de la «feminización de la pobreza» es que el mayor porcentaje de hogares monoparentales se da entre los deciles de menores ingresos: el 66 por ciento de las familias pobres tienen como cabeza a una mujer.
Para Martín González-Rozada, profesor del Departamento de Economía de la Universidad Torcuato di Tella, entre los 20 y los 45 años, la edad más productiva de las personas, la incidencia de la pobreza es más alta en las mujeres que en los varones, en particular entre los 25 a 39 años, cuando las mujeres alcanzan el pico de fecundidad. En esa franja etárea, la incidencia es siete puntos mayor de mujeres viviendo en hogares pobres, que la de varones.
Pobreza, desempleo, carestía de la vida, desigualdad laboral y trabajo precario, legalización del aborto, violencia de género y femicidios, son las principales preocupaciones de las mujeres, que deberían ocupar un lugar importante en la agenda de candidatos y candidatas. No ocurre así, con contadas excepciones, y por ello el movimiento de mujeres, que se encamina al 34 Encuentro Nacional de Mujeres en La Plata, en octubre próximo, tendrá mucho que decir.