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Qué margen de maniobra tendrá el nuevo gobierno

EL DESPUES ELECTORAL. POSMACRISMO O FUTURO IMPERFECTO

Fernández ganó pero Macri logró consolidar un voto significativo. Queda claro que lo que deja el gobierno saliente no es apenas una herencia sino una hipoteca.
EDUARDO LUCITA*
La incertidumbre política ya había sido despejada en las PASO del 11 de agosto, estas elecciones solo lo confirmaron. Lo que domina la coyuntura es la incertidumbre económica. ¿Con qué margen de maniobra contará el próximo gobierno cuando prácticamente no tenemos moneda, estamos al borde de una hiperinflación y el nivel del riesgo país indica que es tiempo de default?

Datos electorales.
Según los datos provisorios las urnas arrojaron datos tan esperados como inesperados. Como era previsible el Frente de Todos ganó, obtuvo el 48,11 por ciento de los votos, pero la diferencia a favor fue menor que en las PASO. Por el contrario Juntos por el Cambio perdió con el 40,35 por ciento de los votos pero achicó la diferencia a la mitad. En números concretos: el macrismo recuperó 2.300.000 votos, mientras que el peronismo solo obtuvo unos 270.000 votos más.
Si la fórmula Fernández-Fernández aseguró su esperado triunfo en la estratégica provincia de Buenos Aires, Macri-Pichetto mostraron una inesperada recuperación en Santa Fe, Mendoza, Entre Ríos y San Luis -donde revirtieron los resultados- y agrandaron sus amplias ventajas en Córdoba y CABA.
El próximo gobierno será un gobierno partido. Será titular del Poder Ejecutivo pero no del Legislativo y tendrá que negociar en forma permanente, especialmente en Diputados donde Juntos por el Cambio tendrá una bancada numerosa.
En este contexto de polarización no es sorpresa que la izquierda anticapitalista, el FIT-U, haya perdido votos a manos de la alianza triunfadora y retrocediera varios casilleros, 2,16 por ciento a presidente aunque sosteniendo los votos a diputados. Es la peor elección desde el 2011, pero mantiene presencia política. Miryam Bregman, la candidata a diputada por CABA, obtuvo un 6 por ciento, le faltaron solo 8.000 votos, ratificando que es la figura más destacada de la izquierda y su presencia supera ampliamente a su partido y al propio FIT-U. Por debajo de esta realidad electoral, subyace la evidencia de la enorme dificultad para construir una fuerza política asentada en los trabajadores y sectores populares que cuestione el orden capitalista existente.

Pensar los resultados.
El Frente de Todos resultó triunfador y despertó la alegría popular, pero no fue la oleada que se esperaba. Al presentarse como la única herramienta real para derrotar al macrismo absorbió buena parte del voto anticapitalista. Juntos por el Cambio perdió pero mantiene peso político y presencia institucional y evita por ahora todo intento de disgregación de la coalición electoral. Así la derecha pro mercado y conservadora consolidó su voto, cuyo alcance es más amplio si se adicionan unos 4 puntos obtenidos por pequeños partidos a la derecha del macrismo.
¿Qué influyó más? ¿El voto bronca con el cual parte de la ciudadanía castigó el mal gobierno encabezado por Mauricio Macri o un voto esperanzador de las grandes mayorías que depositaron sus expectativas en Alberto Fernández? Los resultados pueden verse solo como una derrota del macrismo propinada por el peronismo, o como un triunfo popular que se canalizó en las urnas a través del peronismo reunificado. Una segunda lectura permitiría verlos como la culminación de los múltiples paros, movilizaciones y actos de resistencia que se fueron consumando a fuego lento frente a los ataques del capital durante los últimos cuatro años. Mirados desde las clases y sus fracciones, expresarían un intento embrionario de reorganización de la alianza social histórica, y necesaria, entre trabajadores ocupados y desocupados, las clases medias medias y pobres del campo y la ciudad y otros sectores atravesados por la crisis. ¿Será una alianza transitoria solo para conseguir mayorías electorales, con lo que tendría un sesgo inmovilizador ya experimentado en estos días, o tendrá permanencia y llegado el caso hará valer su capacidad movilizadora?
No es menor dilucidar esta incógnita cuando desde sectores centroizquierdistas sumados a la alianza triunfante se interpreta -apoyados en la fragilidad de la situación económica- que en esta coyuntura lo «defensivo es más movilizador que la conquista de nuevos derechos».

Horizonte de crisis.
Una nueva crisis está en el aire. Lo que sucedió desde las PASO: estampida del tipo de cambio, de 45 a 65 pesos por dólar; pérdida de reservas, unos 22.000 millones de dólares; rebrote inflacionario con remarcaciones casi a diario, puede ser solo un anticipo. El control de cambios estricto puede aplacar la corrida al dólar, la caída de reservas y amortiguar la espiral de precios, pero no resuelve el problema central que es la insustentabilidad de la deuda, que está en el centro de la crisis. Modelos de renegociación a la portuguesa, a la uruguaya, a la ucraniana, todos incluyeron un fuerte ajuste.
Con independencia de lo electoral la economía real sigue en caída libre y la recesión se profundiza. El PBI caerá 3 por ciento este año y la inflación tendrá un piso del 55-58 por ciento, con mayor deterioro de los salarios, de los ingresos populares y el empleo, y la pobreza se expandirá más aún, 37-40 por ciento. El único dato macro positivo proviene del comercio exterior que puede llegar a un superávit de unos 12.000 millones de dólares a diciembre, resultado de una espectacular caída de las importaciones y un leve repunte en las exportaciones.

El movimiento obrero.
Los desafíos para el movimiento obrero y popular son muy grandes, en un contexto de relación de fuerzas desfavorable. No es solo resistir el ajuste y defender el empleo, los salarios, las condiciones de trabajo, sino también abrir un nuevo rumbo para el país. La necesidad de intervenir en la crisis con sus propias propuestas está latente, pero también es cierto que está tironeado por una dirección que defiende la institucionalidad, que propone dar un tiempo al próximo gobierno y no crear desestabilización en la transición.
La extensión y profundidad de la crisis lo ha puesto en una encerrona: optar entre no irritar a los mercados y sostener la institucionalización o defender sus intereses inmediatos frente a los ataques del capital.

*Integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda).