¿Quién puede dormir tranquilo?

¿Con qué propósito el ministro Nicolás Dujovne dijo que “mucha gente” le pide “dar de baja” las jubilaciones que otorgó el gobierno anterior mediante el sistema de moratoria? Lo hizo en televisión, en horario central y ante un periodista muy amigable que le aseguró una entrevista tranquila y sin preguntas incómodas. Es cierto que reconoció que semejante medida provocaría “un descalabro social” pero no se privó de criticar el aumento de la cantidad personas que accedieron a ese beneficio aunque omitiendo que, con el pago del haber, se le descuenta el aporte correspondiente.
Tampoco dijo nada de un hecho evidente: la mayoría de esos ciudadanos argentinos fueron trabajadores estafados porque no les realizaron los aportes jubilatorios aunque les practicaran los descuentos respectivos. Es decir fueron víctimas -y no aprovechadores- de una ilegalidad que el Estado no controló.
Considerar un derecho como un gasto forma parte de la ideología neoliberal que tan bien representa el macrismo. Como también subordinar la justicia a un criterio mercantil de eficiencia.
El gobierno nacional viene de recortar las asignaciones familiares en una vasta región del país (aunque debió retroceder temporalmente por la ola de protestas que generó, incluso en sus propios aliados políticos). Ahora aplicó la segadora al Fondo Sojero a pesar de perjudicar fuertemente las economías provinciales y municipales. Meses atrás había modificado el sistema de actualización de las jubilaciones con gran perjuicio para los que viven de ellas. Todos los cálculos estiman que, aún con la actualización de septiembre, la pérdida promedio para los pasivos será del orden del 10 por ciento. Y en menos de un año.
La ministra de Desarrollo Social pampeana expresó su alarma por los profundos recortes que el gobierno nacional está aplicando a programas sociales destinados a atender las necesidades de los sectores más desprotegidos. Ni siquiera esa inversión del Estado, imprescindible para que no caigan en la desesperación los que están en el punto más bajo de la escala social, se salva de la tijera fondomonetarista.
El gobierno nacional ya no habla -no puede hablar- de lluvia de inversiones ni de brotes verdes. Su gran preocupación es, como lo admitieron el jefe de Gabinete y el titular de la cartera económica “evitar una crisis”. Ambos le dan la razón a nuestro columnista de los viernes (ver aparte en esta misma página) cuando afirma que “todo gira en torno al ajuste, que cada vez es más la razón de ser del gobierno”.
Es en este escenario tan agobiante que hay que analizar aquella expresión del ministro de Hacienda en la televisión. Porque el macrismo ya demostró sobradamente que recorta siempre para el mismo lado y sin reparar en las consecuencias. ¿Hay en el gobierno quienes piensan que es posible cometer semejante atropello contra millones de personas? ¿O es un globo de ensayo para sondear las respuestas de la sociedad? Lo que sí es seguro es que ninguno de los que lograron su derecho a una jubilación durante el gobierno anterior hoy puede dormir tranquilo.